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Varias familias de Erain-Eskibel asistieron a la beatificación de D. Álvaro del Portillo en Valdebebas.

El viernes salían de San Sebastián cuatro autobuses con destino a Madrid con familias de los colegios y la Escuela de Ingenieros; el quinto saldría el sábado de madrugada. Algunas familias optaron por viajar en coche, pero casi todos nos dimos cita en el sector D1 de Valdebebas. El ambiente fue formidable tanto durante el viaje – amenizado por películas infantiles que engancharon a casi todos y hasta nos hicieron aplaudir al final-, como en el alojamiento – muy originales los chalets de Alcalá de Henares- y, sobre todo, en la ceremonia de beatificación.

Durante la homilía, el prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, el cardenal Ángelo Amato, presentó a don Álvaro» como una «figura de gran humanidad», que «huía de todo personalismo» y cuya formación como ingeniero «le hacía ir al núcleo de los problemas y resolverlos».

Pero su mayor virtud fue sin duda la humildad. El cardenal tomó prestadas las palabras del propio Álvaro del Portillo y recordó ante las 200.000 personas que estaban presentes en la Eucaristía que es «necesario luchar toda la vida para llegar a ser humildes», ya que la humildad es «la llave que abre la puerta para entrar en la casa de la santidad».

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