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Comentario de textos 1º Bachillerato |
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Trabajos de Religión para Secundaria Comentarios de Texto aportados por DIEGO QUIÑONES ESTÉVEZ, profesor de Secundaria y Bachillerato de Religión y Moral Católica Estepona - Málaga |
COMENTARIO DE TEXTO |
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Actividades para 1º Bachillerato
Temas a comentar ---- Los atentados contra la vida
TEMA: La no violencia: el Evangelio de la vida.
TEXTO BÍBLICO: Gn 4,1-15. Mt 5, 21-26; y 5, 4348.
Gn 4, 1-15: Caín y Abel. Descendencia de Caín.[4] 1 El hombre conoció a Eva, su mujer, la cual concibió y parió a Caín, y dijo: “He adquirido (qaniti) un varón gracias a Yahveh. 2 Más adelante volvió a parir [pariendo] a su hermano Abel. Fue Abel pastor de ganado menor y Caín cultivador del suelo. 3 Sucedió, pues, al cabo de algún tiempo, que presentó Caín de los frutos del suelo una ofrenda a Yahveh. 4 También, por su parte Abel ofrendó de los primogénitos de su rebaño y de la grasa de ellos. Ahora bien, Yahveh prestó atención a Abel y su ofrenda; 5 pero a Caín y su ofrenda no hizo caso. Caín irritóse por ello sobremanera y decayó su semblante. 6 Dijo entonces Yahveh a Caín: << ¿Por qué te has irritado y por qué ha decaído tu semblante? 7 ¿no lo erguirías acaso, si obraras bien?; pero si bien no obras, el pecado acechará a la puerta, y tenderá hacia ti, aunque podrás dominarlo>> 8 Caín dijo a Abel, su hermano:<< ¡Vamos al campo!>> Y cuando estaban en el campo, se levantó Caín, contre su hermano Abel y le mató. 9 Yahveh dijo entonces a Caín: -¿Dónde está tu hermano Abel? Y contestó: -No sé. ¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano? 10 Dijo [Yahveh]: -¿Qué has hecho? la voz de la sangre de tu hermano clama a Mí desde el suelo. 11 Ahora, pues, ¡maldito seas de ese suelo que ha abierto su boca para recibir por mano tuya la sangre de tu hermano! 12 Cuando trabajes el suelo no volverá a darte su producto. Errante y vagabundo vivirás por la tierra. 13 Y dijo Caín a Yahveh: -¡Sobrado grave de soportar es mi delito! 14 He aquí que Tú me arrojas hoy de la superficie de este suelo y de tu presencia habré de esconderme; andaré errante y vagabundo por la tierra y sucederá que cualquiera que me encuentre me asesinará. 15 pero díjole Yahveh: -Por eso, quien quiera que asesine a Caín, siete veces sufrirá venganza.
Mt 5, 21-26: Sobre el homicidio.[5] 21 Oísteis que se dijo a los antiguos: No matarás, y el que mate será reo de condenación. 22 Pero yo os digo: todo el que se encolerice contra su hermano será reo de condenación. Y el que llame a su hermano << ¡estúpido!>>será reo ante el sanedrín; y el que lo llame<< ¡necio!>> será reo de la gehena de fuego. 23 Así que, si al [ir] hacia el altar[a]presentar tu ofrenda te acuerdas allí de que tu hermano tiene algo contra ti, 24 deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliar con tu hermano; luego vuelve a presentar tu ofrenda. 25 Ponte de acuerdo con tu contrario, pronto, mientras vas con él en el camino, no sea que el contrario te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel; 26 te digo de verdad, no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo. Mt 5, 43-48: Sobre el amor a los enemigos [6] 43 Oísteis que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. 44 Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, 45 para que seáis hijos de vuestro Padre [que está] en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos y llover sobre justos e injustos. 46 Pues si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen eso también los publícanos? 47 Y si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen eso también los gentiles? 48 Así que vosotros sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto. GÉNEROS: El primer texto, es narrativo-didáctico. El escritor bíblico nos relata e interpreta un acontecimiento, que puede ser histórico, pero en este texto, es simbólico-mítico. Es decir, nos encontramos con un subgénero que es el del mito[7]. El mito es, en sentido filológico, una “fábula alegórica”, pero en sentido bíblico, es “la representación de lo transcendente en términos de este mundo”.[8] Para entendernos mejor, es un relato, con apariencia histórica que busca expresarnos de forma gráfica, realidades que no podemos entender desde la experiencia sensible. Este relato se sitúa en la tradición “yavista”, así llamada porque desde el principio llama a Dios con el nombre de “Yavé”. Con un lenguaje de estilo vivo y colorista, nos dice que Dios es un Dios humano, próximo al hombre, y se le presenta bajo distintos antropomorfismos. El origen es en Judá, siglo X, en tiempos de los reyes David y Salomón.[9] “Frente a una vida tranquila y sedentaria que lleva el pueblo de Israel en el momento de redactarse este episodio, surge una pregunta: ¿por qué el pueblo de los kenitas (tribus nómadas que vivían en tiendas al sur de Judá) lleva la vida inquieta y errante del nómada? Le respuesta sería: por una maldición de Dios. Y ¿cuál ha sido el motivo de esa maldición? Porque el epónimo (el que da nombre) de la tribu, dio muerte por envidia a su hermano; por eso tuvo que dejar su vida tranquila de labrador, “lugar de la presencia y bendición divinas”, para llevar vida errante”:[10] “14 He aquí que tú me arrojas hoy de la superficie de este suelo y de tu presencia habrá de esconderme; andaré errante y vagabundo por la tierra y sucederá que cualquiera que me encuentre me asesinará”. Si damos al texto una interpretación más universal, nos trata de explicar los orígenes de la humanidad: tras la rebelión del Hombre contra Dios Adán y Eva), viene la rebelión del Hombre contra el Hombre (Caín y Abel). Pero esto también supone, que quien peca contra el Hombre, también lo hace contra Dios.[11] El segundo texto, pertenece al género didáctico-narrativo del evangelio.[12] Escrito hacia el año 80, cuando ya se ha producido la separación entre Iglesia y judaísmo, va destinado a las comunidades compuestas por judeocristianos, que conocían perfectamente la Escritura, y que continúan respetando la ley. Pero también son unas comunidades abiertas a los paganos, y que también se encuentran en tensión, por la persecución, con el judaísmo oficial surgido en Yamnia, después de la destrucción de Jerusalén. Mateo presenta a Jesús como el Señor, el Mesías prometido, pero además el Hijo de Dios, en el que se han cumplido todas las expectativas del Antiguo Testamento; Él hace presente el Reino de Dios, que anuncia la Iglesia. En los versículos que comentamos, se nos descubre la preocupación por una ética cristiana práctica, de compromiso. Se habla de una justicia superior a la farisaica, pero no en el sentido de un cumplimiento minucioso y exacto de la Ley, sino en la concreción del mandamiento del amor: “Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen”. Se exige fidelidad a la Ley, no en cuanto tal, sino en cuanto cumplimiento de la voluntad de Dios que en ella está expresa. La “justicia cristiana” tiene que superar a la de los fariseos y escribas. Estos versículos nos señalan, que, Jesús, “frente a quienes no daban importancia a las ofensas de palabra y a los sentimientos contra el prójimo, declara el sentido íntimo del mandamiento dado por Dios a Moisés, que no es sino la caridad más delicada para con el prójimo. No matar: dar la vida.”[13] Hay que “ser perfectos”, es decir, misericordiosos, como nuestro Padre Celestial, punto esencial de la Nueva Ley que se fundamenta en la caridad. Jesús, pues, nos señala el camino del amor a los enemigos: “el amor del Padre, benevolente, dador de bienes sin discriminación; así debe ser el amor de los cristianos.”[14] SUGERENCIAS: El carácter unitario, del Antiguo y el Nuevo Testamento, dado por el hilo conductor de la Historia de la Salvación, nos conexiona el mensaje que hay en estos dos textos: en el primero, se nos afirma la condición fraterna de los hombres y la necesidad de aceptar las diferencias sin envidias, odios ni venganzas; ello nos anuncia el pensamiento de Jesús, en el texto de Mateo, y en todo el Nuevo Testamento: es imprescindible controlar los impulsos del corazón, donde está el origen de nuestra buenas y malas acciones. Los textos del Génesis y de Mateo, nos indican que “la vida humana tiene un carácter sagrado e inviolable, en el que se refleja la inviolabilidad misma del Creador”. Precisamente por esto, Dios se hace juez severo de toda violación del mandamiento “no matarás”, que está en la base de la convivencia social. Dios es el defensor del inocente (...).[15]” “No debemos sorprendernos: matar a un ser humano, en el que está presente la imagen de Dios, es un pecado particularmente grave. ¡Sólo Dios es dueño de la vida!”[16] “Nada ni nadie puede autorizar la muerte de un ser humano inocente, sea feto o embrión, niño o adulto, anciano, enfermo incurable o agonizante. Nadie, además, puede pedir este gesto homicida para sí mismo o para otros, confiados a su responsabilidad, ni puede consentirlo explícita o implícitamente. Ninguna autoridad puede legítimamente imponerlo ni permitirlo.”[17] De igual modo, nadie, ninguna ideología, ni ningún fundamentalismo político o falsamente religioso, pueden imponer a los demás sus ideas totalitarias, utilizando el terrorismo o la guerra fraticida como excusa para aniquilar la vida y la libertad del prójimo. Y tampoco podemos olvidar la violencia contra millones y millones de seres humanos que provocan el hambre (por una injusta distribución de la riqueza); el tráfico de armas que alimenta tantas guerras; el tráfico de drogas ( que provoca el asesinato de tantos jóvenes en el mundo); el tráfico y el comercio sexual( tan inhumano, sobre todo, cuando utiliza a los niños y adolescentes); y la violencia urbana en sus múltiples y sangrientas manifestaciones(malos tratos, robos, homicidios, asesinatos, violaciones, violencia doméstica). Así, la pregunta que Dios hace a Caín, “¿Qué has hecho?”, y que “Caín no puede esquivar, se dirige también al hombre contemporáneo para que tome conciencia de la amplitud y gravedad de los atentados contra la vida, que siguen marcando la historia de la humanidad; para que busque las múltiples causas que los generan y alimentan; reflexione con extrema seriedad sobre sus consecuencias que derivan de estos mismos atentados para la vida de las personas y de los pueblos.”[18] Caín sigue matando a su hermano Abel, de distintas formas, unas directas como las guerras o el terrorismo, y otras ocultas y silenciosas, pero legalizadas, como son aquellas que atentan contra la vida naciente o terminal, y “que presentan caracteres nuevos respecto al pasado y suscitan problemas de gravedad singular, por el hecho de que tienden a perder, en la conciencia colectiva, el carácter de “delito” y asumir paradójicamente el de “derecho,” hasta el punto de pretender con ello un verdadero y propio reconocimiento legal por parte del Estado y la sucesiva ejecución mediante la intervención gratuita de los mismos agentes sanitarios:”[19] la legalización del aborto provocado; las distintas técnicas de reproducción artificial que atentan contra la vida; la manipulación y experimentación genética, que cosifican al embrión como si fuera un simple objeto de investigación; la anticoncepción y la esterilización, que junto al aborto, causan gravísimos problemas demográficos o enfermedades como el sida; la amenaza constante de la eutanasia activa que “agudiza la tentación de resolver el problema del sufrimiento en su raíz”[20] de los enfermos terminales o incurables, anticipando la muerte como solución pragmática; o el suicidio, en que caen algunas personas por situaciones que provoca la sociedad del consumo, el dinero, el poder y el individualismo, y que es tan “contrario a la justicia, a la esperanza y a la caridad.”[21] Pero de que estas situaciones de violencia, que “en lo íntimo de la conciencia moral produce el eclipse del sentido de Dios y del hombre”[22] hay signos de esperanza y una llamada al compromiso por el evangelio de la vida. La sangre de Abel y la de todos aquellos hombres que han sido asesinados después de él, es redimida por la “sangre preciosa de Cristo, signo de entrega de amor”.[23] En ella “el creyente aprende a apreciar la dignidad casi divina de todo hombre, y puede exclamar con nuevo y grato estupor: “¡Qué valor debe tener el hombre a los ojos del Creador, si ha merecido tener tan gran Redentor!”(Himno Exsultet de la Vigilia Pascual).”[24] “Es en la sangre de Cristo donde todos los hombres encuentran la fuerza para comprometerse en favor de la vida. Esta sangre es justamente el motivo más grande de esperanza, más aún, es el fundamento de la absoluta certeza de que según el designio divino, la vida vencerá.”[25] En la misma realidad que vivimos, observamos signos de esperanza para erradicar la violencia, aunque estos signos positivos encuentran muchos obstáculos e impedimentos para que se les escuche su voz en defensa de la vida. Así tenemos, que dentro de la Iglesia, nacen movimientos provida, o grupos de voluntarios que dedican parte de su tiempo y trabajo en concienciar a la sociedad, ayudando a los más indefensos. Y la Iglesia siempre ha tenido a religiosos y religiosas “que consagran su vida a Dios, ofreciéndola por amor al prójimo más débil y necesitado.”[26] En definitiva, el evangelio de la vida, ha de ser un esfuerzo común de todos los hombres, no sólo de los cristianos.[27] La defensa de la vida pertenece a “toda la conciencia humana que aspira a la verdad y está atenta y preocupada por el destino de la humanidad. En la vida hay seguramente un valor sagrado y religioso, pero de ningún modo interpela sólo a los creyentes: en efecto, se trata de un valor que cada ser humano puede comprender también a la luz de la razón y que, por tanto, afecta necesariamente a todos.”[28]: “Bienaventurados los que construyen la paz, porque de ellos serán llamados hijos de Dios” (Mt, 5,9). *Actividades: 1ª ¿Por qué mata Caín a su hermano Abel? 2ª Busca en el texto del Génesis, las palabras que Dios dice a Caín para que actúe con misericordia. 3ª Diferencia en los textos de Mateo, entre la ley del Antiguo Testamento, y la Nueva Ley de Cristo. 4ª ¿Qué actitud ha de tomar el cristiano para poder celebrar el culto a Dios? *RECURSOS: a) Lee y comenta los siguientes textos sobre los atentados contra el derecho a la vida. b) Busca en las siguientes páginas de internet, asociaciones, foros, o grupos que defienden el derecho a la vida, y que muy raramente son noticia en los medios de comunicación social: -http://www.familiayvida.com. -http://www.bioeticaweb.com. -http://www.catholic.net. -http://www.encuentra.com. -http://www.hazteoir.com.
La violencia sobre la vida. [29] Los atentados a la vida constituyen uno de los pecados más graves contra la ley de Dios. Aborto, eutanasia, guerra, terrorismo, homicidio, drogas, son exponentes de la pérdida del sentido de la vida. Vivir con plenitud es desarrollar lo más posible las capacidades humanas, comenzando por las más nobles. La vida es un don que se debe hacer fructificar tanto si es larga, como si es corta; es un valor que no se debe despreciar. La violencia contra la vida constituye uno de los pecados más graves contra la ley de Dios. Nuestro siglo XX ha conocido atentados contra la vida a nivel masivo, como en ninguna otra época pasada. La causa de estas atrocidades hay que encontrarla en la extensión del ateísmo, del materialismo y del hedonismo. Estas ideas convierten, a veces, a los hombres en lobos para los otros hombres; e incluso su propia vida acaba pareciéndoles una carga excesiva y recurren, en número creciente, a las drogas, suicidio, etcétera. Entre las formas de violencia sobre la vida se pueden destacar: el aborto, la eutanasia, la guerra, el terrorismo como lacras especialmente significativas. El suicidio, el homicidio, las drogas y las agresiones a la vida psíquica son también exponentes de la pérdida del sentido de la vida. Aborto. El aborto provocado o directo es la expulsión intencionada de un feto no viable fuera del seno materno. Si esta expulsión no es provocada sino involuntaria no será pecaminosa. El Vaticano II llama a este acto: «crimen abominable» (GS, 51). Abominable porque la víctima es especialmente indefensa e inocente: el niño aún no nacido, y a quien, además, se priva de la vida sobrenatural al no bautizarlo. En otros tiempos se dudaba sobre el momento en que ya era un ser humano el niño concebido en el seno materno. Hoy día la ciencia es clara; cuando el óvulo es fecundado por el espermatozoide, tiene ya completo su código genético; entonces ya posee toda la potencialidad de vida, que se irá desarrollando según las leyes biológicas. El conocido científico J. Lejeune ha escrito: «Esta primera célula (es decir, el resultado de la fecundación) va a empezar a dividirse en dos, -cuatro, ocho, dieciséis, treinta y dos, sesenta y cuatro, y se va a convertir en una pequeña mórula que se alojará en la pared del útero materno. Siendo extremadamente minúsculo y midiendo milímetro y medio de talla, es ya un ser humano, diferente de su madre y diferente de todos los demás hombres (...). El corazón humano se anima al vigésimo primer día aproximadamente y, al mes, siendo la talla del feto la de un grano de trigo, están ya todos sus órganos esbozados: su cabeza, su tronco, los brazos, las piernas». Además de ser un grave pecado, el aborto implica dos graves consecuencias. Por un lado, indica un desprecio de la vida. La vida ya no es algo que tenga valor en sí mismo sino que depende de la voluntad del hombre, quien podrá destruirla cuando le convenga. Por otra parte, altera todo el orden moral, pues el criterio de bondad será el egoísmo y el placer, pero no el bien. La Iglesia ha dictado la pena de excomunión para los que cometan este pecado o colaboren con los que lo cometen. La excomunión es una pena eclesiástica que separa de la Iglesia y de sus sacramentos. Para que se perdone, hay que confesarse con el Obispo, o con algún sacerdote que tenga poderes delegados por el Obispo. Eutanasia. «Es la acción u omisión que, por su naturaleza o en la intención, causa la muerte con el fin de eliminar cualquier tipo de dolor». (S. C. Doctrina de la Fe, 27-VI-1980). La eutanasia afectaría a los subnormales, a los enfermos mentales o a los incurables. Las razones que se aducen en su defensa se apoyan en que se trata de vidas desdichadas, o que imponen pesadas cargas a la familia o a la sociedad. Sin embargo, la eutanasia”es moralmente inaceptable”.[30]”Por tanto, una acción o una omisión que, de suyo o en la intención, provoca la muerte para suprimir el dolor, constituye un homicidio gravemente contrario a la dignidad de la persona humana y al respeto del Dios vivo, su Creador. El error de juicio en el que se puede haber caído de buena fe no cambia la naturaleza de este acto homicida, que se ha de rechazar y excluir siempre.”[31] “[32]La interrupción de tratamientos médicos onerosos, peligrosos, extraordinarios o desproporcionados a los resultados puede ser legítima. Interrumpir estos tratamientos es rechazar el “encarnizamiento terapéutico”.” Guerra. El drama de la guerra es suficientemente conocido de todos y cómo a causa de este enfrentamiento entre los hombres, se producen muertes, injusticias, hambres, dolor, destrucción, etc. La gravedad se ha incrementado a partir del siglo XX por la enorme capacidad destructora de los nuevos armamentos. Las dos guerras mundiales de éste siglo y las múltiples guerras, que ha habido entre diversos países, elevan los muertos por este motivo a bastantes decenas de millones de seres humanos. El objetivo de todos los hombres debe ser la paz. La paz sólo se puede conseguir si hay justicia. Una guerra de agresión será siempre injusta, pero cuando uno es atacado injustamente, puede legítimamente defenderse. Sería, entonces, una guerra justa. Sólo existirá una guerra justa cuando lo sea su causa y se hayan agotado todos los demás medios de solucionar pacíficamente el conflicto. Si se miran de cerca todas las guerras se ve cómo, en su raíz, está el pecado humano: soberbia, afán de dominio, venganza, mentira, odio, intereses económicos e ideológicos, etc. La única solución plena de la guerra es la conversión de los hombres, lo que Juan Pablo II ha llamado el «desarme de las conciencias». Los tiempos actuales ven dificultada esta meta por la existencia de ideologías, nacionalismos y fundamentalismos que ponen en su base de actuación la violencia y que buscan por todos los medios el dominio mundial. Terrorismo. Siempre en la historia de la humanidad se ha dado el asesinato político, pero en el siglo XX y en este, ha crecido enormemente el uso del asesinato como arma política. Se le llama «terrorismo». Su fin es alterar el orden político e instalar otro nuevo, que dicen es mejor. El criterio moral del terrorismo se basa en el principio de que el fin justifica los medios. Además, el modo de realizarse es particularmente odioso, pues mata a inocentes, destruye bienes importantes para todos y nunca se presenta abiertamente sino que utiliza el engaño. El fin no justifica los, medios. Este principio es de moral natural. Seguirlo facilitará grandemente la convivencia entre los hombres. Las palabras de Juan Pablo II sobre este tema son claras. Después de insistir en la necesidad de la justicia, dice: La paz no puede ser establecida por la violencia, la paz no puede florecer en un clima de terror, de intimidación o de muerte. El mismo Jesús dijo: «Quien toma la espada, a espada morirá» (Mt. 26, 52). Esta es la palabra de Dios, la que ordena a los hombres de esta generación violenta a desistir del odio y la violencia y arrepentirse (...) la violencia es un mal, la violencia es inaceptable como solución a los problemas, la violencia es indigna del hombre, la violencia es una mentira, porque va contra la verdad de nuestra fe, la verdad de nuestra humanidad porque destruye la verdadera construcción de la sociedad-Añadía después con fuerza- que nadie pueda llamar nunca al asesinato con otro nombre que el de asesinato, que a la espiral de la violencia no se le dé nunca la distinción lógica de inevitable o de represalia necesaria. (29-1X-1979). Homicidio. Homicidio es producir injustamente la muerte de una persona. La causa de los homicidios culpables está siempre en la malicia del corazón humano. La gravedad de este pecado es obvia. La Sagrada Escritura lo coloca entre los que claman al cielo. La venganza, el odio, las rencillas políticas, etc., nunca podrán servir de excusa para este crimen. No raramente los que llegan a este punto han sufrido antes un deterioro de la conciencia y de las costumbres, que ciega la inteligencia y tuerce la voluntad. Aunque es necesario un sistema policial eficaz y unas leyes penales fuertes para prevenir el crimen, es evidente que la lucha contra este mal tiene que ir a buscar la prevención del crimen en el interior del hombre, pues aunque se castigue a los culpables nunca se podrán devolver las vidas que se arrebataron. Entre las leyes penales para prevenir el crimen siempre ha estado el castigo. Uno de los castigos -el máximo- ha sido la pena de muerte (...). La Iglesia, ha pedido su total abolición. El problema de la misma “se enmarca en la óptica de una justicia penal que sea cada vez más conforme con la dignidad del hombre y por tanto, en último término, con el designio de Dios sobre el hombre y la sociedad”.[33] “Los Sumos Pontífices han implorado constantemente ante los Jefes de Estado de los países que aplican la pena capital, clemencia para con los condenados y conmutación por otra pena no privativa de la vida. Las razones que se han esgrimido básicamente son: a) posibilidad de existencia de error judicial, el que una vez cumplida la pena, sería obviamente irreparable; b) que es un arma predilecta de las dictaduras; y c) que constituye la negación del amor a los enemigos.” (...)[34] “(...) Todos los cristianos y los hombres de buena voluntad, estamos obligados en conciencia, no sólo a luchar para la abolición de la pena de muerte en todo el mundo por medio de todos los instrumentos lícitos, sino también, y vinculado con esto, a que las condiciones carcelarias sean mejores en respeto de la dignidad humana del recluso, para que realmente se cumpla la máxima(...)de que en ningún caso la cárcel sirva como castigo del delincuente sino como medio para su reeducación, paso previo a su reinserción social”. La prevención más eficaz de la delincuencia, será tratar de conseguir que el ambiente social sea moralmente bueno. Es indicativo a este respecto la estrecha relación entre pornografía y delincuencia. También lo es el que muchos delincuentes provengan de familias rotas o procedan de ambientes en que reina la marginación, la injusticia y la incultura. La sociedad tendrá menos crímenes si pone los medios jurídicos y económicos disponibles para proteger las familias, evitar el divorcio y las separaciones, así como las marginaciones sociales y distribuir la riqueza del mejor modo posible. Suicidio. Todo hombre tiene un fuerte instinto de conservación de la propia vida. Sin embargo, el fenómeno del suicidio ha crecido de forma alarmante. En muchos casos el suicidio es la acumulación de un estado de depresión psíquica. Los estudios más recientes hacen ver que existe una relación muy grande entre el número de suicidios y la pérdida del sentido de la vida. Cuando no hay ningún valor por el que luchar (profesión, familia, una ideología política, un ideal religioso, etc.) todo pierde interés y la vida se va llenando de frustraciones y se llega, fácilmente, a la sensación de que no vale la pena vivir. Este clima es más fácil que se dé en ambientes materialistas, ya que como la felicidad plena no puede alcanzarse con goces materiales, éstos acaban dejando vacío el corazón. Hay comprobación experimental de que los suicidios se dan, en la mayoría de los casos, salvo enfermedades psíquicas, en personas que no tienen un profundo sentido espiritual de la existencia. El suicidio es un grave pecado que, además, cierra las puertas a cualquier solución de los problemas. Drogas. La droga es un indudable atentado contra la propia vida. En general se llama droga a cualquier sustancia química que ejerce un determinado efecto sobre el organismo. En concreto este nombre se aplica a los fármacos que producen sensaciones psicofísicas distintas de las habituales. Todas estas sustancias (incluso las medicinas si no se toman por prescripción médica) pueden dañar al organismo. La gravedad moral de las drogas viene de que se toman con el único fin de producir sensaciones placenteras fuera de lo normal. Existen diversos tipos de drogas. Unas crean una dependencia física tal, que dejarlas de tomar súbitamente produce dolores, angustias, pudiendo incluso llevar hasta la muerte. Otras producen una dependencia psicológica y menor dependencia física, aunque casi siempre el uso de las drogas llamadas «blandas» conduce a las «duras». El uso de drogas equivale a una mutilación. No se trata de una mutilación del cuerpo, sino del sistema nervioso que queda gravemente tarado. Se da una destrucción de la personalidad que en los casos avanzados equivale a la destrucción del individuo. La pérdida voluntaria de conciencia es muy grave, pero incluso es frecuente que la droga lleve al robo y a la muerte -propia y ajena- y a convertirse los adictos en parásitos de la sociedad por hacerse inútiles para el trabajo. La extensión de la droga es un triunfo de los traficantes que ganan fuertes sumas de dinero a costa de aquellos desdichados que no pueden, por la adicción, abandonar el consumo. En los casos más suaves es una forma de conformismo y de frivolidad de aquellos que tienen un horizonte pobrísimo en sus vidas y que acabarán en un vacío angustioso, si no reaccionan. Violencias a la vida psíquica. No solamente se puede atentar contra la vida física del hombre, sino también a su vida psíquica. Todo hombre tiene derecho a que se le respete su integridad psíquica sin manipulación alguna. Entre las formas de violencia psíquica están los interrogatorios inhumanos (lavados de cerebro) por los que el hombre pierde por completo su personalidad. Otra forma de violencia es la propaganda llevada más allá del nivel consciente, o la repetición tan reiterada de los eslóganes, anuncios publicitarios, películas, libros o fotos que hacen casi imposible no verse afectado. Violencia a la integridad de la vida psíquica es la pornografía que va produciendo en los sujetos una degradación de la persona, e incluso, a veces, de sus instintos normales, creando verdaderas neurosis obsesivas. Atenta contra la vida psíquica del hombre todo género de mentiras, especialmente las que adoptan formas -violentas»: perjurios, traiciones, deslealtades, calumnias, etcétera. La manipulación genética: eugenesia y clonación. La eugenesia: es el intento de mejora de la raza humana. El autor de la palabra fue Francis Galton (1822-1911), que en 1904 la definía como”el estudio de los factores socialmente controlables que pueden elevar o disminuir las cualidades raciales de las generaciones futuras, tanto física como mentalmente”.[35] Este concepto se ha ido matizando a lo largo del tiempo, como producto de las mutaciones y las preocupaciones de la ciencia y de las interpretaciones ideológicas. Que las generaciones futuras, tengan mejores condiciones de vida y se trate de mejorar el bienestar humano, es algo legítimo, y también un deber para los poderes políticos, para la ciencia y para cualquier persona o institución como la Iglesia. La Iglesia Católica, acepta la manipulación, o mejor sería decir,”la ingeniería genética”, siempre y cuando tenga un sentido terapéutico, sirva para curar enfermedades genéticas o cromosómicas. Sin embargo, hay reservas morales que están latentes en la eugenesia y en sus procedimientos e impulsos político-científicos. Hay que rechazar ciertas propuestas[36] de signo eugenésico que hay tener muy en cuenta, cuando procuran: -El racismo y el materialismo, que son injustificables, “ya que la dignidad del hombre transciende su condición biológica.”[37] Hay que evitar que la manipulación genética pueda crear algún día, diferentes clases de individuos. Ya tenemos el ejemplo de la eugenesia nazi. -Pueden “atentar contra el origen de la vida humana”[38], al no respetarse la dignidad fundamental de los hombres y la naturaleza biológica común, y modificarse el patrimonio genético para producir grupos de hombres diferentes, que nos llevaría a una sociedad con nuevas marginaciones. -El carácter impositivo de las medidas, sin contar con el consentimiento informado y libre de los interesados. -Falta de respeto a la vida humana inicial. -Violación de derechos en materia sexual y matrimonio. La clonación[39]: se le dan varios nombres: cloning, clonaje, reproducción clonal o clónica, por injerto, hijos-calco, hijos-fotocopias, etc. El procedimiento, ya se ha aplicado artificialmente con algunos animales, y consiste en extirpar el núcleo a un huevo y después injertarle el núcleo de otra célula corporal con la dotación cromosómica completa, por lo tanto, excluida la de las células reproductoras. Si se logra que el huevo así injertado se active y dé como resultado un nuevo ser de esa especie, tendríamos la reproducción clonal conseguida. Este proceso, en principio, es repetible las veces que se quiera con la misma persona, con lo cual se podrían multiplicar las reproducciones suyas. De este modo, llegaríamos a un ser los más parecido posible a uno mismo, y recibir toda la herencia genética de una sola persona. Sea terapéutica o reproductiva, en la clonación estamos hablando de la producción de un embrión humano.”Algunos intentan cambiar el nombre de este embrión. Pretenden, que, cuando no se usa un espermatozoide, y por tanto no hay un proceso de fecundación, como tradicionalmente se ha entendido, no estaríamos propiamente ante un embrión. Sin embargo, la prueba es muy clara. Supongamos que alguien se hace con uno de esos “clones terapéuticos”, y, por su cuenta, lo implanta en una mujer. Al cabo de nueves meses nacerá un sonrosado bebé. Este nacimiento haría que tuviésemos que cambiarle el nombre al “clon terapéutico”, y llamarle, ahora, “reproductivo”.”[40] “La clonación terapéutica nos ofrece una técnica, pero en detrimento de una buena ética”.[41]Podría parecer que no hay nada que hacer”. Sin embargo “estamos ante una ocasión en que toda persona está llamada a manifestarse ante lo que va a ser decisivo para su futuro. Tal y como tratemos a los embriones ahora, nos tratarán después a nosotros, cuando lleguemos a viejos”. Hay que manifestar nuestro rechazo ante el dominio despótico de la ciencia, y de algunos científicos, sobre el ser humano.[42] Esta manipulación genética, tanto desde el punto de vista moral como legal, no es aceptada, pero hoy en día, en nuestro siglo XXI, llevamos el camino de dar rienda suelta a que las leyes la aprueben bajo el pretexto de ayudar a la curación de enfermedades incurables, o a que nos aportarán consecuencias beneficiosas. Con ella lo que se pretende es producir un ser humano en un laboratorio “para ser usado por otro a costa de la vida humana.[43]” Esperemos que “la legislación española e internacional se decanten por la vida ya que la ética dice que un ser humano no puede usar a otro ser humano”.[44]”El embrión humano merece el mismo respeto que el que se tiene hacia la persona humana, no es lícito quitarle la vida ni hacer nada que no sea su beneficio. La actitud de la Iglesia es siempre la misma: Partimos del hecho de que de la unión de las células masculinas y femeninas, surge un ser humano”. No podemos llegar a esta “instrumentalización criminal de la vida humana,”[45] permitiendo leyes, que siempre serán contrarias a la dignidad personal del ser humano. Más aún cuando sabemos científicamente que existen otras alternativas, como es la utilización de las células madre de organismos adultos o del cordón umbilical. “Desde el punto de vista moral, ningún tipo de clonación humana puede estar justificado. En primer lugar, porque se trata de una “reproducción asexual”, y en segundo lugar, porque el ser clonado carece de padre o de madre, pues procede del código genético de un solo individuo”.[46]
[4] Cantera Burgos, Francisco, e, Iglesias González, Manuel, Sagrada Biblia, Edit. B.A.C., Madrid, 19792. [5] Ibídem. [6] Ibídem. [7] Cepedal, Tirso,” Género y formas literarias”, Curso de Biblia, Edit. PS, Madrid, 1993, págs 53-64. [8] Bultmann, citado por Cepedal, Tirso, op. cit., pág. 60. [9] Cepedal, Tirso, “I, Antiguo Testamento”, Curso de Biblia, op. c., págs 93-102. [10] Ibídem, pág.110. [11] Stendebahc, citado por Cepedal, Tirso, Curso de Biblia, op. c., pág. 110. [12] Cepedal, Tirso, “II. Nuevo Testamento”, Curso de Biblia, op. c., págs 239-401 [13] Cantera Burgos, Francisco, e, Iglesias González, Manuel, Sagrada Biblia, op. c. págs 1082-1084. [14] Ibídem, pág. 1084. [15] Juan Pablo II, “No matarás”, Evangelium Vitae, Edic. Palabra, Madrid, 1995, págs 87-129, C. III. [16] Ibídem, pág. 92. [17] Ibídem, pag.96. [18] Ibídem, págs 20-23. [19] Ibídem, pág. 22. [20] Ibídem, pág. 27. [21] Catecismo de la Iglesia Católica, Asociación de Editores del Catecismo, Madrid, 1992, nº 2325. [22] Juan Pablo II, Evangelium Vitae, op. c., pág. 41. [23] Ibídem, pág. 43. [24] Ibídem., pág. 43. [25] Ibídem, pág. 44. [26] Ibídem, pág. 47. [27] Ibídem, pág. 166. [28] Ibídem, pág. 166. [29] Cases, Enrique, “La violencia sobre la vida”, en www.encuentra.com, 2004: éste artículo se ha actualizado, matizado y ampliado en algunos aspectos como la eugenesia y la clonación. [30] Catecismo de la Iglesia Católica, op. c., nº 2276. [31] Ibídem, nº 2277. [32] Ibídem, nº2278. [33] Juan Pablo II, Evangelium Vitae, op. c., pág. 93. [34] Álvarez Cozzi, Carlos, “Pena de muerte y doctrina social de la Iglesia”, en Comunidad de Bioética, www.Catholic.net, 2004. [35] Elizari Basterra, Fco Javier; Bioética, Edic. Paulinas, Madrid, 1991, págs 117-121. [36] Ibídem, pág.120. [37] Juan Pablo II, “Alocución a la Asociación Médica Mundial”, en “Bioética”, Cuadrón, Alfonso A., Manual de doctrina social de la Iglesia, Ed. B.A.C., Madrid, 1993, págs191-209. [38] Ibídem, pág.203. [39] Elizari Basterra, op. c., págs 77-78. [40] Ramiro, Francisco José, “Clonación: la técnica en detrimento de la ética”, La Revista, www.libertaddigital.com, 14-2-2004. [41] Ibídem. [42] Ibídem. [43] Conferencia Episcopal Española,”Los obispos rechazan la clonación terapéutica por ser una “instrumentalización criminal” de la vida humana”, www.diariovasco.com, 13-2-2004. [44] Ibídem. [45] Ibídem. [46] Sgreccia, Elio, Obispo, CIUDAD DEL VATICANO, www.ZENIT.org, 13-2-2004. |
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