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Los cuatro Evangelios

S. Mateo

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Evangelio de San Mateo

Capítulo 1

[1] Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán. [2] Abrahán engendró a Isaac, Isaac engendró a Jacob, Jacob engendró a Judá y a sus hermanos, [3] Judá engendró a Farés y a Zara de Tamar, Farés engendró a Esrón, Esrón engendró a Aram, [4] Aram engendró a Aminadab, Aminadab engendró a Naasón, Naasón engendró a Salmón, [5] Salmón engendró a Booz de Rahab, Booz engendró a Obed de Rut, Obed engendró a Jesé, [6] Jesé engendró al rey David.

David engendró a Salomón de la que fue mujer de Urías, [7] Salomón engendró a Roboán, Roboán engendró a Abías, Abías engendró a Asá, [8] Asá engendró a Josafat, Josafat engendró a Jorán, Jorán engendró a Ozías, [9] Ozías engendró a Joatán, Joatán engendró a Acaz, Acaz engendró a Ezequías, [10] Ezequías engendró a Manasés, Manasés engendró a Amón, Amón engendró a Josías, [11] Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos cuando la deportación a Babilonia.

[12] Después de la deportación a Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel engendró a Zorobabel, [13] Zorobabel engendró a Abiud, Abiud engendró a Eliacim, Eliacim engendró a Azor, [14] Azor engendró a Sadoc, Sadoc engendró a Aquim, Aquim engendró a Eliud, [15] Eliud engendró a Eleazar, Eleazar engendró a Matán, Matán engendró a Jacob, [16] Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús llamado Cristo.

[17] Por tanto son catorce todas las generaciones desde Abrahán hasta David, y catorce generaciones desde David hasta la deportación a Babilonia, y también catorce las generaciones desde la deportación a Babilonia hasta Cristo.

[18] La generación de Jesucristo fue así: Estando desposada su madre María con José, antes de que conviviesen, se encontró que había concebido en su seno por obra del Espíritu Santo.

[19] José su esposo, como era justo y no quería exponerla a infamia, pensó repudiarla en secreto. [20] Estando él considerando estas cosas, he aquí que un ángel del Señor se la apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, pues lo que en ella ha sido concebido es obra del Espíritu Santo. [21] Dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.

[22] Todo esto ha ocurrido para que se cumpliera lo que dijo el Señor por medio del Profeta: [23] He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, a quien llamarán Emmanuel, que significa Dios-con-nosotros.

[24] Al despertarse José hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su esposa. [25] Y, sin que la hubiera conocido, dio ella a luz un hijo; y le puso por nombre Jesús.

Capítulo 2

 [1] Nacido Jesús en Belén de Judá en tiempos del rey Herodes, unos Magos llegaron de Oriente a Jerusalén [2] preguntando: ¿Dónde está el Rey de los Judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle. [3] Al oír esto, el rey Herodes se turbó, y con él toda Jerusalén. [4] Y, reuniendo a todos los príncipes de los sacerdotes y a los escribas del pueblo, les interrogaba dónde había de nacer el Mesías. [5] En Belén de Judá, le dijeron, pues así está escrito por medio del Profeta:

  [6] Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ciertamente la menor entre las principales ciudades de Judá; pues de ti saldrá un jefe que apacentará a mi pueblo, Israel.

[7] Entonces Herodes, llamando en secreto a los Magos, se informó cuidadosamente por ellos del tiempo en que había aparecido la estrella; [8] y les envió a Belén, diciéndoles: Id e informaos bien acerca del niño; y cuando lo encontréis, avisadme para ir yo también a adorarle. [9] Ellos, después de oír al rey, se pusieron en marcha. Y he aquí que la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta pararse sobre el sitio donde estaba el niño. [10] Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. [11] Y entrando en la casa, vieron al niño con María, su madre, y postrándose le adoraron; luego, abrieron sus cofres y le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra. [12] Y, habiendo recibido en sueños aviso de no volver a Herodes, regresaron a su país por otro camino.

Huida a Egipto y muerte de los inocentes

[13] Después que se marcharon, un ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y estate allí hasta que yo te diga, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo. [14] El se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y huyó a Egipto. [15] Allí permaneció hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo que dijo el Señor por medio del Profeta: De Egipto llamé a mi hijo.

[16] Entonces Herodes, al ver que los Magos le habían engañado, se irritó en extremo, y mandó matar a todos los niños que había en Belén y toda su comarca, de dos años para abajo, con arreglo al tiempo que cuidadosamente había averiguado de los Magos. [17] Entonces se cumplió lo dicho por medio del profeta Jeremías:

[18] Una voz se oyó en Ramá, llanto y lamento grande: Es Raquel que llora a sus hijos, y no admite consuelo, porque ya no existen.

[19] Muerto Herodes, un ángel del Señor se apareció en sueños a José en Egipto, [20] y le dijo: Levántate, toma al niño y a su madre y vete a la tierra de Israel; pues han muerto ya los que atentaban contra la vida del niño. [21] Levantándose, tomó al niño y a su madre y vino a la tierra de Israel. [22] Pero al oír que Arquelao había sucedido a su padre Herodes en el trono de Judea, temió ir allá; y avisado en sueños marchó a la región de Galilea. [23] Y se fue a vivir a una ciudad llamada Nazaret, para que se cumpliera lo dicho por medio de los Profetas: Será llamado Nazareno.

PREPARACIÓN Y COMIENZO DEL MINISTERIO PÚBLICO

Capítulo 3

[1] En aquellos días apareció Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea [2] y diciendo: Haced penitencia, porque está al llegar el Reino de los Cielos.

[3] Este es aquel de quien habló el profeta Isaías diciendo: Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas.

[4] Llevaba Juan una vestidura de pelo de camello con un ceñidor de cuero a la cintura, y su comida eran langostas y miel silvestre.

[5] Entonces acudía a él Jerusalén, toda Judea y toda la comarca del Jordán, [6] y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados. [7] Como viese que venían a su bautismo muchos de los fariseos y de los saduceos, les dijo: Raza de víboras, ¿quién os ha enseñado a huir de la ira que ha de venir? [8] Haced, pues, frutos dignos de penitencia, [9] y no os justifiquéis interiormente pensando: Tenemos por padre a Abrahán. Porque os aseguro que Dios puede, aun de estas piedras, suscitar hijos de Abrahán. [10] Mirad que el hacha está ya puesta a la raíz de los árboles, y todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego. [11] Yo os bautizo con agua para la conversión, pero el que viene después de mí es más poderoso que yo; no soy digno ni de llevar sus sandalias. El os bautizará en el Espíritu Santo y en fuego. [12] El tiene en su mano el bieldo y limpiará su era, y recogerá su trigo en el granero; en cambio quemará la paja con fuego que no se apaga.

[13] Entonces vino Jesús al Jordán desde Galilea, para ser bautizado por Juan. [14] Pero éste se le resistía diciendo: Soy yo quien necesita ser bautizado por ti, ¿cómo vienes tú a mí? [15] Respondiendo Jesús le dijo: Déjame ahora, así es como debemos nosotros cumplir toda justicia. Entonces Juan se lo permitió. [16] Inmediatamente después de ser bautizado, Jesús salió del agua; y he aquí que se le abrieron los Cielos, y vio al Espíritu de Dios que descendía en forma de paloma y venía sobre él. [17] Y una voz del Cielo que decía: Este es mi Hijo, el amado, en quien me he complacido.

Capítulo 4

 [1] Entonces fue conducido Jesús al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. [2] Después de haber ayunado cuarenta días con cuarenta noches, sintió hambre. [3] Y acercándose el tentador le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes. [4] El respondiendo dijo: Escrito está:

No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que procede de la boca de Dios. [5] Luego, el diablo lo llevó a la Ciudad Santa y lo puso sobre el pináculo del Templo. [6] Y le dijo: Si eres Hijo de Dios, arrójate abajo. Pues escrito está: Dará órdenes acerca de ti a sus ángeles, para que te lleven en sus manos, no sea que tropiece tu pie contra alguna piedra.

[7] Y le respondió Jesús: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios. [8] De nuevo lo llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y su gloria, [9] y le dijo: Todas estas cosas te daré si postrándote me adoras.

[10] Entonces le respondió Jesús: Apártate Satanás, pues escrito está: Al Señor tu Dios adorarás y a El sólo darás culto. [11] Entonces lo dejó el diablo, y los ángeles vinieron y le servían.

Predicación en Galilea y vocación de los discípulos

[12] Cuando oyó que Juan había sido encarcelado, se retiró a Galilea. [13] Y dejando Nazaret se fue a vivir a Cafarnaún, ciudad marítima, en los confines de Zabulón y Neftalí, [14] para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías: [15] Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí en el camino del mar, al otro lado del Jordán, la Galilea de los gentiles, [16] el pueblo que yacía en tinieblas ha visto una gran luz; para los que yacían en región y sombra de muerte una luz ha amanecido. [17] Desde entonces comenzó Jesús a predicar y a decir: Haced penitencia, porque está al llegar el Reino de los Cielos.

[18] Mientras caminaba junto al mar de Galilea vio a dos hermanos, Simón el llamado Pedro y Andrés su hermano, que echaban la red al mar, pues eran pescadores. Y les dijo: [19] Seguidme y os haré pescadores de hombres. [20] Ellos, al instante, dejaron las redes y le siguieron. [21] Pasando adelante, vio a otros dos hermanos, Santiago el de Zebedeo y Juan su hermano, que estaban en la barca con su padre Zebedeo remendando sus redes; y los llamó. [22] Ellos, al instante, dejaron la barca y a su padre, y le siguieron. [23] Recorría Jesús toda la Galilea enseñando en las sinagogas, predicando el Evangelio del Reino y curando toda enfermedad y dolencia del pueblo.

[24] Su fama se extendió por toda Siria; y le traían a todos los que se sentían mal, aquejados de diversas enfermedades y dolores, a los endemoniados, lunáticos y paralíticos, y los curaba. [25] Y le seguían grandes multitudes de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y del otro lado del Jordán.

SERMÓN DE LA MONTAÑA

Capítulo 5

[1] Al ver Jesús a las multitudes, subió al monte; se sentó y se le acercaron sus discípulos; [2] y abriendo su boca les enseñaba diciendo:

[3] Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. [4] Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. [5] Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra. [6] Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. [7] Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. [8] Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. [9] Bienaventurados los pacíficos, porque ellos serán llamados hijos de Dios. [10] Bienaventurados los que padecen persecución por la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. [11] Bienaventurados seréis cuando os injurien, os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. [12] Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el Cielo: de la misma manera persiguieron a los profetas que os precedieron.

[13] Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa ¿con qué se salará? No vale sino para tirarla fuera y que la pisotee la gente. [14] Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en lo alto de un monte; [15] ni se enciende una luz para ponerla debajo de un celemín, sino sobre un candelero a fin de que alumbre a todos los de la casa. [16] Alumbre así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los Cielos.

[17] No penséis que he venido a abolir la Ley o los Profetas; no he venido a abolirlos sino a darles su plenitud. [18] En verdad os digo que mientras no pasen el Cielo y la tierra no pasará de la Ley ni la más pequeña letra o trazo hasta que todo se cumpla. [19] Así, el que quebrante uno solo de estos mandamientos, incluso de los más pequeños, y enseñe a los hombres a hacer lo mismo, será el más pequeño en el Reino de los Cielos. Por el contrario, el que los cumpla y enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos. [20] Os digo, pues, que si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos.

[21] Habéis oído que se dijo a los antiguos: No matarás, y el que mate será reo de juicio. [22] Pero yo os digo: Todo el que se llene de ira contra su hermano será reo de juicio; y el que llame a su hermano «raca» será reo ante el Sanedrín; el que le llame «renegado», será reo del fuego del infierno. [23] Por tanto, si al llevar tu ofrenda al altar recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, [24] deja allí tu ofrenda ante el altar, ve primero a reconciliarte con tu hermano, y vuelve después para presentar tu ofrenda. [25] Ponte de acuerdo cuanto antes con tu adversario mientras vas de camino con él; no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al alguacil y te metan en la cárcel. [26] Te aseguro que no saldrás de allí hasta que restituyas la última moneda.

[27] Habéis oído que se dijo: No cometerás adulterio. [28] Pero yo os digo que todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio en su corazón. [29] Si tu ojo derecho te escandaliza, arráncatelo y tíralo; porque más te vale que se pierda uno de tus miembros que no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno. [30] Y si tu mano derecha te escandaliza, córtala y arrójala de ti; porque más te vale que se pierda uno de tus miembros que no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno.

[31] Se dijo también: Cualquiera que repudie a su mujer, déle libelo de repudio. [32] Pero yo os digo que todo el que repudie a su mujer `fuera del caso de fornicación  la expone a cometer adulterio, y el que se una con la repudiada comete adulterio.

[33] También habéis oído que se dijo a los antiguos: No jurarás en vano, sino que cumplirás tus juramentos al Señor. Pero yo os digo: [34] No juréis en absoluto; ni por el Cielo, porque es el trono de Dios; [33] ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del Gran Rey. [36] Tampoco jures por tu cabeza, porque no puedes volver blanco o negro ni un solo cabello. [37] Sea, pues, vuestro modo de hablar: Sí, sí, o no, no. Lo que exceda de esto, viene del Maligno.

[38] Habéis oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente. [39] Pero yo os digo: No repliquéis al malvado; por el contrario, si alguien te golpea en la mejilla derecha, preséntale también la otra. [40] Al que quiera entrar en pleito contigo para quitarte la túnica, déjale también la capa. [41] A quien te fuerce a andar una milla, ve con él dos. [42] A quien te pida, dale; y no rehúyas al que quiera de ti algo prestado.

[43] Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. [44] Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persigan, [45] para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los Cielos, que hace salir su sol sobre buenos y malos, y hace llover sobre justos y pecadores. [46] Porque si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? ¿Acaso no hacen eso también los publícanos? [47] Y si saludáis solamente a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de más? ¿Acaso no hacen eso también los paganos? [48] Sed, pues, vosotros perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto.

Capítulo 6

 [1] Guardaos bien de hacer vuestra justicia delante de los hombres con el fin de que os vean; de otro modo no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los Cielos.

[2] Por tanto, cuando des limosna no lo vayas pregonando, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, con el fin de ser alabados por los hombres. En verdad os digo que ya recibieron su recompensa. [3] Tú, por el contrario, cuando des limosna, que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu derecha, [4] para que tu limosna quede en oculto; de este modo, tu Padre, que ve en lo oculto, te recompensará.

[5] Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que son amigos de orar puestos de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para exhibirse delante de los hombres; en verdad os digo que ya recibieron su recompensa. [6] Tú, por el contrario, cuando te pongas a orar, entra en tu aposento y, cerrada la puerta, ora a tu Padre, que está en lo oculto; y tu Padre, que ve en lo oculto, te recompensará. [7] Y al orar no empleéis muchas palabras como los gentiles, que se figuran que por su locuacidad van a ser escuchados. [8] No seáis, pues, como ellos; porque bien sabe vuestro Padre de qué tenéis necesidad antes de que se lo pidáis. [9] Vosotros, pues, orad así: Padre nuestro, que estás en los Cielos, santificado sea tu Nombre; [10] venga tu Reino; hágase tu voluntad así en la tierra como en el Cielo. [11] El pan nuestro de cada día dánosle hoy; [12] y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores; [13] y no nos dejes caer en la tentación, mas líbranos del mal. [14] Pues si perdonáis a los hombres sus ofensas, también os perdonará vuestro Padre Celestial. [15] Pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestros pecados.

[16] Cuando ayunéis no os finjáis tristes como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres noten que ayunan. En verdad os digo que ya recibieron su recompensa. [17] Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lávate la cara, [18] para que no adviertan los hombres que ayunas, sino tu Padre, que está en lo oculto; y tu Padre, que ve en lo oculto, te recompensará.

[19] No amontonéis tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre los corroen y donde los ladrones socavan y los roban. [20] Amontonad en cambio tesoros en el Cielo, donde ni polilla ni herrumbre corroen, y donde los ladrones no socavan ni roban. [21] Porque donde está tu tesoro allí estará tu corazón.

[22] La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo es sencillo, todo tu cuerpo estará iluminado. [23] Pero si tu ojo es malicioso, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Y si la luz que hay en ti es tinieblas, cuán grande será la oscuridad.

[24] Nadie puede servir a dos señores, porque o tendrá aversión al uno y amor al otro, o prestará su adhesión al primero y menospreciará al segundo: no podéis servir a Dios y a las riquezas.

[25] Por eso os digo: No os preocupéis por vuestra vida, qué comeréis; ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿Acaso no vale más la vida que el alimento y el cuerpo que el vestido? [26] Fijaos en las aves del Cielo, que no siembran, ni siegan, ni almacenan en graneros, y vuestro Padre Celestial las alimenta. ¿Es que no valéis vosotros mucho más que ellas? [27] ¿Quién de vosotros por mucho que cavile puede añadir un solo codo a su edad? [28] Y acerca del vestir, ¿por qué preocuparos? Contemplad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan ni hilan, [29] y yo os digo que ni Salomón en toda su gloria pudo vestirse como uno de ellos. [30] Si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios la viste así, ¡cuánto más a vosotros, hombres de poca fe! [31] No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer, qué vamos a beber, con qué nos vamos a vestir? [32] Por todas esas cosas se afanan los paganos. Bien sabe vuestro Padre Celestial que de todo eso estáis necesitados.

[33] Buscad, pues, primero el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura. [34] Por tanto, no os preocupéis por el mañana, porque el mañana traerá su propia preocupación. A cada día le basta su contrariedad.

Capítulo 7

[1] No juzguéis y no seréis juzgados. [2] Porque con el juicio con que juzguéis se os juzgará, y con la medida con que midáis se os medirá.

[3] ¿Por qué te fijas en la mota del ojo de tu hermano, y no adviertes la viga que hay en el tuyo? [4] O ¿cómo vas a decir a tu hermano: Deja que saque la mota de tu ojo, cuando tú tienes una viga en el tuyo? [5] Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver cómo sacar la mota del ojo de tu hermano.

[6] No deis las cosas santas a los perros, ni echéis vuestras perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen con sus patas y revolviéndose os despedacen.

[7] Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. [8] Porque todo el que pide, recibe; y todo el que busca, encuentra; y al que llama se le abrirá. [9] O ¿quién hay entre vosotros, al que si su hijo pide un pan le da una piedra? [10] ¿O si le pide un pez le da una culebra? [11] Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar a vuestros hijos cosas buenas, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los Cielos dará cosas buenas a quienes le pidan?

[12] Todo lo que queráis que hagan los hombres con vosotros, hacedlo también vosotros con ellos: Esta es la Ley y los Profetas.  [13]  Entrad por la puerta angosta, porque amplia es la puerta y ancho el camino que conduce a la perdición, y son muchos los que entran por ella. [14] ¡Qué angosta es la puerta y estrecho el camino que conduce a la Vida, y qué pocos son los que la encuentrán!

[15] Guardaos bien de los falsos profetas, que vienen a vosotros disfrazados de oveja, pero por dentro son lobos voraces. [16] Por sus frutos los conoceréis: ¿acaso se cosechan uvas de los espinos o higos de las zarzas? [17] Así, todo árbol bueno da frutos buenos, y todo árbol malo da frutos malos. [18] Un árbol bueno no puede dar frutos malos, ni un árbol malo dar frutos buenos. [19] Todo árbol que no da fruto bueno es cortado y arrojado al fuego. [20] Por tanto, por sus frutos los conoceréis.

[21] No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos; sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los Cielos. [22] Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿pues no hemos profetizado en tu nombre, y arrojado los demonios en tu nombre, y hecho prodigios en tu nombre? [23] Entonces yo les diré públicamente: Jamás os he conocido: apartaos de mí, los que habéis obrado la iniquidad.

[24] Por tanto, todo el que oye estas palabras mías y las pone en práctica, es como un hombre prudente que edificó su casa sobre roca: [25] cayó la lluvia, llegaron las riadas, soplaron los vientos e irrumpieron contra aquella casa, pero no se cayó porque estaba cimentada sobre roca.

[26] Pero todo el que oye estas palabras mías y no las pone en práctica es como un hombre necio que edificó su casa sobre arena: [27] cayó la lluvia, llegaron las riadas, soplaron los vientos e irrumpieron contra aquella casa, y cayó y fue tremenda su ruina.

[28] Y sucedió que, cuando terminó Jesús estos discursos, las multitudes quedaron admiradas de su doctrina, [29] pues les enseñaba como quien tiene potestad y no como los escribas.

LOS MILAGROS DE JESÚS

Capítulo 8

[1] Cuando bajó del monte le seguía una gran multitud. [2] En esto, se le acercó un leproso, se postró ante él y dijo: Señor, si quieres, puedes limpiarme. [3] Y extendiendo Jesús la mano, le tocó diciendo: Quiero, queda limpio. Y al instante quedó limpio de la lepra. [4] Entonces le dijo Jesús: Mira, no lo digas a nadie, sino anda, preséntate al sacerdote y lleva la ofrenda prescrita por Moisés, para que les sirva de testimonio.

[5] Al entrar en Cafarnaún se le acercó un centurión y, rogándole, [6] dijo: Señor, mi criado yace paralítico en casa con dolores muy fuertes. [7] Jesús le dijo: Yo iré y lo curaré. [8] Pero el centurión le respondió: Señor, no soy digno de que entres en mi casa; basta que lo mandes de palabra y mi criado quedará sano. [9] Pues yo, que soy un hombre subalterno con soldados a mis órdenes, digo a uno: ve, y va; y a otro: ven, y viene; y a mí siervo: haz esto, y lo hace. [10] Al oírlo Jesús se admiró, y dijo a los que le seguían: En verdad os digo que en nadie de Israel he encontrado una fe tan grande. [11] Y os digo que muchos de Oriente y Occidente vendrán y se pondrán a la mesa con Abrahán, Isaac y Jacob en el Reino de los Cielos, [12] mientras que los hijos del Reino serán arrojados a las tinieblas exteriores: allí será el llanto y el rechinar de dientes. [13] Y dijo Jesús al centurión: Vete y que se haga conforme has creído. Y en aquel momento quedó sano el criado.

[14] Al llegar Jesús a casa de Pedro vio a la suegra de éste en cama con fiebre. [15] La tomó de la mano y le desapareció la fiebre; entonces se levantó y se puso a servirle.

[16] Al atardecer, le trajeron muchos endemoniados; arrojó a los espíritus con su palabra y curó a todos los enfermos, [17] para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías: El tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades.

[18] Viendo Jesús a la multitud que estaba a su alrededor, ordenó pasar a la otra orilla. [19] Y acercándose a él cierto escriba, le dijo: Maestro, te seguiré dondequiera que vayas. [20] Jesús le contestó: Las zorras tienen sus guaridas y los pájaros del cielo sus nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar su cabeza. [21] Otro de sus discípulos le dijo: Señor, permíteme ir primero a enterrar a mi padre. [22] Jesús le respondió: Sígueme y deja a los muertos enterrar a sus muertos.

[23] Subiendo después a una barca, le siguieron sus discípulos. [24] Y he aquí que se levantó en el mar una tempestad tan grande que las olas cubrían la barca; pero él dormía. [25] Y se acercaron y le despertaron diciendo: ¡Señor, sálvanos que perecemos! [26] Jesús les respondió: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, increpó a los vientos y al mar, y se produjo una gran bonanza. [27] Los hombres se admiraron y dijeron: ¿Quién es éste que hasta los vientos y el mar le obedecen?

[28] Al llegar a la otra orilla, a la región de los gadarenos, le fueron al encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros, tan furiosos que nadie podía transitar por aquel camino. [29] En ese momento se pusieron a gritar diciendo: ¿Qué tenemos que ver contigo, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí antes de tiempo para atormentarnos? [30] Había lejos de ellos una gran piara de cerdos que pacían. [31] Los demonios le rogaban diciendo: Si nos expulsas, envíanos a la piara de cerdos. [32] Les respondió: Id. Y ellos salieron y entraron en los cerdos. Entonces toda la piara corrió con ímpetu por la pendiente hacia el mar y pereció en el agua. [33] Los porqueros huyeron y al llegar a la ciudad contaron todo, en particular lo de los endemoniados. [34] Ante esto toda la ciudad salió al encuentro de Jesús y, al verle, le rogaron que se alejara de su región.

Capítulo 9

[1] Subiendo a una barca, cruzó de nuevo el mar y vino a su ciudad. [2] Entonces le presentaron un paralítico postrado en una camilla. Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Ten confianza, hijo, tus pecados te son perdonados. [3] Ciertos escribas dijeron en su interior: Este blasfema. [4] Conociendo Jesús sus pensamientos, dijo: ¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? [5] ¿Qué es más fácil, decir: tus pecados te son perdonados, o decir: levántate y anda? [6] Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados, dijo al paralítico: Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa. [7] El se levantó y se marchó a su casa. [8] Al ver esto las multitudes se atemorizaron y glorificaron a Dios por haber dado tal poder a los hombres.

[9] Cuando partía Jesús de allí, vio a un hombre sentado en el telonio, llamado Mateo, y le dijo: Sígueme. El se levantó y le siguió. [10] Estando él a la mesa en casa de Mateo, vinieron muchos publícanos y pecadores, y se pusieron también a la mesa con Jesús y sus discípulos. [11] Los fariseos, al ver esto, decían a sus discípulos: ¿Por qué vuestro maestro come con los publícanos y pecadores? [12] Pero él, al oírlo, dijo: No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. [13] Id y aprended qué sentido tiene: Misericordia quiero y no sacrificio; pues no he venido a llamar a los justos sino a los pecadores.

[14] Entonces se le acercaron los discípulos de Juan, diciendo: ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos con frecuencia, y en cambio tus discípulos no ayunan? [15] Jesús les respondió: ¿Acaso pueden estar de duelo los amigos del esposo mientras el esposo está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el esposo; entonces ayunarán.

[16] Nadie pone una pieza de paño nuevo a un vestido viejo, porque la pieza tiraría del vestido y se produciría un desgarrón peor. [17] Ni se echa vino nuevo en odres viejos, pues de lo contrario los odres reventarían, y el vino se derramaría, perdiéndose los odres; sino que el vino nuevo lo echan en odres nuevos y así ambos se conservan.

[18] Mientras les decía estas cosas, un hombre importante se acercó y postrándose le dijo: Mi hija acaba de morir, pero ven, impón tu mano sobre ella y vivirá. [19] Levantándose Jesús, le siguió junto con sus discípulos.

[20] En esto, una mujer que padecía flujo de sangre hacía doce años, acercándose por detrás, le tocó el borde de su manto. [21] Pues decía en su interior: Con sólo que toque su manto quedaré sana. [22] Jesús se volvió y mirándola, le dijo: Ten confianza, hija, tu fe te ha salvado. Y quedó sana la mujer desde aquella hora.

[23] Después de esto, al llegar Jesús a la casa de aquel personaje, viendo a los músicos fúnebres y a la multitud alterada, dijo: [24] Retiraos, la niña no ha muerto, sino que duerme. Pero se reían de él. [25] Y, una vez que fue echada fuera la multitud, entró, la tomó de la mano y se levantó la niña. [26] Y corrió esta noticia por toda aquella región.

[27] Al marcharse Jesús de allí, le siguieron dos ciegos diciendo a gritos: Ten piedad de nosotros, Hijo de David. [28] Cuando llegó a la casa se le acercaron los ciegos y Jesús les dijo: ¿Creéis que puedo hacer eso? Respondieron: Sí, Señor. [29] Entonces tocó sus ojos diciendo: Según vuestra fe así os suceda. [30] Y se les abrieron los ojos. Pero Jesús les ordenó severamente: Mirad que nadie lo sepa. [31] Ellos, por el contrario, una vez que salieron divulgaron la noticia por toda aquella región.

[32] Cuando se habían marchado, le presentaron un endemoniado mudo. [33] Expulsado el demonio, habló el mudo, y la multitud se admiró diciendo: Jamás se ha visto cosa igual en Israel. [34] Pero los fariseos decían: En virtud del príncipe de los demonios arroja a los demonios.

[35] Jesús recorría todas las ciudades y aldeas enseñando en sus sinagogas, predicando el Evangelio del Reino y curando toda enfermedad y toda dolencia. [36] Al ver a las multitudes se llenó de compasión por ellas, porque estaban maltratadas y abatidas como ovejas que no tienen pastor. [37] Entonces dijo a sus discípulos: La mies es mucha, pero los obreros pocos. [38] Rogad, pues, al Señor de la mies que envíe obreros a su mies.

DEL ANTIGUO AL NUEVO PUEBLO DE DIOS

Capítulo 10

[1] Habiendo llamado a sus doce discípulos, les dio poder para arrojar a los espíritus inmundos y para curar toda enfermedad y toda dolencia. [2] Los nombres de los doce Apóstoles son éstos: primero Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano; Santiago el de Zebedeo y Juan su hermano; [3] Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo y Tadeo; [4] Simón Cananeo y Judas Iscariote, el que le entregó.

[5] A estos doce envió Jesús dándoles estas instrucciones: No vayáis a tierra de gentiles ni entréis en ciudad de samaritanos; [6] sino id primero a las ovejas perdidas de la casa de Israel. [7] Id y predicad diciendo que el Reino de los Cielos está al llegar. [8] Curad a los enfermos, resucitad a los muertos, sanad a los leprosos, arrojad a los demonios; gratuitamente lo recibisteis, dadlo gratuitamente. [9] No llevéis oro, ni plata, ni dinero en vuestras fajas, [10] ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón, porque el que trabaja merece su sustento.

[11] En cualquier ciudad o aldea en que entréis, informaos sobre quién hay en ella digno; y quedaos allí hasta que salgáis. [12] Al entrar en una casa dadle vuestro saludo. [13] Si la casa fuera digna, venga vuestra paz sobre ella; pero si no fuera digna, vuestra paz revierta a vosotros. [14] Si alguien no os acoge ni escucha vuestras palabras, al salir de aquella casa o ciudad, sacudid el polvo de vuestros pies. [15] En verdad os digo que en el día del Juicio habrá menos rigor para la tierra de Sodoma y Gomorra que para esa ciudad.

[16] Mirad que yo os envío como ovejas en medio de lobos. Sed, pues, cautos como las serpientes y sencillos como las palomas.

[17] Guardaos de los hombres, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en sus sinagogas, [18] y seréis llevados ante los gobernadores y reyes por causa mía, para que deis testimonio ante ellos y los gentiles. [19] Pero cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo o qué habéis de hablar; porque en aquel momento os será dado lo que habéis de decir. [20] Pues no sois vosotros los que vais a hablar, sino el Espíritu de vuestro Padre quien hablará en vosotros. [21] Entonces el hermano entregará a la muerte al hermano, y el padre al hijo; y se levantarán los hijos contra los padres para hacerles morir. [22] Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre; pero quien persevere hasta el fin, ése será salvo. [23] Cuando os persigan en una ciudad, huid a otra; en verdad os digo que no acabaréis las ciudades de Israel antes que venga el Hijo del Hombre.

[24] No es el discípulo más que su maestro, ni el siervo más que su señor. [25] Le basta al discípulo llegar a ser como su maestro, y al siervo como su señor. Si al amo de la casa le han llamado Beelzebul, cuánto más a los de su casa. [26] No les tengáis miedo, pues nada hay oculto que no vaya a ser descubierto, ni secreto que no llegue a saberse. [27] Lo que os digo en la oscuridad, decidlo a plena luz; y lo que escuchasteis al oído, pregonadlo desde los terrados. [28] No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; temed ante todo al que puede hacer perder alma y cuerpo en el infierno. [29] ¿Acaso no se vende un par de pajarillos por un as? Pues bien, ni uno solo de ellos caerá en tierra sin que lo permita vuestro Padre. [30] En cuanto a vosotros, hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. [31] Por tanto, no tengáis miedo: vosotros valéis más que muchos pajarillos.

[32] A todo el que me confiese delante de los hombres, también yo le confesaré delante de mi Padre que está en los Cielos. [33] Pero al que me niegue delante de los hombres, también yo le negaré delante de mi Padre que está en los Cielos.

[34] No penséis que he venido a traer la paz a la tierra. No he venido a traer la paz sino la espada. [35] Pues he venido a enfrentar al hombre contra su padre, a la hija contra su madre y a la nuera contra su suegra. [36] Y los enemigos del hombre serán los de su misma casa.

[37] Quien ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y quien ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. [38] Quien no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí. [39] Quien encuentre su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí, la encontrará.

[40] Quien a vosotros recibe, a mí me recibe, y quien me recibe a mí, recibe al que me ha enviado. [41] Quien recibe a un profeta por ser profeta obtendrá recompensa de profeta, y quien recibe a un justo por ser justo obtendrá recompensa de justo. [42] Y todo el que dé de beber tan sólo un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños por ser discípulo, en verdad os digo que no quedará sin recompensa.

Capítulo 11

[1] Y sucedió que cuando terminó Jesús de dar estas instrucciones a sus doce discípulos, partió de allí para enseñar y predicar en sus ciudades.

[2] Entretanto Juan, que en la cárcel había tenido noticia de las obras de Cristo, envió a preguntarle por medio de sus discípulos: [3] ¿Eres tú el que ha de venir, o hemos de esperar a otro? [4] Y Jesús les respondió: Id y anunciad a Juan lo que estáis viendo y oyendo: [5] los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan sanos y los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se anuncia el Evangelio. [6] Y bienaventurado aquel que no se escandalice de mí.

[7] Al marcharse ellos, comenzó Jesús a decir a la multitud acerca de Juan: ¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿Acaso una caña agitada por el viento? [8] Entonces, ¿qué fuisteis a ver? ¿Acaso un hombre vestido con finos ropajes? Ved que los que llevan finos ropajes se encuentran en los palacios reales. [9] Entonces, ¿a qué salisteis? ¿A ver a un profeta? Sí, os lo aseguro, y más que un profeta. [10] Este es de quien está escrito: He aquí que yo envío a mi mensajero que te preceda, el cual preparará tu camino delante de ti. [11] En verdad os digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer nadie mayor que Juan el Bautista. Pero el más pequeño en el Reino de los Cielos es mayor que él. [12] Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el Reino de los Cielos padece violencia, y los esforzados lo conquistan. [13] Porque todos los Profetas y la Ley profetizaron hasta Juan. [14] Y si queréis comprenderlo, él es Elías, el que ha de venir. [15] El que tenga oídos, que oiga.

[16] ¿Con quién voy a comparar esta generación? Se parece a niños sentados en las plazas que, gritando a sus compañeros, [17] dicen: Os hemos cantado al son de la flauta y no habéis bailado; os hemos cantado lamentaciones y no habéis llorado.

[18] Porque ha venido Juan, que no come ni bebe, y dicen: Tiene un demonio. [19] Ha venido el Hijo del Hombre, que come y bebe, y dicen: Mirad un hombre comilón y bebedor, amigo de publicanos y pecadores. Pero la sabiduría se acredita por sus propias obras.

[20] Entonces se puso a reprochar a las ciudades donde se habían realizado la mayoría de sus milagros, porque no se habían convertido: [21] ¡Ay de ti, Corozaín, ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran realizado los milagros que han sido hechos en vosotras, hace tiempo que habrían hecho penitencia en saco y ceniza. [22] En verdad os digo que para Tiro y Sidón habrá menos rigor en el día del Juicio que para vosotras. [23] Y tú, Cafarnaún, ¿te vas a alzar hasta el cielo? ¡Hasta el infierno vas a descender! Porque si en Sodoma se hubiesen realizado los milagros que se han obrado en ti, subsistiría hasta hoy. [24] En verdad os digo que para la tierra de Sodoma habrá menos rigor en el día del Juicio que para ti.

[25] En aquel tiempo exclamó Jesús diciendo: Yo te alabo, Padre, Señor del Cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y prudentes, y las has revelado a los pequeños. [26] Sí, Padre, pues así fue tu beneplácito. [27] Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, ni nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quiera revelarlo.

[28] Venid a mí todos los fatigados y agobiados, y yo os aliviaré. [29] Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas: [30] porque mi yugo es suave y mi carga ligera.

Capítulo 12

[1] En aquel tiempo pasaba Jesús en sábado por medio de unos sembrados; sus discípulos tuvieron hambre y comenzaron a arrancar unas espigas y a comer. [2] Los fariseos, al verlo, le dijeron: Mira que tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en sábado. [3] Pero él les respondió: ¿No habéis leído lo que hizo David y los que le acompañaban cuando tuvieron hambre? [4] ¿Cómo entró en la Casa de Dios y comió los panes de la proposición, que no les era lícito comer ni a él ni a sus acompañantes, sino sólo a los sacerdotes? [5] ¿Y no habéis leído en la Ley que los sábados, los sacerdotes en el Templo quebrantan el descanso y no pecan? [6] Os digo que aquí está el que es mayor que el Templo. [7] Si hubierais entendido qué sentido tiene: Misericordia quiero y no sacrificio, no habríais condenado a los inocentes. [8] Porque el Hijo del Hombre es señor del sábado.

[9] Cuando partió de allí entró en la sinagoga, [10] donde había un hombre que tenía una mano seca, y le interrogaban para acusarle: ¿Es lícito curar en sábado? [11] El les respondió: ¿Quién de vosotros si tiene una oveja y se le cae en día de sábado dentro de un hoyo, no la agarra y la saca? [12] Pues cuánto más vale un hombre que una oveja. Por tanto, es lícito hacer el bien en sábado. [13] Entonces dijo al hombre: Extiende tu mano. Y la extendió y quedó sana como la otra.

[14] Al salir los fariseos tuvieron consejo contra él, para ver cómo perderle. [15] Pero Jesús, sabiéndolo, se alejó de allí, y le siguieron muchos y los curó a todos, [16] y les ordenó que no le descubriesen, [17] para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías: [18] He aquí mi Siervo a quien elegí, mi amado en quien se complace mi alma. Pondré mi Espíritu sobre él y anunciará la justicia a las naciones. [19] No disputará ni vociferará, nadie oirá sus gritos en las plazas. [20] No quebrará la caña cascada, ni apagará la mecha humeante, hasta que haga triunfar la justicia; [21] y en su nombre pondrán su esperanza las naciones.

[22] Entonces le trajeron un endemoniado ciego y mudo. Y lo curó, de manera que el mudo hablaba y veía. [23] Y toda la multitud se asombraba y decía: ¿No será éste el Hijo de David? [24] Pero los fariseos, al oírlo, dijeron: Este no expulsa los demonios sino por Beelzebul, príncipe de los demonios. [25] Jesús, que conocía sus pensamientos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo queda desolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma no podrá subsistir. [26] Si Satanás expulsa a Satanás, está dividido contra sí mismo. ¿Cómo puede entonces subsistir su reino? [27] Y si yo expulso los demonios por Beelzebul, vuestros hijos ¿por quién los expulsan? Por eso, ellos serán vuestros jueces. [28] Por tanto, si yo expulso los demonios por el Espíritu de Dios, es que el Reino de Dios ha llegado a vosotros. [29] ¿Cómo puede alguien entrar en casa del fuerte y saquear sus enseres, si antes no ata al fuerte? Sólo entonces podrá saquear su casa. [30] El que no está conmigo está contra mí, y el que no recoge conmigo desparrama.

[31] Por tanto, os digo: todo pecado y blasfemia se perdonarán a los hombres; pero la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada. [32] A cualquiera que diga una palabra contra el Hijo del Hombre, se le perdonará; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este mundo ni en el venidero.

[33] O tenéis por bueno el árbol y bueno su fruto, o declaráis malo el árbol y malo su fruto; porque por el fruto se conoce el árbol. [34] Raza de víboras, ¿cómo podéis decir cosas buenas, siendo malos? Pues de la abundancia del corazón habla la boca. [35] El hombre bueno del buen tesoro saca cosas buenas, pero el hombre malo del tesoro malo saca cosas malas. [36] Os digo que de toda palabra vana que hablen los hombres darán cuenta en el día del Juicio. [37] Por tus palabras, pues, serás justificado, y por tus palabras serás condenado.

[38] Entonces algunos de los escribas y fariseos se dirigieron a él, diciendo: Maestro, queremos ver de ti una señal. [39] El les respondió: Esta generación malvada y adúltera pretende una señal, pero no se le dará otra señal que la del profeta Jonás. [40] Pues así como estuvo Jonás en el vientre de la ballena tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el seno de la tierra tres días y tres noches. [41] Los hombres de Nínive se levantarán contra esta generación en el Juicio y la condenarán; porque se convirtieron ante la predicación de Jonás, y ved que aquí hay algo más que Jonás. [42] La reina del Mediodía se levantará contra esta generación en el Juicio y la condenará; porque vino de los confines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón, y ved que aquí hay algo más que Salomón.

[43] Cuando el espíritu inmundo ha salido del hombre, va errante por lugares áridos en busca de descanso, pero no lo encuentra. [44] Entonces dice: Volveré a mi casa, de donde salí. Y al llegar la encuentra desocupada, bien barrida y en orden. [45] Entonces va y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entrando habitan allí, con lo que la situación final de aquel hombre resulta peor que la primera. Así ocurrirá a esta generación malvada.

[46] Aún estaba él hablando a las multitudes, cuando su madre y sus hermanos se hallaban fuera intentando hablar con él. [47] Alguien le dijo entonces: Mira que tu madre y tus hermanos están fuera intentando hablarte. [48] Pero él respondió al que le hablaba: ¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos? [49] Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos. [50] Pues todo el que haga la voluntad de mi Padre que está en los Cielos, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre.

LAS PARÁBOLAS DEL REINO

Capítulo 13

 [1] Aquel día salió Jesús de casa y se sentó a la orilla del mar. [2] Se reunió junto a él tal multitud que hubo de subir a sentarse en una barca, mientras toda la multitud permanecía en la orilla. [3] Y se puso a hablarles muchas cosas en parábolas, diciendo: He aquí que salió el sembrador a sembrar. [4] Y al echar la semilla, parte cayó junto al camino y vinieron los pájaros y se la comieron. [5] Parte cayó en terreno rocoso, donde no había mucha tierra y brotó pronto por no ser hondo el suelo; [6] pero al salir el sol, se agostó y se secó porque no tenía raíz. [7] Otra parte cayó entre espinos; crecieron los espinos y la sofocaron. [8] Otra, en cambio, cayó en buena tierra y dio fruto, una parte el ciento, otra el sesenta y otra el treinta. [9] El que tenga oídos, que oiga.

[10] Los discípulos se acercaron a decirle: ¿Por qué les hablas en parábolas? [11] El les respondió: A vosotros se os ha dado conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no se les ha dado. [12] Porque al que tiene se le dará y abundará, pero al que no tiene incluso lo que tiene se le quitará. [13] Por eso les hablo en parábolas, porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden. [14] Y se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: Con el oído oiréis, pero no entenderéis, con la vista miraréis, pero no veréis. [15] Porque se ha embotado el corazón de este pueblo, han hecho duros sus oídos, y han cerrado sus ojos; no sea que vean con los ojos, y oigan con los oídos, y entiendan con el corazón y se conviertan, y yo los sane.

[16] Bienaventurados, en cambio, vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen. [17] Pues en verdad os digo que muchos profetas y justos ansiaron ver lo que vosotros estáis viendo y no lo vieron, y oír lo que vosotros estáis oyendo y no lo oyeron.

[18] Escuchad, pues, la parábola del sembrador. [19] Todo el que oye la palabra del Reino y no entiende, viene el Maligno y arrebata lo sembrado en su corazón: esto es lo sembrado junto al camino. [20] Lo sembrado sobre terreno rocoso es el que oye la palabra, y al punto la recibe con alegría; [21] pero no tiene en sí raíz, sino que es inconstante y, al venir una tribulación o persecución por causa de la palabra, en seguida tropieza y cae. [22] Lo sembrado entre espinos es el que oye la palabra, pero las preocupaciones de este mundo y la seducción de las riquezas sofocan la palabra y queda estéril. [23] Por el contrario, lo sembrado en buena tierra es el que oye la palabra y la entiende, y fructifica y produce el ciento, o el sesenta, o el treinta.

[24] Les propuso otra parábola: El Reino de los Cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo. [25] Pero, mientras dormían los hombres, vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo, y se fue. [26] Cuando brotó la hierba y echó espiga, entonces apareció también la cizaña. [27] Los siervos del amo acudieron a decirle: Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que tiene cizaña? [28] El les dijo: Algún enemigo lo hizo. Le respondieron los siervos: ¿Quieres que vayamos y la arranquemos? [29] Pero él les respondió: No, no sea que, al arrancar la cizaña, arranquéis junto con ella el trigo. [30] Dejad que crezcan ambas hasta la siega. Y al tiempo de la siega diré a los segadores: arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla; el trigo, en cambio, almacenadlo en mi granero.

[31] Otra parábola les propuso: El Reino de los Cielos es semejante al grano de mostaza que tomó un hombre y lo sembró en su campo; [32] es ciertamente la más pequeña de todas las semillas, pero cuando ha crecido es la mayor de las hortalizas, y llega a ser como un árbol, hasta el punto de que los pájaros del cielo acuden a anidar en sus ramas.

[33] Les dijo otra parábola: El Reino de los Cielos es semejante a la levadura que toma una mujer y mezcla con tres medidas de harina, hasta que todo fermenta. [34] Todas estas cosas habló Jesús a las multitudes en parábolas y nada les solía hablar sino en parábolas, [35] para que se cumpliese lo dicho por medio del Profeta: Abriré mi boca en parábolas, proclamaré las cosas que estaban ocultas desde la creación del mundo.

[36] Entonces, después de despedir a las multitudes, entró en la casa. Y se acercaron sus discípulos y le dijeron: Explícanos la parábola de la cizaña del campo. El les respondió: [37] El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre; [38] el campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del Reino; la cizaña son los hijos del Maligno. [39] El enemigo que la sembró es el diablo; la siega es el fin del mundo; los segadores son los ángeles. [40] Del mismo modo que se reúne la cizaña y se quema en el fuego, así será al fin del mundo. [41] El Hijo del Hombre enviará a sus ángeles y apartarán de su Reino a todos los que causan escándalo y obran la maldad, [42] y los arrojarán en el horno del fuego. Allí será el llanto y rechinar de dientes. [43] Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. Quien tenga oídos, que oiga.

[44] El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en el campo que, al encontrarlo un hombre, lo oculta y, gozoso del hallazgo, va y vende todo cuanto tiene y compra aquel campo.

[45] Asimismo el Reino de los Cielos es semejante a un comerciante que busca perlas finas [46] y, cuando encuentra una perla de gran valor, va y vende todo cuanto tiene y la compra.

[47] Asimismo el Reino de los Cielos es semejante a una red barredera que, echada en el mar, recoge toda clase de cosas. [48] Y cuando está llena la arrastran a la orilla, y sentándose echan lo bueno en cestos, mientras lo malo lo tiran fuera. [49] Así será el fin del mundo: saldrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos [50] y los arrojarán al horno del fuego. Allí será el llanto y rechinar de dientes.

[51] ¿Habéis entendido todo esto? Le respondieron: Sí. [52] El les dijo: Por eso, todo escriba instruido acerca del Reino de los Cielos es semejante a un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas antiguas.

[53] Sucedió que cuando terminó Jesús estas parábolas partió de allí. [54] Y, llegado a su ciudad, les enseñaba en su sinagoga, de manera que se admiraban y decían: ¿De dónde le viene a éste esa sabiduría y esos poderes? [55] ¿No es éste el hijo del artesano? ¿No se llama su madre María y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? [56] Y sus hermanas ¿no viven todas entre nosotros? ¿De dónde, pues, le viene todo esto? [57] Y se escandalizaban de él. Pero Jesús les dijo: No hay profeta menospreciado sino en su tierra y en su casa. [58] Y no hizo allí muchos milagros a causa de su incredulidad.

JESÚS SE RETIRA A LAS REGIONES LIMÍTROFES

Capítulo 14

[1] En aquel tiempo oyó Herodes el tetrarca la fama de Jesús, [2] y dijo a sus cortesanos: Este es Juan el Bautista que ha resucitado de entre los muertos, y por eso actúan en él poderes sobrehumanos. [3] Herodes, en efecto, había prendido a Juan, lo había encadenado y puesto en la cárcel a causa de Herodías la mujer de su hermano Filipo, [4] porque Juan le decía: No te es lícito tenerla. [5] Y aunque quería matarlo, temía al pueblo, porque lo tenían como profeta.

[6] El día del cumpleaños de Herodes salió a bailar la hija de Herodías y gustó tanto a Herodes [7] que juró darle cualquier cosa que pidiese. [8] Ella, instigada por su madre, dijo: Dame en esta bandeja la cabeza de Juan el Bautista. [9] El rey, entristecido por el juramento y por los comensales, ordenó dársela. [10] Y envió a decapitar a Juan en la cárcel; [11] trajeron su cabeza en la bandeja y se la dieron a la muchacha, que la entregó a su madre. [12] Acudieron luego sus discípulos, tomaron el cuerpo, lo enterraron y fueron a dar la noticia a Jesús.

[13] Al oírlo Jesús, se alejó de allí en una barca hacia un lugar desierto él solo. Cuando se enteraron las multitudes le siguieron a pie desde las ciudades. [14] Al desembarcar vio una gran multitud y se llenó de compasión por ella y curó a los enfermos. [15] Al atardecer se acercaron sus discípulos y le dijeron: El lugar es desierto y ya ha pasado la hora; despide a la gente para que vayan a las aldeas a comprarse alimentos. [16] Pero Jesús les dijo: No tienen necesidad de ir, dadles vosotros de comer. [17] Ellos le respondieron: No tenemos aquí más que cinco panes y dos peces. [18] El les dijo: Traédmelos aquí. [19] Entonces mandó a la gente que se acomodara en la hierba y, tomando los cinco panes y los dos peces, levantó los ojos al cielo, recitó la bendición, partió los panes y los dio a los discípulos y los discípulos a la gente. [20] Comieron todos hasta que quedaron satisfechos, y recogieron de los trozos sobrantes doce cestos llenos. [21] Los que comieron eran como unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.

[22] Inmediatamente después Jesús mandó a los discípulos que subieran a la barca y que se adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. [23] Y, despedida la multitud, subió al monte a orar a solas; y después de anochecer permanecía él solo allí. [24] Entretanto la barca estaba ya alejada de tierra muchos estadios, batida por las olas, porque el viento le era contrario. [25] En la cuarta vigilia de la noche vino hacia ellos caminando sobre el mar. [26] Cuando le vieron los discípulos caminando sobre el mar, se turbaron y decían: Es un fantasma; y llenos de miedo empezaron a gritar. [27] Pero al instante Jesús comenzó a decirles: Tened confianza, soy yo, no temáis. [28] Entonces Pedro le respondió: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. [29] El le dijo: Ven. Y Pedro, bajando de la barca, comenzó a andar sobre las aguas hacia Jesús. [30] Pero al ver que el viento era tan fuerte se atemorizó y, al empezar a hundirse, gritó diciendo: ¡Señor, sálvame! [31] Al punto Jesús, extendiendo su mano, lo sostuvo y le dijo: Hombre de poca fe, ¿por qué has dudado? [32] Y cuando subieron a la barca cesó el viento. [33] Los que estaban en la barca le adoraron diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios.

[34] Terminada la travesía llegaron a tierra a la altura de Genesaret. [35] Al reconocerlo los hombres de aquel lugar mandaron aviso a toda la comarca y le trajeron todos los enfermos, [36] y le suplicaban poder tocar aunque sólo fuera el borde de su manto; y todos aquellos que lo tocaron quedaron sanos.

Capítulo 15

 [1] Por entonces unos fariseos y escribas de Jerusalén se acercaron a Jesús y le dijeron: [2] ¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de nuestros mayores?, pues no se lavan las manos cuando comen pan. [3] El les respondió: ¿Y por qué vosotros quebrantáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición? [4] Porque Dios dijo: Honra a tu padre y a tu madre. Y el que maldiga a su padre o a su madre, sea castigado con la muerte. [5] Pero vosotros decís que si alguien dice a su padre o a su madre: Cualquier cosa mía que te aproveche sea declarada ofrenda, [6] ése ya no tiene obligación de honrar a su padre. Así habéis anulado la palabra de Dios por vuestra tradición. [7] Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías cuando dijo:

[8] Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. [9] En vano me dan culto, mientras enseñan doctrinas que son preceptos humanos.

[10] Y después de llamar a la multitud les dijo: Oíd y entended. [11] Lo que entra por la boca no hace impuro al hombre, sino lo que sale de la boca: eso sí hace impuro al hombre. [12] Entonces se acercaron los discípulos y le dijeron: ¿Sabes que los fariseos se han escandalizado al oír tus palabras? [13] Pero él les respondió: Toda planta que no plantó mi Padre Celestial será arrancada. [14] Dejadlos, son ciegos, guías de ciegos; y si un ciego guía a otro ciego, ambos caerán en el hoyo.

[15] Pedro entonces tomó la palabra y le dijo: Explícanos esa parábola. [16] El respondió: ¿También vosotros sois todavía incapaces de entender? [17] ¿No sabéis que lo que entra por la boca pasa al vientre y luego se echa a la cloaca? [18] Por el contrario, lo que procede de la boca sale del corazón, y eso es lo que hace impuro al hombre. [19] Pues del corazón proceden los malos pensamientos, homicidios, adulterios, actos impuros, robos, falsos testimonios y blasfemias. [20] Estas cosas son las que hacen al hombre impuro; pero el comer sin lavarse las manos no hace impuro al hombre.

[21] Después que Jesús partió de allí, se retiró a la región de Tiro y Sidón. [22] En esto una mujer cananea, venida de aquellos contornos, se puso a gritar: ¡Señor, Hijo de David, apiádate de mí! Mi hija es cruelmente atormentada por el demonio. [23] Pero él no le respondió palabra. Entonces, acercándose sus discípulos, le rogaban diciendo: Atiéndela y que se vaya, pues viene gritando detrás de nosotros. [24] El respondió: No he sido enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel. [25] Ella, no obstante, se acercó y se postró ante él diciendo: ¡Señor, ayúdame! [26] El le respondió: No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perrillos. [27] Pero ella dijo: Es verdad, Señor, pero también los perrillos comen de las migajas que caen de las mesas de sus amos. [28] Entonces Jesús le respondió: ¡Oh mujer, grande es tu fe! Hágase como tú quieres. Y quedó sana su hija en aquel instante.

[29] Y cuando Jesús salió de allí, vino junto al mar de Galilea, subió a la montaña y se sentó. [30] Acudió a él una gran multitud llevando consigo cojos, ciegos, lisiados, mudos y otros muchos enfermos, y los pusieron a sus pies y los curó; [31] de tal modo que se maravillaba la multitud viendo hablar a los mudos y quedar sanos los lisiados, andar a los cojos y ver a los ciegos, por lo que glorificaban al Dios de Israel.

[32] Jesús llamó a sus discípulos y dijo: Siento profunda compasión por la muchedumbre, porque hace ya tres días que permanecen junto a mí y no tienen qué comer; no quiero despedirlos en ayunas no sea que desfallezcan en el camino. [33] Pero le decían los discípulos: ¿De dónde vamos a sacar, estando en el desierto, tantos panes para alimentar a tan gran multitud? [34] Jesús les preguntó: ¿Cuántos panes tenéis? Ellos le respondieron: Siete y unos pocos pececillos. [35] Entonces ordenó a la multitud que se acomodase en el suelo. [36] Tomó los siete panes y los peces y, después de dar gracias, los partió y los fue dando a los discípulos, y los discípulos a la multitud.

[37] Y comieron todos y quedaron satisfechos. De los trozos sobrantes recogieron siete espuertas llenas. [38] Los que comieron eran unos cuatro mil hombres sin contar mujeres y niños. [39] Después de despedir a la muchedumbre, subió a la barca y se fue a los confines de Magadán.

Capítulo 16

 [1] Se acercaron los fariseos y saduceos y, para tentarle, le rogaron que les hiciera ver una señal del Cielo. [2] El les respondió: Al atardecer decís que va a hacer buen tiempo, porque está el cielo arrebolado; [3] y de mañana, que hoy habrá tormenta, porque el cielo está rojizo y lóbrego. Así que sabéis discernir el aspecto del cielo y no podéis discernir los signos de los tiempos. [4] Esta generación malvada y adúltera pide una señal, pero no se le dará otra que la señal de Jonás. Y, dejándolos, se marchó.

[5] Al pasar los discípulos a la otra orilla se olvidaron de llevar panes. [6] Jesús les dijo: Estad alerta y guardaos de la levadura de los fariseos y saduceos. [7] Pero ellos cavilaban diciendo interiormente: No hemos traído panes. [8] Conociéndolo Jesús dijo: Hombres de poca fe, ¿qué caviláis interiormente de que no habéis traído panes? [9] ¿No entendéis todavía? ¿No os acordáis de los cinco panes para los cinco mil hombres y de cuántos cestos recogisteis; [10] ni de los siete panes para los cuatro mil hombres y de cuántas espuertas recogisteis? [11] ¿Cómo no entendéis que no me refería a los panes? Guardaos de la levadura de los fariseos y saduceos. [12] Entonces entendieron que no se había referido a guardarse de la levadura del pan, sino de la doctrina de los fariseos y saduceos.

 [13] Cuando llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? [14] Ellos respondieron: Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o alguno de los profetas. [15] El les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? [16] Respondiendo Simón Pedro dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo. [17] Jesús le respondió: Bienaventurado eres, Simón hijo de Juan, porque no te ha revelado eso ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los Cielos. [18] Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. [19] Te daré las llaves del Reino de los Cielos; y todo lo que atares sobre la tierra quedará atado en los Cielos, y todo lo que desatares sobre la tierra, quedará desatado en los Cielos. [20] Entonces ordenó a los discípulos que no dijeran a nadie que él era el Cristo.

[21] Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que él debía ir a Jerusalén y padecer mucho de parte de los ancianos, de los príncipes de los sacerdotes y de los escribas, y ser muerto y resucitar al tercer día. [22] Pedro, tomándolo aparte, se puso a reprenderle diciendo: Lejos de ti, Señor; de ningún modo te ocurrirá eso. [23] Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: ¡Apártate de mí, Satanás! Eres escándalo para mí, pues no sientes las cosas de Dios sino las de los hombres.

[24] Entonces dijo Jesús a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame; [25] pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí, la encontrará. [26] Porque, ¿de qué sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?, o ¿qué podrá dar el hombre a cambio de su alma? [27] Porque el Hijo del Hombre ha de venir en la gloria de su Padre acompañado de sus ángeles, y entonces retribuirá a cada uno según su conducta. [28] En verdad os digo que hay algunos de los aquí presentes que no sufrirán la muerte hasta que vean al Hijo del Hombre venir en su Reino.

HACIA JUDEA Y JERUSALÉN

Capítulo 17

[1] Seis días después, tomó Jesús consigo a Pedro, a Santiago y a Juan su hermano, y los llevó a ellos solos a un monte alto, [2] y se transfiguró ante ellos, de modo que su rostro se puso resplandeciente como el sol y sus vestidos blancos como la luz. [3] En esto, se les aparecieron Moisés y Elías hablando con él. [4] Pedro, tomando la palabra, dijo a Jesús: Señor, qué bien estamos aquí; si quieres haré aquí tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. [5] Todavía estaba hablando, cuando una nube resplandeciente los cubrió y una voz desde la nube dijo: Este es mi Hijo, el Amado, en quien me he complacido: escuchadle.

[6] Los discípulos al oírlo cayeron de bruces llenos de temor. [7] Entonces se acercó Jesús y los tocó diciendo: Levantaos y no temáis. [8] Al alzar sus ojos no vieron a nadie, sino sólo a Jesús. [9] Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: A nadie contéis la visión hasta que el Hijo del Hombre haya resucitado de entre los muertos.

[10] Sus discípulos le preguntaron: ¿Por qué entonces dicen los escribas que Elías debe venir primero? [11] El les respondió: Elías ciertamente ha de venir y restaurará todas las cosas. [12] Pero yo os digo que Elías ya ha venido y no lo han reconocido, sino que han hecho con él lo que han querido. Así también el Hijo del Hombre ha de padecer de parte de ellos. [13] Entonces comprendieron los discípulos que les hablaba de Juan el Bautista.

[14] Al llegar donde la multitud, se acercó a él un hombre y, puesto de rodillas, [15] le suplicó: Señor, ten compasión de mi hijo, porque está lunático y sufre mucho; muchas veces se cae al fuego y otras al agua. [16] Lo he traído a tus discípulos y no lo han podido curar. [17] Jesús en respuesta dijo: ¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo tendré que estar con vosotros? ¿Hasta cuándo tendré que sufriros? Traédmelo aquí. [18] Le increpó Jesús y salió de él el demonio, y quedó curado el muchacho desde aquel momento. [19] Luego se acercaron a solas los discípulos a Jesús y le dijeron: ¿Por qué nosotros no hemos podido expulsarlo? [20] El les respondió: Por vuestra poca fe. Porque os digo que si tuvierais fe como un granito de mostaza, podríais decir a este monte: Trasládate de aquí allá, y se trasladaría, y nada os sería imposible.

[22] Cuando estaban en Galilea les dijo Jesús: El Hijo del Hombre debe ser entregado en manos de los hombres, [23] que lo matarán, pero al tercer día resucitará. Y se pusieron muy tristes.

[24] Llegados a Cafarnaún, se acercaron a Pedro los recaudadores del tributo y le dijeron: ¿No va a pagar vuestro Maestro la didracma? [25] Respondió: Sí. Al entrar en la casa se anticipó Jesús y le dijo: ¿Qué te parece, Simón? ¿De quiénes reciben tributo o censo los reyes de la tierra, de sus hijos o de los extraños? [26] Al responderle que de los extraños, le dijo Jesús: Luego los hijos están exentos; [27] pero para no escandalizarlos, ve al mar, echa el anzuelo y el primer pez que pique sujétalo, ábrele la boca y encontrarás un estáter; tómalo y dalo por mí y por ti.

DISCURSO SOBRE LA VIDA DE LA IGLESIA

Capítulo 18

[1] En aquella ocasión se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: ¿Quién juzgas que es el mayor en el Reino de los Cielos? [2] Entonces, llamando a un niño, lo puso en medio de ellos [3] y dijo: En verdad os digo: si no os convertís y os hacéis como los niños no entraréis en el Reino de los Cielos. [4] Pues todo el que se humille como este niño, ése es el mayor en el Reino de los Cielos; [5] y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe. [6] Pero al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le colgasen al cuello una piedra de molino, de las que mueve un asno, y lo arrojasen al fondo del mar. [7] ¡Ay del mundo por los escándalos! Es inevitable que vengan los escándalos. Sin embargo ¡ay del hombre por cuya culpa se produce el escándalo! [8] Si tu mano o tu pie te escandaliza, córtalo y arrójalo lejos de ti. Más te vale entrar en la Vida manco o cojo, que ser arrojado al fuego eterno con las dos manos o los dos pies. [9] Y si tu ojo te escandaliza, arráncatelo y tíralo lejos de ti. Más te vale entrar en la Vida tuerto, que ser arrojado al fuego del infierno con los dos ojos.

[10] Guardaos de despreciar a uno de estos pequeños, pues os digo que sus ángeles en los Cielos están viendo siempre el rostro de mi Padre que está en los Cielos.

[12] ¿Qué os parece? Si a un hombre que tiene cien ovejas se le pierde una de ellas, ¿no dejará las noventa y nueve en el monte e irá a buscar la que se ha perdido? [13] Y si llega a encontrarla, os aseguro que se alegrará más por ella que por las noventa y nueve que no se habían perdido. [14] Del mismo modo, no es voluntad de vuestro Padre que está en los Cielos que se pierda ni uno solo de estos pequeños.

[15] Si tu hermano peca contra ti, ve y corrígele a solas tú con él. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. [16] Si no escucha, toma entonces contigo a uno o dos, para que cualquier asunto quede firme por la palabra de dos o tres testigos. [17] Pero si no quiere escucharlos, díselo a la Iglesia. Si tampoco quiere escuchar a la Iglesia, tenlo por pagano y publicano.

[18] Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el Cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el Cielo.

[19] Os aseguro también que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra sobre cualquier cosa que quieran pedir, mi Padre que está en los Cielos se lo concederá. [20] Pues donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.

[21] Entonces, acercándose Pedro, le preguntó: Señor, ¿cuántas veces he de perdonar a mi hermano, cuando peque contra mí? ¿Hasta siete? [22] Jesús le respondió: No te digo que hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. [23] Por eso el Reino de los Cielos viene a ser semejante a un rey que quiso arreglar cuentas con sus siervos. [24] Puesto a hacer cuentas, le presentaron uno que le debía diez mil talentos. [25] Como no podía pagar, el señor mandó que fuese vendido él con su mujer y sus hijos y todo lo que tenía, y así pagase. [26] Entonces el servidor, echándose a sus pies, le suplicaba: Ten paciencia conmigo y te pagaré todo. [27] El señor, compadecido de aquel siervo, lo mandó soltar y le perdonó la deuda. [28] Al salir aquel siervo, encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándole, lo ahogaba y le decía: Págame lo que me debes. [29] Su compañero, echándose a sus pies, le suplicaba: Ten paciencia conmigo y te pagaré. [30] Pero no quiso, sino que fue y lo hizo meter en la cárcel, hasta que pagase la deuda. [31] Al ver sus compañeros lo ocurrido, se disgustaron mucho y fueron a contar a su señor lo que había pasado. [32] Entonces su señor lo mandó llamar y le dijo: Siervo malvado, yo te he perdonado toda la deuda porque me lo has suplicado. [33] ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo la he tenido de ti? [34] Y su señor, irritado, lo entregó a los verdugos, hasta que pagase toda la deuda. [35] Del mismo modo hará con vosotros mi Padre Celestial, si cada uno no perdona de corazón a su hermano.

Capítulo 19

[1] Y sucedió que, cuando terminó Jesús estos discursos, partió de Galilea y fue a la región de Judea, al otro lado del Jordán, [2] a donde le siguieron grandes multitudes, y los curó allí. [3] En esto, se acercaron a él unos fariseos y le preguntaron para tentarle: ¿Es lícito a un hombre repudiar a su mujer por cualquier motivo? [4] El respondió: ¿No habéis leído que al principio el Creador los hizo varón y hembra, [5] y que dijo: Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne? [6] Así, pues, ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios unió no lo separe el hombre. [7] Ellos le replicaron: ¿Por qué entonces Moisés mandó dar el libelo de repudio y despedirla? [8] El les respondió: Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres a causa de la dureza de vuestro corazón; pero al principio no fue así. [9] Sin embargo yo os digo: cualquiera que repudie a su mujer `a no ser por fornicación` y se una con otra, comete adulterio.

[10] Dícenle los discípulos: Si tal es la condición del hombre con respecto a su mujer, no trae cuenta casarse. [11] El les respondió: No todos son capaces de entender esta doctrina, sino aquellos a quienes se les ha concedido. [12] En efecto, hay eunucos que así nacieron del seno de su madre; también hay eunucos que así han quedado por obra de los hombres; y los hay que se han hecho tales a sí mismos por el Reino de los Cielos. Quien sea capaz de entender, que entienda.

Jesús bendice a los niños

[13] Entonces le presentaron unos niños, para que les impusiera las manos y orase; pero los discípulos les reñían. [14] Ante esto, Jesús dijo: Dejad a los niños y no les impidáis que vengan a mí, porque de éstos es el Reino de los Cielos. [15] Y después de imponerles las manos, se marchó de allí.

[16] Y se le acercó uno, y le dijo: Maestro, ¿qué cosas buenas debo hacer para alcanzar la vida eterna? [17] El le respondió: ¿Por qué me preguntas acerca de lo bueno? Uno sólo es el bueno. Por lo demás, si quieres entrar en la Vida, guarda los mandamientos. [18] Le preguntó: ¿Cuáles? Jesús le respondió: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no dirás falso testimonio, [19] honra a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo.

[20] Díjole el joven: Todo esto lo he guardado. ¿Qué me falta aún? [21] Jesús le respondió: Si quieres ser perfecto, ve, vende cuanto tienes y dalo a los pobres, y tendrás un tesoro en los Cielos; luego ven y sígueme. [22] Al oír el joven estas palabras se marchó triste, pues tenía muchas posesiones.

[23] Jesús dijo entonces a sus discípulos: En verdad os digo: difícilmente entrará un rico en el Reino de los Cielos. [24] Es más, os digo que es más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de Dios.

[25] Cuando oyeron esto sus discípulos, quedaron muy asombrados y decían: Entonces, ¿quién podrá salvarse? [26] Jesús, fijando su mirada en ellos, les dijo: Para el hombre esto es imposible, para Dios, sin embargo, todo es posible. [27] Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo: Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido, ¿qué recompensa tendremos?

[28] Jesús les respondió: En verdad os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en su trono de gloria, vosotros, los que me habéis seguido, también os sentaréis en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel. [29] Y todo el que haya dejado casa, hermanos o hermanas, padre o madre, o hijos, o campos, por causa de mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará la vida eterna. [30] Porque muchos primeros serán últimos y muchos últimos serán primeros.

Capítulo 20

[1] El Reino de los Cielos es semejante a un amo que salió al amanecer a contratar obreros para su viña. [2] Después de haber convenido con los obreros en un denario al día, los envió a su viña. [3] Salió también hacia la hora de tercia y vio a otros que estaban en la plaza parados, [4] y les dijo: Id también vosotros a mi viña y os daré lo que sea justo. [5] Ellos marcharon. De nuevo salió hacia la hora de sexta y de nona e hizo lo mismo. [6] Hacia la hora undécima volvió a salir y todavía encontró a otros parados, y les dijo: ¿Cómo es que estáis aquí todo el día ociosos? [7] Le contestaron: Porque nadie nos ha contratado. Les dijo: Id también vosotros a mi viña. [8] A la caída de la tarde dijo el amo de la viña a su administrador: Llama a los obreros y dales el jornal, empezando por los últimos hasta llegar a los primeros. [9] Vinieron los de la hora undécima y percibieron un denario cada uno. [10] Al venir los primeros pensaban que cobrarían más, pero también ellos recibieron un denario cada uno. [11] Cuando lo tomaron murmuraban contra el amo, [12] diciendo: A estos últimos que han trabajado sólo una hora los has equiparado a nosotros, que hemos soportado el peso del día y el calor. [13] El respondió a uno de ellos: Amigo, no te hago ninguna injusticia; ¿acaso no conveniste conmigo en un denario? [14] Toma lo tuyo y vete; quiero dar a este último lo mismo que a ti. [15] ¿No puedo yo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O es que vas a ver con malos ojos que yo sea bueno? [16] Así los últimos serán primeros y los primeros últimos.

[17] Cuando subía Jesús camino de Jerusalén tomó aparte a sus doce discípulos y les dijo: [18] Mirad que subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los príncipes de los sacerdotes y a los escribas, le condenarán a muerte, [19] y le entregarán a los gentiles para burlarse de él y azotarlo y crucificarlo, pero al tercer día resucitará.

[20] Entonces se acercó a él la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, y se postró para hacerle una petición. [21] El le preguntó: ¿Qué quieres? Ella le dijo: Di que estos dos hijos míos se sienten en tu Reino, uno a tu derecha y otro a tu izquierda. [22] Jesús respondió: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber? Le dijeron: Podemos. [23] El añadió: Mi cáliz sí lo beberéis; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me corresponde concederlo, sino que es para quienes ha dispuesto mi Padre.

[24] Al oír esto, los diez se indignaron contra los dos hermanos. [25] Pero Jesús les llamó y les dijo: Sabéis que los que gobiernan los pueblos los oprimen y los poderosos los avasallan. [26] No ha de ser así entre vosotros; por el contrario, quien entre vosotros quiera llegar a ser grande, sea vuestro servidor; [27] y quien entre vosotros quiera ser el primero, sea vuestro esclavo. [28] De la misma manera que el Hijo del Hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en redención por muchos.

[29] Cuando salían de Jericó le seguía una gran multitud. [30] Y he aquí que dos ciegos, sentados a la vera del camino, al oír que pasaba Jesús se pusieron a gritar: ¡Señor, Hijo de David, ten compasión de nosotros! [31] La multitud les regañaba para que se callaran, pero ellos gritaban más fuerte diciendo: ¡Señor, Hijo de David, ten compasión de nosotros! [32] Jesús se paró, los llamó y les dijo: ¿Qué queréis que os haga? [33] Le respondieron: Señor, que se abran nuestros ojos. [34] Jesús, compadecido, les tocó los ojos y al instante comenzaron a ver, y le siguieron.

MINISTERIO EN JERURALÉN

Capítulo 21

[1] Cuando se acercaban a Jerusalén, al llegar a Betfagé, junto al Monte de los Olivos, Jesús envió a dos de sus discípulos, [2] diciéndoles: Id a esa aldea que veis enfrente y encontraréis en seguida un asna atada, con su pollino al lado; desatadlos y traédmelos. [3] Si alguien os dijera algo, respondedle que el Señor los necesita, y al momento los soltará. [4] Esto sucedió para que se cumpliera lo dicho por medio del Profeta: [5] Decid a la hija de Sión: He aquí que viene a ti tu Rey con mansedumbre, sentado sobre un asno, sobre un borrico, hijo de burra de carga. [6] Los discípulos marcharon e hicieron como Jesús les había ordenado. [7] Trajeron el asna y el pollino, pusieron sobre ellos los mantos y le hicieron montar encima. [8] Una gran multitud extendió sus propios mantos por el camino; otros cortaban ramas de árboles y las echaban por el camino; [9] las multitudes que iban delante y detrás de él, clamaban diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas! [10] Al entrar en Jerusalén, se conmovió toda la ciudad y se preguntaban: ¿Quién es éste? [11] La multitud decía: Este es el profeta Jesús, el de Nazaret de Galilea.

[12] Entró Jesús en el Templo y expulsó a todos los que vendían y compraban en el Templo; volcó las mesas de los cambistas y los puestos de los que vendían palomas, [13] mientras les decía: Escrito está: Mi casa será llamada casa de oración, pero vosotros la estáis haciendo una cueva de ladrones.

[14] Mientras estaba en el Templo, se acercaron a él ciegos y cojos y los curó.

[15] Los príncipes de los sacerdotes y los escribas, al ver los milagros que hacía, y a los niños que aclamaban en el Templo diciendo: Hosanna al Hijo de David, se irritaron [16] y le dijeron: ¿Oyes lo que dicen éstos? Jesús les respondió: Sí; ¿no habéis leído nunca: De la boca de los pequeños y de los niños de pecho te preparaste la alabanza? [17] Y dejándolos, salió fuera de la ciudad, a Betania, y allí pasó la noche.

[18] Muy de mañana, cuando volvía a la ciudad, sintió hambre. [19] Y viendo una higuera junto al camino, se acercó, pero nada encontró en ella sino sólo hojas; le dijo: Nunca jamás brote de ti fruto alguno. Y al instante se secó la higuera. [20] Al ver esto los discípulos se maravillaron y dijeron: ¿Cómo tan de repente se ha secado la higuera? [21] Jesús les dijo: En verdad os digo que si tenéis fe y no dudáis, no sólo haréis lo de la higuera, sino que incluso si decís a este monte: Arráncate y échate al mar, se hará. [22] Y todo cuanto pidáis con fe en la oración lo recibiréis.

CONTROVERSIAS CON LOS JUDÍOS

[23] Cuando llegó al Templo se acercaron a él, mientras enseñaba, los príncipes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo y le preguntaron: ¿Con qué potestad haces estas cosas? y ¿quién te ha dado tal potestad? [24] Jesús les respondió: También yo os voy a hacer una pregunta; si me la contestáis, yo os diré a mi vez con qué potestad hago estas cosas. [25] El bautismo de Juan, ¿de dónde era?, ¿del Cielo o de los hombres? Ellos deliberaban entre sí diciendo: Si decimos que del Cielo, nos responderá: ¿Por qué, pues, no le creísteis? [26] Si decimos que de los hombres, hemos de temer a la gente; pues todos tienen a Juan por profeta. [27] Contestaron a Jesús: No lo sabemos. El les respondió a su vez: Ni yo os digo con qué potestad hago estas cosas.

[28] ¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos; dirigiéndose al primero, le mandó: Hijo, ve hoy a trabajar en la viña. [29] Pero él le contestó: No quiero. Sin embargo se arrepintió después y fue. [30] Dirigiéndose entonces al segundo, le dijo lo mismo. Este le respondió: Voy, señor; pero no fue. [31] ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre? El primero, dijeron ellos. Jesús prosiguió: En verdad os digo que los publicanos y las meretrices os van a preceder en el Reino de Dios. [32] Porque vino Juan a vosotros por camino de justicia y no le creísteis; en cambio, los publicanos y las meretrices le creyeron. Pero vosotros, ni siquiera viendo esto os movisteis después a penitencia para poder creerle.

[33] Escuchad otra parábola. Cierto hombre que era propietario plantó una viña, la rodeó de una cerca y cavó en ella un lagar, edificó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó de allí. [34] Cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió sus criados a los labradores para percibir sus frutos. [35] Pero los labradores, agarrando a los criados, a uno lo golpearon, a otro lo mataron y a otro lo lapidaron. [36] De nuevo envió a otros criados en mayor número que los primeros, pero hicieron con ellos lo mismo. [37] Por último les envió a su hijo, diciéndose: A mi hijo lo respetarán. [38] Pero los labradores, al ver al hijo, dijeron entre sí: Este es el heredero. Vamos, matémoslo y nos quedaremos con su heredad. [39] Y, agarrándolo, lo echaron fuera de la viña y lo mataron. [40] Cuando venga el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores? [41] Le contestaron: A esos malvados les dará una mala muerte, y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo. [42] Jesús les dijo: ¿Acaso no habéis leído en las Escrituras: La piedra que rechazaron los constructores, ésta ha llegado a ser piedra angular. Es el Señor quien ha hecho esto y es admirable a nuestros ojos? [43] Por esto os digo que os será quitado el Reino de Dios y será dado a un pueblo que rinda sus frutos. [44] Y quien caiga sobre esta piedra quedará destrozado, y sobre quien ella caiga, lo aplastará.

[45] Al oír los príncipes de los sacerdotes y los fariseos sus parábolas, comprendieron que se refería a ellos.

[46] Y aunque querían prenderle, tuvieron miedo a la multitud, porque lo tenían como profeta.

Capítulo 22

[1] Jesús les habló de nuevo en parábolas diciendo: [2] El Reino de los Cielos es semejante a un rey que celebró las bodas de su hijo, [3] y envió a sus criados a llamar a los invitados a las bodas; pero éstos no querían acudir. [4] Nuevamente envió a otros criados ordenándoles: Decid a los invitados: mirad que tengo preparado ya mi banquete, se ha hecho la matanza de mis terneros y reses cebadas, y todo está a punto; venid a las bodas. [5] Pero ellos, sin hacer caso, se marcharon uno a sus campos, otro a sus negocios; [6] los demás echaron mano a los siervos, los maltrataron y dieron muerte. [7] El rey se encolerizó y, enviando a sus tropas, acabó con aquellos homicidas y prendió fuego a su ciudad. [8] Luego dijo a sus criados: Las bodas están preparadas pero los invitados no eran dignos. [9] Id, pues, a los cruces de los caminos y llamad a las bodas a cuantos encontréis. [10] Los criados, saliendo a los caminos, reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos; y se llenó de comensales la sala de bodas. [11] Entró el rey para ver a los comensales, y se fijó en un hombre que no vestía traje de boda; [12] y le dijo: Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin llevar traje de boda? Pero él se calló. [13] Entonces dijo el rey a sus servidores: Atadlo de pies y manos y echadlo a las tinieblas de afuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes. [14] Porque muchos son los llamados, pero pocos los elegidos.

[15] Entonces los fariseos se retiraron y tuvieron consejo para ver cómo podían cazarle en alguna palabra. [16] Y le enviaron sus discípulos, junto con los herodianos, a preguntarle: Maestro, sabemos que eres veraz y que enseñas de verdad el camino de Dios, y que no te dejas llevar de nadie, pues no haces acepción de personas. [17] Dinos, por tanto, qué te parece: ¿es lícito dar tributo al César, o no? [18] Conociendo Jesús su malicia, respondió: ¿Por qué me tentáis, hipócritas? [19] Enseñadme la moneda del tributo. Y ellos le mostraron un denario. [20] Jesús les preguntó: ¿De quién es esta imagen y esta inscripción? [21] Le respondieron: Del César. Entonces les dijo: Dad, pues, al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. [22] Al oírlo se quedaron admirados y dejándole se marcharon.

[23] Aquel día se acercaron a él unos saduceos, que niegan la resurrección, y le interrogaron: [24] Maestro, Moisés dijo: Si alguien muriese sin tener hijos, que su hermano se case con la mujer, para dar descendencia a su hermano. [25] Pues bien, había entre nosotros siete hermanos; el primero, una vez casado, falleció, y, al no tener descendencia, dejó su mujer a su hermano. [26] Lo mismo sucedió con el segundo y el tercero hasta el séptimo. [27] Después de todos ellos, murió la mujer. [28] Entonces, en la resurrección, ¿de cuál de los siete será mujer?, puesto que la tuvieron todos. [29] Jesús les respondió: Estáis en el error por no entender las Escrituras ni el poder de Dios: [30] pues en la resurrección ni los hombres tomarán mujer, ni las mujeres marido, sino que serán en el Cielo como los ángeles. [31] Y en cuanto a la resurrección de los muertos, ¿no habéis leído lo que os fue dicho por Dios: [32] Yo soy el Dios de Abrahán y el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? Ahora bien, no es Dios de muertos sino de vivos. [33] Y la muchedumbre, al oírlo, se admiraba de su doctrina.

[34] Los fariseos, al oír que había hecho callar a los saduceos, se pusieron de acuerdo, [35] y uno de ellos, doctor de la ley, le preguntó para tentarle: [36] Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley? [37] El le respondió: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente. [38] Este es el mayor y el primer mandamiento. [39] El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. [40] De estos dos mandamientos pende toda la Ley y los Profetas.

[41] Estando reunidos los fariseos, Jesús les preguntó: [42] ¿Qué pensáis del Mesías? ¿De quién es hijo? Le respondieron: De David. [43] Les volvió a preguntar: ¿Cómo, entonces, David, movido por el Espíritu, le llama Señor al decir: [44] Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos bajo tus pies? [45] Pues si David le llama Señor, ¿cómo va a ser hijo suyo? [46] Y nadie podía responderle una palabra; y desde aquel día ninguno se atrevió a hacerle más preguntas.

Capítulo 23

 [1] Entonces Jesús habló a las multitudes y a sus discípulos [2] diciéndoles: En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. [3] Haced y cumplid todo cuanto os digan; pero no hagáis según sus obras, pues dicen pero no hacen. [4] Atan cargas pesadas e insoportables y las ponen sobre los hombros de los demás, pero ellos ni con un dedo quieren moverlas. [5] Hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres; ensanchan sus filacterias y alargan sus franjas. [6] Apetecen los primeros puestos en los banquetes, los primeros asientos en las sinagogas [7] y los saludos en las plazas, y que la gente les llame Rabí. [8] Vosotros, al contrario, no os hagáis llamar Rabí, porque sólo uno es vuestro Maestro y todos vosotros sois hermanos. [9] A nadie llaméis padre vuestro sobre la tierra, porque sólo uno es vuestro Padre, el celestial. [10] Tampoco os hagáis llamar doctores, porque vuestro Doctor es uno sólo: Cristo. [11] El mayor entre vosotros sea vuestro servidor. [12] El que se ensalce a sí mismo será humillado, y el que se humille a sí mismo será ensalzado.

[13] ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis el Reino de los Cielos a los hombres! Porque ni vosotros entráis, ni dejáis entrar a los que entrarían.

[15] ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas!, que vais dando vueltas por mar y tierra para hacer un solo prosélito y, una vez convertido, le hacéis hijo del infierno dos veces más que vosotros.

[16] ¡Ay de vosotros, guías ciegos!, que decís: El jurar por el Templo no es nada; pero si uno jura por el oro del Templo, queda obligado. [17] ¡Necios y ciegos! ¿Qué es más: el oro o el Templo que santifica al oro? [18] Y el jurar por el altar no es nada; pero si uno jura por la ofrenda que está sobre él, queda obligado. [19] ¡Ciegos! ¿Qué es más: la ofrenda o el altar que santifica la ofrenda? [20] Por tanto, quien ha jurado por el altar, jura por él y por todo lo que hay sobre él. [21] Y quien ha jurado por el Templo, jura por él y por Aquel que en él habita. [22] Y quien ha jurado por el Cielo, jura por el trono de Dios y por Aquel que en él está sentado.

[23] ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas!, que pagáis el diezmo de la menta, del eneldo y del comino, pero habéis abandonado lo más importante de la Ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad. Estas cosas había que hacer, sin omitir aquéllas. [24] ¡Guías ciegos!, que coláis un mosquito y os tragáis un camello.

[25] ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas!, que limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro quedan llenos de carroña e inmundicia. [26] Fariseo ciego, limpia primero el interior de la copa, para que llegue a estar limpio también el exterior.

[27] ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas!, que sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera aparecen hermosos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda podredumbre. [28] Así también vosotros por fuera aparecéis justos ante los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía y de iniquidad.

[29] ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas!, que edificáis los sepulcros de los profetas y adornáis las tumbas de los justos, [30] y decís: Si hubiéramos vivido en los días de nuestros padres, no habríamos sido sus cómplices en la sangre de los profetas. [31] Así, pues, atestiguáis contra vosotros mismos que sois hijos de los que mataron a los profetas. [32] Y vosotros, colmad la medida de vuestros padres.

[33] ¡Serpientes, raza de víboras! ¿Cómo podréis escapar de la condenación del infierno? [34] Por eso he aquí que voy a enviar a vosotros profetas, sabios y escribas; a unos mataréis y crucificaréis, y a otros los flagelaréis en vuestras sinagogas y perseguiréis de ciudad en ciudad, [35] para que caiga sobre vosotros toda sangre inocente que ha sido derramada sobre la tierra, desde la sangre del justo Abel hasta la sangre de Zacarías, hijo de Baraquías, al que matasteis entre el Templo y el altar. [36] En verdad os digo: todo esto caerá sobre esta generación.

[37] ¡Jerusalén, Jerusalén!, que matas a los profetas y lapidas a los que te son enviados. Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como la gallina cobija a sus polluelos bajo las alas, y no quisiste. [38] He aquí que vuestra casa se os va a quedar desierta. [39] Así, pues, os aseguro que no me veréis hasta que digáis: Bendito el que viene en nombre del Señor.

DISCURSO ESCATOLÓGICO

Capítulo 24

[1] Después que Jesús salió del Templo, mientras se alejaba, se acercaron sus discípulos para llamar su atención sobre las construcciones del Templo. [2] Pero él les dijo: ¿Veis todo esto? En verdad os digo que no quedará aquí piedra sobre piedra que no sea derruida.

[3] Estando él sentado en el Monte de los Olivos, se le acercaron sus discípulos a solas y le preguntaron: Dinos cuándo ocurrirán estas cosas y cuál será el signo de tu venida y de la consumación del mundo.

[4] Jesús les respondió: Mirad que nadie os engañe; [5] pues muchos vendrán en mi nombre diciendo: Yo soy el Cristo, y seducirán a muchos. [6] Oiréis hablar de guerras y de rumores de guerras. Mirad, no os turbéis, pues es necesario que ocurra, pero todavía no es el fin. [7] Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, y habrá hambres y terremotos en diversos lugares. [8] Todo esto es el comienzo de los dolores.

[9] Entonces os entregarán al tormento, os matarán y seréis odiados por todas las gentes a causa de mi nombre. [10] Y se escandalizarán muchos, se traicionarán mutuamente y se odiarán unos a otros. [11] Surgirán muchos falsos profetas y seducirán a muchos. [12] Y, al desbordarse la iniquidad, se enfriará la caridad de muchos. [13] Pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará. [14] Y será predicado este Evangelio del Reino en todo el mundo en testimonio para todas las gentes, y entonces vendrá el fin.

[15] Cuando veáis, pues, la abominación de la desolación, predicha por el profeta Daniel, erigida en el lugar santo `quien lea, entienda`, [16] entonces los que estén en Judea huyan a los montes; [17] quien esté en el terrado no baje a tomar nada de su casa, [18] y quien esté en el campo no vuelva para tomar su manto. [19] ¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días! [20] Rogad, pues, para que vuestra huida no ocurra en invierno ni en sábado.

[21] Habrá entonces una gran tribulación, como no la hubo desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá. [22] Y si tales días no fuesen abreviados, no se salvaría nadie; pero en atención a los elegidos serán abreviados aquellos días

[23] Entonces, si alguien os dijese que el Cristo está aquí o allí, no lo creáis; [24] porque surgirán falsos mesías y falsos profetas, y se presentarán con grandes señales y prodigios para engañar, si fuera posible, incluso a los elegidos. [25] Mirad que os lo he predicho. [26] Si, pues, os dijeran que está en el desierto, no vayáis; o que está en un lugar oculto, no lo creáis. [27] De la misma manera que el relámpago sale del oriente y brilla hasta el occidente, así será la venida del Hijo del Hombre. [28] Donde quiera que esté el cuerpo allí se reunirán las águilas. [29] Inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo y las potestades de los cielos se conmoverán. [30] Entonces aparecerá en el Cielo la señal del Hijo del Hombre, y en ese momento todas las tribus de la tierra prorrumpirán en llantos. Y verán al Hijo del Hombre que viene sobre las nubes del cielo con gran poder y gloria. [31] Y enviará a sus ángeles que, con trompeta clamorosa, reunirán a sus elegidos desde los cuatro vientos, de un extremo a otro de los cielos.

[32] Aprended de la higuera esta parábola: Cuando sus ramas están ya tiernas y brotan las hojas, conocéis que el verano está cerca. [33] Así también vosotros, cuando viereis todas estas cosas, sabed que es inminente, que está a las puertas. [34] En verdad os digo que no pasará esta generación hasta que todo esto ocurra. [35] El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

[36] Pero acerca de aquel día y hora nadie sabe, ni los ángeles de los Cielos, ni el Hijo, sino sólo el Padre. [37] Lo mismo que en el tiempo de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre. [38] Pues, como en los días que precedieron al diluvio comían y bebían, tomaban mujer o marido hasta el día mismo en que entró Noé en el arca, [39] y no se dieron cuenta sino cuando llegó el diluvio y los arrebató a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre. [40] Entonces estarán dos en el campo: uno será tomado y el otro dejado. [41] Dos mujeres estarán moliendo en el molino: una será tomada y la otra dejada.

[42] Velad, pues, ya que no sabéis en qué día vendrá vuestro Señor. [43] Sabed esto, que si el amo supiera a qué hora de la noche habría de venir el ladrón, estaría ciertamente velando y no dejaría que le horadasen su casa. [44] Por tanto, estad también vosotros preparados, porque a la hora que no sabéis vendrá el Hijo del Hombre.

[45] ¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, a quien su señor puso al frente de la servidumbre, para darles el alimento a su tiempo? [46] Dichoso aquel siervo, a quien su amo al venir encuentre haciendo así. [47] En verdad os digo que le pondrá al frente de toda su hacienda. [48] Pero si ese siervo fuese malo y pensara en su interior: Mi señor tardará, [49] y comenzase a golpear a sus compañeros y a comer y beber con los borrachos, [50] el día que menos espere y a una hora desconocida vendrá el amo de ese siervo, [51] y le dará el mayor castigo y le hará correr la suerte de los hipócritas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.

Capítulo 25

[1] Entonces el Reino de los Cielos será semejante a diez vírgenes, que tomando sus lámparas salieron a recibir al esposo. [2] Cinco de ellas eran necias y cinco prudentes; [3] pero las necias, al tomar sus lámparas, no llevaron consigo aceite; [4] las prudentes, en cambio, junto con las lámparas llevaron aceite en sus alcuzas. [5] Como tardase en venir el esposo les entró sueño a todas y se durmieron. [6] A medianoche se oyó vocear: ¡Ya está ahí el esposo! ¡Salid a su encuentro! [7] Entonces se levantaron todas aquellas vírgenes y aderezaron sus lámparas. [8] Y las necias dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite porque nuestras lámparas se apagan. [9] Pero las prudentes les respondieron: Mejor es que vayáis a quienes lo venden y compréis, no sea que no alcance para vosotras y nosotras. [10] Mientras fueron a comprarlo vino el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas y se cerró la puerta. [11] Luego llegaron las otras vírgenes diciendo: ¡Señor, señor, ábrenos! [12] Pero él les respondió: En verdad os digo que no os conozco. [13] Vigilad, pues, porque no sabéis el día ni la hora.

[14] Es también como un hombre que al marcharse de su tierra llamó a sus servidores y les entregó sus bienes. [15] A uno le dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno sólo: a cada uno según su capacidad; y se marchó. [16] El que había recibido cinco talentos fue inmediatamente y se puso a negociar con ellos y llegó a ganar otros cinco. [17] Del mismo modo, el que había recibido dos ganó otros dos. [18] Pero el que había recibido uno fue, cavó en la tierra y escondió el dinero de su señor. [19] Después de mucho tiempo, regresó el amo de dichos servidores e hizo cuentas con ellos. [20] Llegado el que había recibido los cinco talentos, presentó otros cinco diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste, he aquí otros cinco que he ganado. [21] Le respondió su amo: Muy bien, siervo bueno y fiel; puesto que has sido fiel en lo poco, yo te confiaré lo mucho: entra en el gozo de tu señor. [22] Llegado también el que había recibido los dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me entregaste, he aquí otros dos que he ganado. [23] Le respondió su amo: Muy bien, siervo bueno y fiel; puesto que has sido fiel en lo poco, yo te confiaré lo mucho: entra en el gozo de tu señor. [24] Llegado por fin el que había recibido un talento, dijo: Señor, sé que eres hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; [25] por eso tuve miedo, fui y escondí tu talento en tierra: aquí tienes lo tuyo. [26] Le respondió su amo, diciendo: Siervo malo y perezoso, sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo de donde no he esparcido; [27] por eso mismo debías haber dado tu dinero a los banqueros, y así, al venir yo, hubiera recibido lo mío junto con los intereses. [28] Por lo tanto, quitadle el talento y dádselo al que tiene los diez.

[29] Porque a todo el que tenga se le dará y abundará; pero a quien no tiene, aun lo que tiene se le quitará. [30] En cuanto al siervo inútil, arrojadlo a las tinieblas exteriores: allí será el llanto y el rechinar de dientes.

[31] Cuando venga el Hijo del Hombre en su gloria y acompañado de todos los ángeles, se sentará entonces en el trono de su gloria, [32] y serán reunidas ante él todas las gentes; y separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos, [33] y pondrá las ovejas a su derecha, los cabritos en cambio a su izquierda. [34] Entonces dirá el Rey a los que estén a su derecha: Venid, benditos de mi Padre, tomad posesión del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo: [35] porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; era peregrino y me acogisteis; [36] estaba desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme. [37] Entonces le responderán los justos: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, o sediento y te dimos de beber?; [38] ¿cuándo te vimos peregrino y te acogimos, o desnudo y te vestimos? [39] o ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y vinimos a verte? [40] Y el Rey en respuesta les dirá: En verdad os digo que cuanto hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis. [41] Entonces dirá a los que estén a la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles: [42] porque tuve hambre y no me disteis de comer; tuve sed y no me disteis de beber; [43] era peregrino y no me acogisteis; estaba desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis. [44] Entonces le replicarán también ellos: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, peregrino o desnudo, enfermo o en la cárcel y no te asistimos? [45] Entonces les responderá: En verdad os digo que cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también dejasteis de hacerlo conmigo. [46] Y éstos irán al suplicio eterno; los justos, en cambio, a la vida eterna.

PASIÓN Y MUERTE DE JESÚS

Capítulo 26

[1] Y sucedió que, cuando terminó Jesús todos estos discursos, dijo a sus discípulos: [2] Sabéis que de aquí a dos días será la Pascua, y el Hijo del Hombre será entregado para ser crucificado.

[3] Entonces se reunieron los príncipes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo en el palacio del Sumo Sacerdote, llamado Caifás, [4] y acordaron apoderarse con engaño de Jesús y hacerle morir. [5] Pero decían: No sea en la fiesta, para que no se produzca alboroto entre el pueblo.

[6] Encontrándose Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso, [7] se acercó a él una mujer que llevaba un frasco de alabastro lleno de un perfume de gran valor y lo derramó sobre su cabeza mientras estaba a la mesa. [8] Al ver esto, los discípulos se disgustaron y dijeron: ¿A qué viene este despilfarro? [9] Se podía haber vendido por mucho dinero y repartirlo a los pobres. [10] Pero Jesús, conociéndolo, les dijo: ¿Por qué molestáis a esta mujer? Ha hecho una obra buena conmigo; [11] pues a los pobres siempre los tenéis con vosotros, pero a mí no siempre me tenéis. [12] Al derramar ella sobre mi cuerpo este perfume, se anticipó a mi sepultura. [13] En verdad os digo: Dondequiera que se predique este evangelio en todo el mundo, también se contará para memoria suya lo que ésta ha hecho. [14] Entonces, uno de los doce, llamado Judas Iscariote, fue donde los príncipes de los sacerdotes, [15] y dijo: ¿Qué me queréis dar a cambio de que os lo entregue? Ellos le ofrecieron treinta monedas de plata. [16] Desde entonces buscaba una oportunidad para entregarlo.

[17] El primer día de los Azimos se acercaron los discípulos a Jesús y le dijeron: ¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua? [18] Jesús respondió: Id a la ciudad, a casa de tal persona, y comunicadle: El Maestro dice: mi tiempo está cerca; en tu casa voy a celebrar la Pascua con mis discípulos. [19] Los discípulos hicieron como les había mandado Jesús y prepararon la Pascua.

[20] Al anochecer se puso a la mesa con los doce discípulos. [21] Y mientras comían dijo: En verdad os digo que uno de vosotros me va a traicionar. [22] Y, muy afligidos, comenzaron cada uno a decirle: ¿Acaso soy yo, Señor? [23] Pero él respondió: El que come conmigo en la misma fuente, ¡ése me va a entregar! [24] Ciertamente el Hijo del Hombre se va, según está escrito acerca de él; pero, ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado! Más le valiera a ese hombre no haber nacido. [25] Tomando la palabra Judas, el que iba a entregarlo, dijo: ¿Acaso soy yo, Rabí? Le respondió: Tú lo has dicho.

[26] Mientras cenaban, Jesús tomó pan y, pronunciada la bendición, lo partió y, dándoselo a sus discípulos, dijo: Tomad y comed; esto es mi Cuerpo. [27] Y, tomando el cáliz y habiendo dado gracias, se lo dio diciendo: Bebed todos de él; [28] porque ésta es mi Sangre de la nueva alianza, que es derramada por muchos para remisión de los pecados. [29] Os aseguro que no beberé desde ahora de este fruto de la vid hasta aquel día en que lo beba con vosotros nuevo, en el Reino de mi Padre.

[30] Recitado el himno, salieron hacia el Monte de los Olivos. [31] Entonces Jesús les dice: Todos vosotros os escandalizaréis esta noche por mi causa, pues escrito está: Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas del rebaño. [32] Pero, después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea. [33] Pedro le respondió: Aunque todos se escandalicen por tu causa, yo nunca me escandalizaré. [34] Jesús le replicó: En verdad te digo que esta misma noche, antes de que cante el gallo, me negarás tres veces. [35] Pedro insistió: Aunque tenga que morir contigo, jamás te negaré. Todos los discípulos dijeron lo mismo.

[36] Entonces llegó Jesús con ellos a una finca llamada Getsemaní, y dijo a los discípulos: Sentaos aquí mientras voy allá a orar. [37] Y llevándose a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, empezó a entristecerse y a sentir angustia. [38] Entonces les dijo: Mi alma está triste hasta la muerte. Quedaos aquí y velad conmigo. [39] Y adelantándose un poco, se postró rostro en tierra mientras oraba diciendo: Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz; pero no sea como yo quiero, sino como quieras Tú.

[40] Volvió junto a sus discípulos y los encontró dormidos; entonces dijo a Pedro: ¿Ni siquiera habéis sido capaces de velar una hora conmigo? [41] Velad y orad para no caer en tentación: pues el espíritu está pronto, pero la carne es débil. [42] De nuevo se apartó por segunda vez y oró diciendo: Padre mío, si no es posible que esto pase sin que yo lo beba, hágase tu voluntad. [43] Volvió otra vez y los encontró dormidos, pues sus ojos estaban cargados de sueño. [44] Y, dejándolos, se apartó una vez más, y oró por tercera vez repitiendo las mismas palabras. [45] Finalmente va junto a sus discípulos y les dice: Dormid ya y descansad; mirad, ha llegado la hora, y el Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. [46] Levantaos, vamos; ya llega el que me va a entregar.

[47] Todavía estaba hablando, cuando llegó Judas, uno de los doce, acompañado de un gran gentío con espadas y palos, enviados por los príncipes de los sacerdotes y ancianos del pueblo. [48] El traidor les había dado esta señal: Aquel a quien yo bese, ése es: prendedlo. [49] Y al momento se acercó a Jesús y dijo: Salve, Rabí; y le besó. [50] Pero Jesús le dijo: Amigo ¡a lo que has venido! Entonces, acercándose, echaron mano a Jesús y le prendieron.

[51] Uno de los que estaban con Jesús sacó la espada e hirió al criado del Sumo Sacerdote cortándole la oreja. [52] Entonces le dijo Jesús: Vuelve tu espada a su sitio, porque todos los que emplean espada a espada perecerán. [53] ¿O piensas que no puedo recurrir a mi Padre y al instante pondría a mi disposición más de doce legiones de ángeles? [54] ¿Cómo entonces se cumplirían las Escrituras, según las cuales tiene que suceder así?

[55] En aquel momento dijo Jesús a las turbas: ¿Como contra un ladrón habéis salido con espadas y palos a prenderme? Todos los días me sentaba a enseñar en el Templo, y no me prendisteis. [56] Todo esto sucedió para que se cumplieran las escrituras de los Profetas. Entonces todos los discípulos, abandonándole, huyeron.

[57] Los que habían prendido a Jesús le llevaron a casa de Caifás, el Sumo Sacerdote, donde se habían reunido los escribas y los ancianos. [58] Pedro, por su parte, le seguía de lejos hasta el palacio del Sumo Sacerdote; y, una vez dentro, se sentó con los sirvientes para ver el desenlace. [59] Los príncipes de los sacerdotes y todo el Sanedrín buscaban un falso testimonio contra Jesús para darle muerte; [60] pero no lo encontraron a pesar de los muchos falsos testigos presentados. Por último, se presentaron dos [61] que declararon: Este dijo: Yo puedo destruir el Templo de Dios y edificarlo de nuevo en tres días. [62] Y, levantándose, el Sumo Sacerdote le dijo: ¿Nada respondes? ¿Qué es lo que éstos testifican contra ti? [63] Pero Jesús permanecía en silencio. Entonces el Sumo Sacerdote le dijo: Te conjuro por Dios vivo que nos digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios. [64] Jesús le respondió: Tú lo has dicho. Además os digo que en adelante veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del Poder y venir sobre las nubes del cielo.

[65] Entonces el Sumo Sacerdote se rasgó las vestiduras diciendo: ¡Ha blasfemado! ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Ya lo veis, acabáis de oír la blasfemia. [66] ¿Qué os parece? Ellos respondieron: Reo es de muerte.

[67] Entonces comenzaron a escupirle en la cara y a darle bofetadas; los que le abofeteaban [68] decían: Adivínalo, Cristo, ¿quién te ha pegado?

[69] Entretanto Pedro estaba sentado fuera, en el atrio; se le acercó una sirvienta y le dijo: Tú también estabas con Jesús el Galileo. [70] Pero él lo negó delante de todos diciendo: No sé de qué hablas. [71] Al salir al portal le vio otra y dijo a los que había allí: Este estaba con Jesús el Nazareno. [72] De nuevo lo negó con juramento: No conozco a ese hombre. [73] Poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron a Pedro: Desde luego tú también eres de ellos, pues tu habla lo manifiesta. [74] Entonces comenzó a imprecar y a jurar: No conozco a ese hombre. Y al momento cantó un gallo. [75] Y Pedro se acordó de las palabras que Jesús había dicho: Antes de que cante el gallo, me habrás negado tres veces. Y, saliendo afuera, lloró amargamente.

Capítulo 27

[1] Llegada la mañana, todos los príncipes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo celebraron consejo contra Jesús para darle muerte. [2] Y maniatado le llevaron y entregaron al procurador Pilato.

[3] Entonces Judas, el que le entregó, al ver que había sido condenado, movido por el remordimiento, devolvió las treinta monedas de plata a los príncipes de los sacerdotes y ancianos, [4] diciendo: He pecado entregando sangre inocente. Pero ellos dijeron: ¿A nosotros qué nos importa?; tú verás. [5] Y, arrojando las monedas de plata en el Templo, fue y se ahorcó. [6] Los príncipes de los sacerdotes recogieron las monedas de plata y dijeron: No es lícito echarlas al tesoro del Templo, porque son precio de sangre. [7] Y habiéndolo deliberado en consejo, compraron con ellas el campo del Alfarero para sepultura de los peregrinos; [8] por lo cual ese campo se ha llamado, hasta el día de hoy, campo de Sangre. [9] Así se cumplió lo dicho por medio del profeta Jeremías: Y tomaron las treinta monedas de plata, precio en que fue valorado aquel a quien tasaron los hijos de Israel; [10] y las dieron para el campo del alfarero, tal como me lo ordenó el Señor.

[11] Jesús, pues, estaba en pie ante el procurador. El procurador le interrogó: ¿Eres tú el Rey de los Judíos? Jesús le respondió: Tú lo dices. [12] Y aunque lo acusaban los príncipes de los sacerdotes y los ancianos, nada respondió. [13] Entonces Pilato le dijo: ¿No oyes cuántas cosas alegan contra ti? [14] Y no le respondió a pregunta alguna, de tal manera que el procurador quedó admirado en extremo.

[15] En el día de la fiesta, el procurador tenía costumbre de soltar un preso al pueblo; el que quisieran. [16] Había por aquel entonces un preso famoso llamado Barrabás. [17] Estando, pues, reunidos, les dijo Pilato: ¿A quién queréis que os suelte, a Barrabás o a Jesús, el llamado Cristo?; [18] pues sabía que le habían entregado por envidia.

[19] Mientras estaba sentado en el tribunal, le mandó a decir su mujer: No te mezcles en el asunto de ese justo; pues hoy en sueños he sufrido mucho por causa suya. [20] Entretanto, los príncipes de los sacerdotes y los ancianos persuadieron a la multitud para que pidiese a Barrabás e hiciese morir a Jesús. [21] El procurador les preguntó: ¿A quién de los dos queréis que os suelte? Ellos respondieron: A Barrabás. [22] Pilato les dijo: ¿Y qué haré con Jesús, el llamado Cristo? Todos contestaron: ¡Sea crucificado! [23] Les preguntó: Pues ¿qué mal ha hecho? Pero ellos gritaban más fuerte: ¡Sea crucificado!

[24] Al ver Pilato que no adelantaba nada, sino que el tumulto iba a más, tomó agua y se lavó las manos ante el pueblo diciendo: Soy inocente de esta sangre; vosotros veréis. [25] Y todo el pueblo gritó: ¡Su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos! [26] Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de haberle hecho azotar, se lo entregó para que fuera crucificado.

[27] Entonces los soldados del procurador llevaron a Jesús al pretorio y reunieron en torno a él a toda la cohorte. [28] Le desnudaron, le pusieron una túnica roja [29] y, trenzando una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza, y en su mano derecha una caña; se arrodillaban ante él y se burlaban diciendo: Salve, Rey de los Judíos.

[30] Le escupían y, quitándole la caña, le golpeaban en la cabeza. [31] Después de reírse de él, le despojaron de la túnica, le pusieron sus vestidos y le llevaron a crucificar.

[32] Cuando salían encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y le forzaron a que llevara su cruz. [33] Llegaron al lugar llamado Gólgota, esto es, lugar del Calvario. [34] Y le dieron a beber vino mezclado con hiel; y, una vez probado, no quiso beber. [35] Después de crucificarle, repartieron sus ropas, echándolas a suerte. [36] Y sentándose le custodiaban allí. [37] Pusieron escrita sobre su cabeza la causa de su condena: Este es Jesús, el Rey de los Judíos. [38] También crucificaron con él a dos ladrones: uno a la derecha y otro a la izquierda.

[39] Los que pasaban le injuriaban moviendo la cabeza [40] y diciendo: Tú que destruyes el Templo y en tres días lo edificas de nuevo, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, baja de la cruz. [41] Del mismo modo, los príncipes de los sacerdotes se burlaban a una con los escribas y ancianos, y decían: [42] Salvó a otros, y a sí mismo no puede salvarse; es el Rey de Israel, que baje ahora de la cruz y creeremos en él; [43] confió en Dios, que le salve ahora si le quiere de verdad, pues dijo: Soy Hijo de Dios. [44] De la misma manera, también le insultaban los ladrones que habían sido crucificados con él.

[45] Se oscureció toda la tierra desde la hora sexta hasta la hora nona. [46] Hacia la hora nona Jesús clamó con fuerte voz: Elí, Elí, lemá sabacthaní?, es decir: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? [47] Algunos de los allí presentes, al oírlo, decían: Este llama a Elías. [48] E inmediatamente uno de ellos corrió y, tomando una esponja, la empapó en vinagre, la puso en una caña y se lo dio a beber. [49] Los demás decían: ¡Déjalo! Veamos si viene Elías a salvarle. [50] Pero Jesús, dando de nuevo una fuerte voz, entregó el espíritu.

[51] Y al momento, el velo del Templo se rasgó en dos partes, de arriba abajo, y la tierra tembló y las piedras se partieron; [52] se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de los santos, que habían muerto, resucitaron. [53] Y saliendo de los sepulcros después de la resurrección de él, entraron en la Ciudad Santa y se aparecieron a muchos. [54] El centurión y los que estaban con él custodiando a Jesús, al ver el terremoto y lo que pasaba, se llenaron de un gran temor y dijeron: En verdad éste era Hijo de Dios. [55] Había allí muchas mujeres mirando desde lejos, aquellas que habían seguido a Jesús desde Galilea para servirle. [56] Entre ellas estaban María Magdalena, María la madre de Santiago y José, y la madre de los hijos de Zebedeo.

[57] Al atardecer vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también se había hecho discípulo de Jesús. [58] Este se presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Pilato, entonces, ordenó que se lo entregaran. [59] Y José tomó el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia [60] y lo puso en el sepulcro suyo, que era nuevo y había mandado excavar en la roca; e hizo arrimar una gran piedra a la puerta del sepulcro y se marchó. [61] Estaban allí María Magdalena y la otra María sentadas frente al sepulcro.

[62] Al día siguiente de la Parasceve se reunieron los príncipes de los sacerdotes y los fariseos ante Pilato [63] y le dijeron: Señor, nos hemos acordado de que ese impostor dijo en vida: Al tercer día resucitaré. [64] Manda, pues, custodiar el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vengan sus discípulos, lo roben y digan al pueblo: Ha resucitado de entre los muertos; y sea la última impostura peor que la primera. [65] Pilato les respondió: Ahí tenéis la guardia; id y custodiad como sabéis. [66] Ellos marcharon y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo la guardia.

RESURRECCIÓN DE JESÚS

Capítulo 28

[1] Pasado el sábado, al alborear el día primero de la semana, fueron María Magdalena y la otra María a ver el sepulcro. [2] Y he aquí que se produjo un gran terremoto, pues un ángel del Señor descendió del Cielo y, acercándose, removió la piedra y se sentó sobre ella. [3] Su aspecto era como de relámpago, y su vestidura blanca como la nieve. [4] Llenos de miedo, los guardias se aterrorizaron y se quedaron como muertos. [5] El ángel tomó la palabra y dijo a las mujeres: No temáis vosotras; ya sé que buscáis a Jesús, el crucificado. [6] No está aquí, porque ha resucitado como había dicho. Venid, ved el sitio donde estaba puesto. [7] Marchad en seguida y decid a sus discípulos que ha resucitado de entre los muertos; irá delante de vosotros a Galilea: allí le veréis. Mirad que os lo dije.

[8] Ellas partieron al instante del sepulcro con temor y gran alegría, y corrieron a dar la noticia a los discípulos. [9] De pronto Jesús les salió al encuentro y les dijo: Alegraos. Ellas se acercaron, abrazaron sus pies y le adoraron. [10] Entonces Jesús les dijo: No temáis; id y anunciad a mis hermanos que vayan a Galilea: allí me verán.

[11] Mientras ellas iban, algunos de la guardia fueron a la ciudad y comunicaron a los príncipes de los sacerdotes todo lo sucedido. [12] Reunidos con los ancianos, después de haberlo acordado, dieron una buena suma de dinero a los soldados [13] con el encargo de decir: Sus discípulos vinieron de noche y lo robaron mientras nosotros dormíamos. [14] Si esto llegara a oídos del procurador, nosotros le calmaremos y cuidaremos de vuestra seguridad. [15] Ellos tomaron el dinero y actuaron según las instrucciones recibidas. Así se divulgó este rumor entre los judíos hasta el día de hoy.

[16] Los once discípulos marcharon a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. [17] Y, al verlo, le adoraron; pero otros dudaron. [18] Y acercándose Jesús les habló: Se me ha dado todo poder en el Cielo y en la tierra. [19] Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; [20] y enseñándoles a guardar todo cuanto os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.

 

Evangelio de San Marcos

  PREPARACIÓN DEL MINISTERIO DE JESÚS

Capítulo 1

Ministerio de Juan Bautista

 [1] Comienzo del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. [2] Como está escrito en el profeta Isaías: He aquí que yo envío a mi mensajero, para que te preceda, y prepare tu camino. [3] Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas. [4] Apareció Juan Bautista en el desierto predicando un bautismo de penitencia para perdón de los pecados. [5] Y acudía a él toda la región de Judea y todos los habitantes de Jerusalén, y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados. [6] Juan llevaba un vestido de pelos de camello y un ceñidor de cuero a la cintura, y comía langostas y miel silvestre. [7] Y predicaba diciendo: Después de mí viene el que es más poderoso que yo, ante quien yo no soy digno de inclinarme para desatar la correa de sus sandalias. [8] Yo os he bautizado en agua, pero él os bautizará en el Espíritu Santo.

Bautismo de Jesús

[9] Y sucedió que en aquellos días vino Jesús desde Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán. [10] Y nada más salir del agua vio los Cielos abiertos y al Espíritu que, en forma de paloma, descendía sobre él; [11] y sobrevino una voz desde los Cielos: Tú eres el Hijo mío, el Amado, en ti me he complacido.

[12] Enseguida el Espíritu lo impulsó hacia el desierto. [13] Y estuvo en el desierto cuarenta días mientras era tentado por Satanás; estaba con los animales, y los ángeles le servían.

COMIENZOS DEL MINISTERIO DE JESÚS EN GALILEA

[14] Después de haber sido apresado Juan, llegó Jesús a Galilea predicando el Evangelio de Dios, [15] y diciendo: El tiempo se ha cumplido y está cerca el Reino de Dios; haced penitencia y creed en el Evangelio.

[16] Y, al pasar junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés, el hermano de Simón, que echaban las redes en el mar, pues eran pescadores. [17] Y les dijo Jesús: Seguidme, y os haré pescadores de hombres. [18] Y, al instante, dejaron las redes y le siguieron. [19] Y avanzando un poco, vio a Santiago el de Zebedeo y a Juan, su hermano, que remendaban las redes en la barca. [20] Y enseguida los llamó. Y dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras él.

[21] Entran en Cafarnaún; y, al llegar el sábado, fue a la sinagoga y enseñaba. [22] Y quedaban admirados de su doctrina, pues les enseñaba como quien tiene potestad y no como los escribas. [23] Se encontraba entonces en la sinagoga un hombre poseído de un espíritu inmundo, [24] y decía a gritos: ¿Qué hay entre nosotros y tú, Jesús Nazareno? ¿Has venido a perdernos? ¡Sé quién eres tú: el Santo de Dios! [25] Y Jesús le conminó diciendo: Calla, y sal de él. [26] Entonces, el espíritu inmundo, zarandeándolo y dando una gran voz, salió de él. [27] Y se quedaron todos estupefactos, de modo que se preguntaban entre sí diciendo: ¿Qué es esto? Una doctrina nueva con potestad. Manda incluso a los espíritus inmundos y le obedecen. [28] Y su fama corrió pronto por doquier en toda la región de Galilea.

[29] En cuanto salieron de la sinagoga, fueron a la casa de Simón y de Andrés, con Santiago y Juan. [30] La suegra de Simón estaba acostada con fiebre, y enseguida le hablan de ella. [31] Acercándose, la tomó de la mano y la levantó; le desapareció la fiebre y se puso a servirles.

[32] Al atardecer, cuando se puso el sol, llevaban hasta él a todos los enfermos y a los endemoniados; [33] y estaba toda la ciudad agolpada junto a la puerta. [34] Y curó a muchos que padecían diversas enfermedades, y expulsó a muchos demonios, y no les dejaba hablar, porque sabían quién era.

[35] De madrugada, todavía muy oscuro, se levantó, salió y se fue a un lugar solitario, y allí oraba. [36] Salió a buscarle Simón y los que estaban con él; [37] y, cuando lo encontraron, le dijeron: Todos te buscan. [38] Y les dijo: Vayamos a otra parte, a las aldeas próximas, para que predique también allí, pues para esto he venido. [39] Y pasó por toda Galilea predicando en sus sinagogas y expulsando a los demonios.

[40] Y vino hacia él un leproso que, rogándole de rodillas, le decía: Si quieres, puedes limpiarme. [41] Y compadecido, extendió la mano, le tocó y le dijo: Quiero, queda limpio. [42] Y al momento desapareció de él la lepra y quedó limpio. [43] Le conminó y enseguida lo despidió, [44] diciéndole: Mira, no digas nada a nadie; pero anda, preséntate al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio. [45] Sin embargo, una vez que se fue, comenzó a proclamar y a divulgar la noticia, hasta el punto de que ya no podía entrar abiertamente en ciudad alguna, sino que se quedaba fuera, en lugares apartados. Pero acudían a él de todas partes.

Capítulo 2

[1] Y, al cabo de unos días, entró de nuevo en Cafarnaún. Se supo que estaba en casa, [2] y se juntaron tantos que ni siquiera ante la puerta había ya sitio; y les predicaba la palabra. [3] Entonces vienen trayéndole un paralítico, que era transportado por cuatro. [4] Y al no poder llevarlo hasta él por causa del gentío, levantaron la techumbre por el sitio en donde se encontraba y, después de hacer un agujero, descuelgan la camilla en la que yacía el paralítico. [5] Al ver Jesús la fe de ellos, dice al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados.

[6] Estaban allí sentados algunos de los escribas, y pensaban en sus corazones: [7] ¿Por qué habla éste así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios? [8] Y enseguida, conociendo Jesús en su espíritu que pensaban de este modo dentro de sí, les dice: ¿Por qué pensáis estas cosas en vuestros corazones? [9] ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: tus pecados te son perdonados; o decir: levántate, toma tu camilla y anda? [10] Pues, para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene en la tierra el poder de perdonar los pecados `se dirige al paralítico`: [11] A ti te digo: levántate, toma tu camilla y vete a tu casa. [12] Y se levantó y, tomando al instante la camilla, salió en presencia de todos, de manera que todos quedaron admirados y dieron gloria a Dios diciendo: Nunca vimos cosa igual.

Vocación de Mateo

[13] Y se fue otra vez a la orilla del mar. Y toda la muchedumbre iba hacia él, y les enseñaba. [14] Al pasar, vio a Leví el de Alfeo sentado en el telonio, y le dijo: Sígueme. El se levantó y le siguió. [15] Y ocurrió que, estando a la mesa en casa de éste, se sentaron con Jesús y sus discípulos muchos publicanos y pecadores, pues eran muchos y le seguían. [16] Los escribas de los fariseos, viendo que comía con pecadores y publicanos, decían a sus discípulos: ¿Por qué come con los publicanos y pecadores? [17] Al oír Jesús esto, les dijo: No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos; no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.

[18] Los discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando; y vinieron a decirle: ¿Por qué los discípulos de Juan y los de los fariseos ayunan y, en cambio, tus discípulos no ayunan? [19] Jesús les respondió: ¿Acaso pueden ayunar los convidados a la boda, mientras el esposo está con ellos? Durante el tiempo en que tienen al esposo con ellos no pueden ayunar. [20] Días vendrán en que el esposo les será arrebatado; entonces, en aquellos días, ayunarán. [21] Nadie pone una pieza de paño nuevo a un vestido viejo; pues de otro modo la pieza tira de él, lo nuevo de lo viejo, y se produce un desgarrón peor. [22] Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; pues de lo contrario, el vino rompe los odres, y se pierden el vino y los odres; por eso, el vino nuevo se echa en odres nuevos.

[23] Un sábado pasaba el Señor por los sembrados, y sus discípulos iban delante desgranando espigas. [24] Los fariseos le decían: Mira, ¿por qué hacen en sábado lo que no es lícito? [25] Y les dice: ¿Nunca habéis leído lo que hizo David cuando se vio necesitado, y tuvo hambre él y los que estaban con él? [26] ¿Cómo entró en la Casa de Dios en tiempos de Abiatar, Sumo Sacerdote, y comió los panes de la proposición, que no es lícito comer más que a los sacerdotes, y los dio también a los que estaban con él? [27] Y les decía: El sábado fue hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado. [28] Por tanto, el Hijo del Hombre es señor hasta del sábado.

Capítulo 3

 [1] De nuevo entró en la sinagoga, donde se encontraba un hombre que tenía la mano seca. [2] Le observaban de cerca por si lo curaba en sábado, para acusarle. [3] Y dice al hombre que tenía la mano seca: Ponte en medio. [4] Y les dice: ¿Es lícito en sábado hacer el bien o el mal, salvar una vida o perderla? Ellos permanecían callados. [5] Entonces, mirándolos con ira, entristecido por la ceguera de sus corazones, dice al hombre: Extiende tu mano. La extendió, y su mano quedó curada. [6] Al salir, los fariseos, junto con los herodianos, celebraron enseguida una reunión contra él, para ver cómo perderle.

[7] Jesús con sus discípulos se alejó hacia el mar. Y le siguió una gran muchedumbre de Galilea y de Judea; [8] también de Jerusalén, de Idumea, de más allá del Jordán, y de los alrededores de Tiro y de Sidón, vino hacia él una gran multitud al oír las cosas que hacía. [9] Y dijo a sus discípulos que le tuviesen dispuesta una pequeña barca, por causa de la muchedumbre, para que no le oprimiesen; [10] porque sanaba a tantos, que se le echaban encima para tocarle todos los que tenían enfermedades. [11] Los espíritus inmundos, cuando lo veían, se arrojaban a sus pies y gritaban diciendo: Tú eres el Hijo de Dios. [12] Y les ordenaba con energía que no le descubriesen.

[13] Y subiendo al monte llamó a los que él quiso, y fueron junto a él. [14] Y eligió a doce, para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar [15] con poder de expulsar demonios. [16] Y formó el grupo de los doce: a Simón, a quien puso el nombre de Pedro; [17] y a Santiago el de Zebedeo y a Juan, el hermano de Santiago, a quienes llamó Boanerges, esto es, «Hijos del trueno»; [18] y a Andrés y Felipe, y a Bartolomé y Mateo, y a Tomás y Santiago el de Alfeo, y a Tadeo y Simón Cananeo, [19] y a Judas Iscariote, el que lo entregó.

[20] Entonces llega a casa; y se vuelve a juntar la muchedumbre, de manera que no podían ni siquiera comer. [21] Al enterarse sus parientes fueron a llevárselo, porque decían que había perdido el juicio.

Calumnia de los escribas

[22] Y los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: Tiene a Beelzebul, y en virtud del príncipe de los demonios arroja a los demonios. [23] Y convocándolos les decía en parábolas: ¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanás? [24] Si un reino está dividido en su interior, no puede mantenerse en pie aquel reino; [25] y si una casa está dividida en su interior, no podrá mantenerse en pie aquella casa. [26] Y si Satanás se levanta contra sí mismo, entonces se encuentra dividido y no puede mantenerse en pie, sino que ha llegado su fin. [27] Pues nadie puede entrar en la casa del fuerte y saquear sus bienes, a no ser que antes ate al fuerte; entonces podrá saquear su casa.

[28] En verdad os digo que se perdonarán a los hijos de los hombres todos los pecados y cuantas blasfemias profieran; [29] pero quien blasfeme contra el Espíritu Santo jamás tendrá perdón, sino que será reo de delito eterno. [30] Porque ellos decían: Tiene un espíritu inmundo.

[31] Vienen su madre y sus hermanos y, quedándose fuera, enviaron a llamarlo. [32] Y estaba sentada a su alrededor una muchedumbre, y le dicen: Mira, tu madre, tus hermanos y tus hermanas te buscan fuera. [33] Y, en respuesta, les dice: ¿Quién es mi madre y quiénes mis hermanos? [34] Y mirando a los que estaban sentados a su alrededor, dice: Ved aquí a mi madre y mis hermanos. [35] Porque quien haga la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.

PARÁBOLAS DEL REINO DE DIOS

Capítulo 4

[1] De nuevo comenzó a enseñar a la orilla del mar. Y se reunió junto a él tan gran muchedumbre, que tuvo que subir a sentarse en una barca, en el mar; mientras, toda la muchedumbre permanecía en tierra, a la orilla del mar. [2] Les explicaba en parábolas muchas cosas, y les decía en su enseñanza: [3] Escuchad: he aquí que salió el sembrador a sembrar. [4] Y ocurrió que, al arrojar la semilla, parte cayó junto al camino, y vinieron los pájaros y se la comieron. [5] Parte cayó en terreno rocoso, donde no había mucha tierra, y brotó pronto, por no ser hondo el suelo; [6] pero cuando salió el sol se agostó, y se secó porque no tenía raíz. [7] Otra parte cayó entre espinos, y crecieron los espinos y la sofocaron, y no dio fruto. [8] Y otra cayó en tierra buena, y daba fruto: crecía y se desarrollaba; y producía el treinta por uno, el sesenta por uno y el ciento por uno. [9] Y decía: El que tenga oídos para oír, que oiga.

[10] Y cuando se quedó solo, los que le acompañaban junto con los doce le preguntaron por el significado de las parábolas. [11] Y les decía: A vosotros se os ha transmitido el misterio del Reino de Dios; en cambio, a los que están fuera todo se les anuncia en parábolas, [12] de modo que los que miran miren y no vean, y los que oyen oigan pero no entiendan, no sea que se conviertan y se les perdone.

[13] Y les dice: ¿No entendéis esta parábola? ¿Pues cómo podréis entender las demás parábolas? [14] El que siembra, siembra la palabra. [15] Los que están junto al camino donde se siembra la palabra son aquellos que, aun cuando la oigan, al instante viene Satanás y arrebata la palabra sembrada en ellos. [16] Los que reciben la semilla sobre terreno rocoso son aquellos que, cuando oyen la palabra, al momento la reciben con alegría, [17] pero no tienen raíz en sí mismos, sino que son inconstantes; y después, al venir una tribulación o persecución por causa de la palabra, se escandalizan en seguida. [18] Hay otros que reciben la semilla entre espinos: son aquellos que han oído la palabra, [19] pero las preocupaciones de este mundo, la seducción de las riquezas y los apetitos de las demás cosas les asedian, sofocan la palabra y queda estéril. [20] Y los que han recibido la semilla sobre la tierra buena, son aquellos que oyen la palabra, la reciben y dan fruto: el treinta por uno, el sesenta por uno y el ciento por uno.

[21] Y les decía: ¿Acaso se enciende la lámpara para ponerla debajo del celemín o debajo de la cama? ¿No se pone en el candelero? [22] Pues no hay cosa escondida que no haya de saberse, ni hecho oculto que no haya de ser manifiesto. [23] Si alguno tiene oídos para oír, que oiga.

[24] Y les decía: Prestad atención a lo que oís. Con la medida con que midáis, se os medirá, y aun se os añadirá. [25] Porque al que tiene, se le dará; y al que no tiene, incluso lo que tiene se le quitará.

[26] Y decía: El Reino de Dios viene a ser como un hombre que echa la semilla sobre la tierra, [27] y duerma o vele noche y día, la semilla nace y crece, sin que él sepa cómo. [28] Porque la tierra produce fruto ella sola: primero hierba, después espiga, y por fin trigo maduro en la espiga. [29] Y en cuanto está a punto el fruto, en seguida mete la hoz, porque ha llegado la siega. [30] Y decía: ¿A qué asemejaremos el Reino de Dios?, o ¿con qué parábola lo compararemos? [31] Es como un grano de mostaza que, cuando se siembra en la tierra, es la más pequeña de todas las semillas que hay en la tierra; [32] pero, una vez sembrado, crece y se hace mayor que todas las hortalizas, y echa ramas grandes, de manera que los pájaros del cielo puedan anidar bajo su sombra.

[33] Y con muchas parábolas semejantes les anunciaba la palabra, conforme a lo que podían entender; [34] no les hablaba sino en parábolas. Pero a solas, explicaba todo a sus discípulos.

MILAGROS Y ACTIVIDADES DE JESÚS EN GALILEA

[35] Aquel día, llegada la tarde, les dice: Crucemos al otro lado. [36] Y, despidiendo a la muchedumbre, le llevaron en la barca tal como se encontraba, y le acompañaban otras barcas. [37] Y se levantó una gran tempestad de viento, y las olas se echaban encima de la barca, de manera que se inundaba la barca. [38] El estaba en la popa durmiendo sobre un cabezal; entonces lo despiertan, y le dicen: Maestro, ¿no te importa que perezcamos? [39] Y levantándose, increpó al viento y dijo al mar: ¡Calla, enmudece! Y se calmó el viento, y se produjo una gran bonanza. [40] Entonces les dijo: ¿Por qué tenéis miedo? ¿Todavía no tenéis fe? [41] Y se llenaron de gran temor, y se decían unos a otros: ¿Quién es éste, que hasta el viento y el mar le obedecen?

Capítulo 5

[1] Y llegaron a la orilla del mar, a la región de los gerasenos. [2] Al salir de la barca, en seguida le salió al encuentro desde los sepulcros un hombre poseído por un espíritu inmundo, [3] que vivía en los sepulcros y nadie podía tenerlo sujeto ni siquiera con cadenas; [4] porque había estado muchas veces atado con grilletes y cadenas, y había roto las cadenas y deshecho los grilletes, y nadie podía dominarlo. [5] Y se pasaba las noches enteras y los días por los sepulcros y por los montes, gritando e hiriéndose con piedras. [6] Al ver a Jesús desde lejos, corrió y se postró ante él; [7] y, gritando con gran voz, dijo: ¿Qué tengo que ver contigo, Jesús, Hijo de Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes. [8] Porque le decía: Sal, espíritu inmundo, de este hombre. [9] Y le preguntaba: ¿Cuál es tu nombre? Le contestó: Mi nombre es legión, porque somos muchos. [10] Y le suplicaba con insistencia que no lo expulsara fuera de la región.

[11] Había allí junto al monte una gran piara de cerdos paciendo. [12] Y le suplicaron diciendo: Envíanos a los cerdos, para que entremos en ellos. [13] Y se lo permitió. Y, saliendo los espíritus inmundos, entraron en los cerdos; y con gran ímpetu la piara, alrededor de dos mil, corrió por la pendiente hacia el mar, donde se iban ahogando. [14] Los porqueros echaron a correr, y contaron por la ciudad y los campos lo sucedido. Y acudieron a ver qué había ocurrido. [15] Y llegaron junto a Jesús, y vieron al que había estado endemoniado, sentado, vestido y en su sano juicio; y se quedaron asustados. [16] Los que lo habían presenciado les contaron lo que había sucedido con el que había estado poseído por el demonio y con los cerdos. [17] Y comenzaron a rogarle que se alejase de su región. [18] Y al subir en la barca, el que había estado endemoniado le suplicaba quedarse con él; [19] pero no lo admitió, sino que le dijo: Vete a tu casa con los tuyos y cuéntales todo lo que el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti. [20] Se fue y comenzó a proclamar en la Decápolis lo que Jesús había hecho con él; y todos se admiraban.

[21] Y habiendo cruzado de nuevo Jesús en la barca hasta la otra orilla, se reunió una gran muchedumbre a su alrededor mientras él estaba junto al mar. [22] Viene uno de los jefes de la sinagoga, de nombre Jairo, y, al verlo, se postra a sus pies, [23] y le suplica con insistencia diciendo: Mi hija está en las últimas. Ven, impón tus manos sobre ella para que se salve y viva. [24] Se fue con él, y le seguía la muchedumbre, que le apretujaba. 

[25] Y una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años, [26] y que había sufrido mucho por parte de muchos médicos, y gastado todos sus bienes sin aprovecharle de nada, sino que iba del mal en peor, [27] cuando oyó hablar de Jesús, vino por detrás entre la muchedumbre y tocó su vestido; [28] porque decía: Si pudiera tocar, aunque sólo fuera su manto, quedaré sana. [29] En el mismo instante se secó la fuente de sangre, y sintió en su cuerpo que estaba curada de la enfermedad. [30] Y al momento Jesús, conociendo en sí mismo la virtud salida de él, vuelto hacia la muchedumbre, decía: ¿Quién ha tocado mis vestidos? [31] Y le decían sus discípulos: Ves que la muchedumbre te oprime y dices ¿quién me ha tocado? [32] Y miraba a su alrededor para ver a la que había hecho esto. [33] La mujer, asustada y temblorosa, sabiendo lo que le había ocurrido, se acercó, se postró ante él y le confesó toda la verdad. [34] El entonces le dijo: Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu dolencia.

[35] Todavía estaba él hablando, cuando llegan desde la casa del jefe de la sinagoga, diciendo: Tu hija ha muerto; ¿para qué molestas ya al Maestro? [36] Jesús, al oír lo que hablaban, dice al jefe de la sinagoga: No temas, tan sólo ten fe. [37] Y no permitió que nadie le siguiera, excepto Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. [38] Llegan a la casa del jefe de la sinagoga, y ve el alboroto, y a los que lloraban y a las plañideras. [39] Y al entrar, les dice: ¿Por qué alborotáis y estáis llorando? La niña no ha muerto, sino que duerme. [49] Y se reían de él. Pero él, haciendo salir a todos, toma consigo al padre y a la madre de la niña y a los que le acompañaban, y entra donde estaba la niña. [41] Y tomando la mano de la niña, le dice: Talita qum, que significa: Niña, a ti te digo, levántate. [42] Y en seguida la niña se levantó y se puso a andar, pues tenía doce años. Y quedaron llenos de asombro. [43] Les insistió mucho en que nadie lo supiera, y dijo que dieran de comer a la niña.

Capítulo 6

[1] Partió de allí y se fue a su ciudad, y le seguían sus discípulos. [2] Llegado el sábado, se puso a enseñar en la sinagoga, y muchos de los oyentes, admirados, decían: ¿De dónde sabe éste estas cosas? ¿Y qué sabiduría es la que se le ha dado y estos milagros que se hacen por sus manos? [3] ¿No es éste el artesano, el hijo de María, y hermano de Santiago y de José y de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven aquí entre nosotros? Y se escandalizaban de él. [4] Y les decía Jesús: No hay profeta menospreciado sino en su propia patria, entre sus parientes y en su casa. [5] Y no podía hacer allí ningún milagro; solamente sanó a unos pocos enfermos imponiéndoles las manos. [6] Y se asombraba por causa de la incredulidad de ellos.

VIAJE DE JESÚS CON SUS APÓSTOLES

Y recorría las aldeas de los contornos enseñando.

[7] Y llamó a los doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles potestad sobre los espíritus inmundos. [8] Y les mandó que no llevasen nada para el camino, ni pan, ni alforja, ni dinero en la bolsa, sino solamente un bastón; [9] y que fueran calzados con sandalias y no llevaran dos túnicas. [10] Y les decía: Si entráis en una casa, permaneced allí hasta que salgáis de aquel lugar. [11] Y si en algún sitio no os reciben ni os escuchan, al salir de allí sacudid el polvo de vuestros pies en testimonio contra ellos. [12] Y habiendo marchado, predicaron que hicieran penitencia; [13] y expulsaban muchos demonios, y ungían con óleo a muchos enfermos y los curaban.

[14] Llegó esto a oídos del rey Herodes, pues su nombre se había hecho famoso, y decía: Juan el Bautista ha resucitado de entre los muertos, y por eso tiene poder de hacer milagros. [15] Otros decían: Es Elías. Otros, en fin, decían: Es un profeta, igual que los demás profetas. [16] Pero cuando lo oyó Herodes decía: Este es Juan, a quien yo decapité, que ha resucitado.

[17] En efecto, el propio Herodes había mandado prender a Juan y le había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo, a la cual Herodes había tomado como mujer. [18] Juan decía a Herodes: No te es lícito tener a la mujer de tu hermano. [19] Herodías le odiaba y quería matarlo, pero no podía: [20] porque Herodes temía a Juan, sabiendo que era un varón justo y santo, y le protegía; y al oírlo tenía muchas dudas, pero le escuchaba con gusto. [21] Cuando llegó un día propicio, en el que Herodes por su cumpleaños dio un banquete a sus magnates, a los tribunos y a los principales de Galilea, [22] entró la hija de la propia Herodías, bailó y gustó a Herodes y a los que con él estaban a la mesa. Dijo el rey a la muchacha: Pídeme lo que quieras y te lo daré. [23] Y le juró varias veces: Cualquier cosa que me pidas te daré, aunque sea la mitad de mi reino. [24] Y, saliendo, dijo a su madre: ¿Qué he de pedir? Ella dijo: La cabeza de Juan el Bautista. [25] Y al instante, entrando deprisa donde estaba el rey, pidió así: Quiero que en seguida me des en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista. [26] El rey se entristeció; pero, a causa del juramento y de los comensales, no quiso contrariarla; [27] y, enviando un verdugo, el rey mandó traer su cabeza. Aquél marchó y lo decapitó en la cárcel, [28] y trajo su cabeza en una bandeja, y la dio a la muchacha, y la muchacha la entregó a su madre. [29] Cuando se enteraron sus discípulos, vinieron, tomaron su cuerpo y lo pusieron en un sepulcro.

[30] Reunidos los apóstoles con Jesús, le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. [31] Y les dice: Venid vosotros solos a un lugar apartado, y descansad un poco. Porque eran muchos los que iban y venían, y ni siquiera tenían tiempo para comer. [32] Se marcharon, pues, en la barca a un lugar apartado ellos solos.

[33] Pero los vieron marchar, y muchos los reconocieron; fueron allá a pie desde todas las ciudades, y llegaron antes que ellos. [34] Al desembarcar, vio Jesús una gran multitud, y se llenó de compasión, porque estaban como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas. [35] Y cuando ya se hizo muy tarde, se acercaron sus discípulos y le dijeron: El lugar es desierto y la hora es ya avanzada; [36] despídelos para que vayan a las aldeas y pueblos de alrededor, y compren algo de comer. [37] Y les respondió: Dadles vosotros de comer. Y le dicen: ¿Es que vamos a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer? [38] El les dijo: ¿Cuántos panes tenéis? Id a verlo. Y habiéndolo visto, dicen: Cinco, y dos peces. [39] Entonces les mandó que acomodaran a todos por grupos sobre la hierba verde. [40] Y se sentaron en grupos de ciento y de cincuenta. [41] Y tomando los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y los daba a sus discípulos para que los distribuyesen; también repartió los dos peces para todos. [42] Y comieron todos hasta que quedaron satisfechos. [43] Y recogieron doce cestos llenos de los trozos de pan y de los peces. [44] Los que comieron los panes eran cinco mil hombres.

[45] Y en seguida hizo subir a sus discípulos a la barca, y que se adelantaran a la otra orilla junto a Betsaida, mientras él despedía a la multitud. [46] Y después de despedirlos, se retiró al monte a orar. [47] Cuando se hizo de noche, la barca estaba en medio del mar, y él solo en tierra. [48] Y viéndoles remar con gran fatiga, pues el viento les era contrario, hacia la cuarta vigilia de la noche viene a ellos andando sobre el mar, e hizo ademán de pasar de largo. [49] Ellos, cuando lo vieron caminando sobre el mar, pensaron que era un fantasma y gritaron. [50] Todos, en efecto, le vieron y se asustaron. El habló en seguida con ellos, y les dijo: Tened confianza, soy yo, no temáis. [51]  Y subió con ellos a la barca y cesó el viento. Entonces se quedaron mucho más asombrados; [52] pues no habían entendido lo de los panes, porque su corazón estaba embotado.

[53] Y terminada la travesía hasta la costa, llegaron a Genesaret y atracaron. [54] Cuando bajaron de la barca, al momento lo reconocieron. [55] Y recorriendo toda aquella región, a donde oían que estaba él le traían sobre las camillas a todos los que se encontraban mal. [56] Y adondequiera que entraba, en pueblos, o en ciudades, o en aldeas, colocaban a los enfermos en las plazas, y le suplicaban que les dejase tocar al menos el borde de su manto; y todos los que le tocaban quedaban sanos.

Capítulo 7

[1] Se acercaron a él los fariseos y algunos escribas que habían llegado de Jerusalén, [2] y vieron a algunos de sus discípulos que comían los panes con manos impuras, es decir, sin lavar. [3] Pues los fariseos y todos los judíos nunca comen si no se lavan las manos muchas veces, observando la tradición de los antiguos; [4] y cuando llegan de la plaza no comen, si no se purifican; y hay otras muchas cosas que guardan por tradición: purificaciones de las copas y de las jarras, de las vasijas de cobre y de los lechos. [5] Le preguntaban, pues, los fariseos y los escribas: ¿Por qué tus discípulos no se comportan conforme a la tradición de los antiguos, sino que comen el pan con manos impuras? [6] El les respondió: Bien profetizó Isaías de vosotros los hipócritas, como está escrito:

Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está bien lejos de mí. [7] En vano me dan culto, mientras enseñan doctrinas que son preceptos humanos.

[8] Abandonando el mandamiento de Dios, retenéis la tradición de los hombres. [9] Y les decía: ¡Qué bien anuláis el mandamiento de Dios, para guardar vuestra tradición! [10] Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre, y quien maldiga al padre o a la madre, sea reo de muerte. [11] Vosotros, en cambio, decís: Si un hombre dice al padre o a la madre: Lo que de mi parte pudieras recibir sea Corbán, que significa ofrenda, [12] ya no le permitís hacer nada por el padre o por la madre; [13] con ello anuláis la palabra de Dios por vuestra tradición, que vosotros mismos habéis establecido; y hacéis otras muchas cosas semejantes a éstas.

[14] Llamando de nuevo a la muchedumbre, les decía: Escuchadme todos y entended: [15] Nada hay fuera del hombre que, al entrar en él, pueda hacerlo impuro; las cosas que salen del hombre, ésas son las que hacen impuro al hombre.

[17] Y cuando entró en casa, alejado ya de la muchedumbre, sus discípulos le preguntaban el sentido de la parábola. [18] Y les dice: ¿Así que también vosotros sois incapaces de entender? ¿No sabéis que todo lo que entra en el hombre desde fuera no puede hacerlo impuro, [19] porque no entra en su corazón, sino en el vientre, y va a la cloaca? De este modo declaraba puros todos los alimentos. [20] Pues decía: Lo que sale del hombre, eso hace impuro al hombre. [21] Porque del interior del corazón de los hombres proceden los malos pensamientos, fornicaciones, hurtos, homicidios, [22] adulterios, codicias, maldades, fraude, deshonestidad, envidia, blasfemia, soberbia, insensatez. [23] Todas estas cosas malas proceden del interior y hacen impuro al hombre.

[24] Y partiendo de allí se fue hacia la región de Tiro y de Sidón. Y habiendo entrado en una casa deseaba que nadie lo supiera, pero no pudo permanecer oculto. [25] Al punto, en cuanto oyó hablar de él una mujer cuya hija tenía un espíritu inmundo, entró y se postró a sus pies. [26] La mujer era griega, sirofenicia de origen. Y le rogaba que expulsara de su hija al demonio. [27] Y le dijo: Deja que primero se sacien los hijos, porque no está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perrillos. [28] Ella respondió diciendo: Señor, también los perrillos comen debajo de la mesa las migajas de los hijos. [29] Y le dijo: Por esto que has dicho, vete, el demonio ha salido de tu hija. [30] Y al regresar a su casa encontró a la niña echada en la cama, y que el demonio había salido.

[31] De nuevo, saliendo de la región de Tiro, vino a través de Sidón hacia el mar de Galilea, cruzando el territorio de la Decápolis. [32] Le traen un sordo y mudo, y le ruegan que le imponga su mano. [33] Y apartándolo de la muchedumbre, metió los dedos en sus orejas, y con saliva tocó su lengua; [34] y mirando al cielo, dio un suspiro, y le dice: Effetha, que significa: ábrete. [35] Al instante se le abrieron los oídos, quedó suelta la atadura de su lengua y hablaba correctamente. [36] Y les ordenó que no lo dijeran a nadie. Pero cuanto más se lo mandaba, tanto más lo proclamaban; [37] y estaban tan maravillados que decían: Todo lo ha hecho bien, hace oír a los sordos y hablar a los mudos.

Capítulo 8

[1] En aquellos días, reunida de nuevo una gran muchedumbre que no tenía qué comer, llamando a los discípulos les dice: [2] Siento profunda compasión por la muchedumbre, porque ya hace tres días que permanecen junto a mí y no tienen qué comer; [3] y si los despido en ayunas a sus casas desfallecerán en el camino, pues algunos han venido desde lejos. [4] Y le respondieron sus discípulos: ¿Quién podrá abastecerlos de pan aquí, en el desierto? [5] Les preguntó: ¿Cuántos panes tenéis? Ellos dijeron: Siete. [6] Y ordenó a la multitud que se acomodase en el suelo. Tomando los siete panes, después de dar gracias, los partió y los fue dando a sus discípulos para que los distribuyeran; y los distribuyeron a la muchedumbre. [7] Tenían también unos pocos pececillos; después de bendecirlos, mandó que los distribuyeran. [8] Y comieron y quedaron satisfechos, y recogieron de los trozos sobrantes siete espuertas. [9] Los que habían comido eran alrededor de cuatro mil, y los despidió.

[10] Y subiendo en seguida a la barca con sus discípulos, se fue hacia la parte de Dalmanuta. 

[11] Salieron los fariseos y comenzaron a discutir con él, pidiéndole una señal del cielo para tentarle. [12] Suspirando desde lo más íntimo, dijo: ¿Por qué esta generación pide una señal? En verdad os digo que a esta generación no se le dará señal alguna. [13] Y dejándolos, subió de nuevo a la barca y se fue a la otra orilla.

[14] Se olvidaron de tomar panes y no tenían consigo en la barca más que un pan. [15] Y les advertía diciendo: Estad alerta y guardaos de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes. [16] Ellos comentaban entre sí que no tenían pan. [17] Al darse cuenta Jesús, les dice: ¿Qué andáis comentando de que no tenéis pan? ¿Todavía no entendéis ni comprendéis? ¿Tenéis embotado vuestro corazón? [18] ¿Teniendo ojos no veis y teniendo oídos no oís? ¿No os acordáis de [19] cuántos cestos llenos de trozos recogisteis, cuando partí los cinco panes para cinco mil? Le respondieron: Doce. [20] Y cuando los siete panes para los cuatro mil, ¿cuántas espuertas llenas de trozos recogisteis? Le contestaron: Siete. [21] Y les decía: ¿No entendéis aún?

[22] Llegan a Betsaida y le traen un ciego suplicándole que lo toque. [23] Tomando de la mano al ciego lo sacó fuera de la aldea, y poniendo saliva en sus ojos, le impuso las manos y le preguntó: ¿Ves algo? [24] Y alzando la mirada dijo: Veo a los hombres como árboles que andan. [25] Después puso otra vez las manos sobre sus ojos, y comenzó a ver y quedó curado, de manera que veía con claridad todas las cosas. [26] Y lo envió a su casa diciendo: No entres ni siquiera en la aldea.

[27] Salió Jesús con sus discípulos hacia las aldeas de Cesarea de Filipo. Y en el camino preguntaba a sus discípulos: ¿Quién dicen los hombres que soy yo? [28] Ellos le respondieron: Unos que Juan el Bautista, otros que Elías y otros que uno de los profetas. [29] Entonces él les pregunta: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Pedro, le dice: Tú eres el Cristo. [30] Y les ordenó que no hablasen a nadie sobre esto.

[31] Y comenzó a enseñarles que el Hijo del Hombre debía padecer mucho, ser rechazado por los ancianos, por los príncipes de los sacerdotes y por los escribas, y ser muerto, y resucitar después de tres días. [32] Hablaba de esto abiertamente. Pedro, tomándolo aparte, se puso a reprenderle. [33] Pero él, volviéndose y mirando a sus discípulos, increpó a Pedro y le dijo: ¡Apártate de mí, Satanás!, porque no sientes las cosas de Dios, sino las de los hombres.

[34] Y llamando a la muchedumbre junto con sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. [35] Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará. [36] ¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si pierde su vida? [37] O, ¿qué dará el hombre a cambio de su vida? [38] Porque si alguien se avergüenza de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre también se avergonzará de él, cuando venga en la gloria de su Padre acompañado de sus santos ángeles.

Capítulo 9

[1] Y les decía: En verdad os digo que hay algunos de los aquí presentes que no sufrirán la muerte hasta que vean el Reino de Dios que ha llegado con poder.

[2] Seis días después, tomó Jesús consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, y los llevó a ellos solos aparte a un monte alto, y se transfiguró ante ellos. [3] Sus vestidos se volvieron resplandecientes y muy blancos; tanto que ningún batanero en la tierra puede dejarlos así de blancos. [4] Y se les aparecieron Elías y Moisés, y conversaban con Jesús. [5] Tomando Pedro la palabra, dice a Jesús: Maestro, qué bien estamos aquí; hagamos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. [6] Pues no sabía lo que decía, porque estaban llenos de temor. [7] Entonces se formó una nube que los cubrió, y se oyó una voz desde la nube que decía: Este es mi Hijo, el Amado, escuchadle. [8] Y luego, mirando a su alrededor, ya no vieron a nadie, sino solo a Jesús con ellos.

[9] Mientras bajaban del monte les ordenó que a nadie contasen lo que habían visto, hasta que el Hijo del Hombre resucitara de entre los muertos. [10] Ellos retuvieron estas palabras, discutiendo entre sí qué era lo de resucitar de entre los muertos. [11] Y le hacían esta pregunta: ¿Por qué dicen los fariseos y los escribas que Elías debe venir primero? [12] El les respondió: Elías vendrá antes y restablecerá todas las cosas; pero, ¿cómo está escrito del Hijo del Hombre que padecerá mucho y será despreciado? [13] Sin embargo, yo os digo que Elías ya ha venido e hicieron con él lo que quisieron, según está escrito de él.

[14] Al llegar junto a los discípulos vieron una gran muchedumbre que les rodeaba, y unos escribas que discutían con ellos. [15] En seguida, al verle, todo el pueblo se quedó sorprendido, y acudían corriendo a saludarle. [16] Y él les preguntó: ¿Qué discutíais entre vosotros? [17] A lo que respondió uno de la muchedumbre: Maestro, te he traído a mí hijo, que tiene un espíritu mudo; [18] y en cualquier sitio que se apodera de él, lo tira al suelo, le hace echar espuma y rechinar los dientes y lo deja rígido. Pedí a tus discípulos que lo expulsaran, pero no han podido. [19] El les contestó: ¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo tendré que estar entre vosotros? ¿Hasta cuándo tendré que sufriros? ¡Traédmelo! [20] Y se lo trajeron. En cuanto el espíritu vio a Jesús, agitó violentamente al niño, que cayendo a tierra se revolcaba echando espuma. [21] Entonces preguntó al padre: ¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto? Le contestó: Desde muy niño; [22] y muchas veces lo ha arrojado al fuego y al agua, para acabar con él; pero si algo puedes, ayúdanos, compadecido de nosotros. [23] Y Jesús le dijo: ¡Si puedes...! ¡Todo es posible para el que cree! [24] En seguida el padre del niño exclamó: Creo, Señor; ayuda mi incredulidad. [25] Al ver Jesús que aumentaba la muchedumbre, increpó al espíritu inmundo diciéndole: ¡Espíritu mudo y sordo, yo te lo mando, sal de él y ya no vuelvas a entrar en él! [26] Y gritando y agitándole violentamente salió; y quedó como muerto, de manera que muchos decían: Ha muerto. [27] Pero Jesús, tomándolo de la mano, lo levantó y se mantuvo en pie.

[28] Cuando entró en casa le preguntaron sus discípulos a solas: ¿Por qué nosotros no hemos podido expulsarlo? [29] Y les respondió: Esta raza no puede ser expulsada por ningún medio, sino con la oración.

[30] Una vez que salieron de allí cruzaban Galilea, y no quería que nadie lo supiese; [31] pues iba instruyendo a sus discípulos y les decía: El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán, y después de muerto resucitará a los tres días. [32] Pero ellos no entendían sus palabras y temían preguntarle.

[33] Y llegaron a Cafarnaún. Estando ya en casa, les preguntó: ¿De qué discutíais por el camino? [34] Pero ellos callaban, porque en el camino habían discutido entre sí sobre quién sería el mayor. [35] Entonces se sentó y, llamando a los doce, les dijo: Si alguno quiere ser el primero, hágase el último de todos y servidor de todos. [36] Y tomando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: [37] El que reciba en mi nombre a uno de estos niños, a mí me recibe; y quien me recibe, no me recibe a mí, sino al que me envió.

[38] Juan le dijo: Maestro, hemos visto a uno expulsando demonios en tu nombre y se lo hemos prohibido, porque no viene con nosotros. [39] Jesús contestó: No se lo prohibáis, pues no hay nadie que haga un milagro en mi nombre y pueda a continuación hablar mal de mí: [40] el que no está contra nosotros, está con nosotros. [41] Y cualquiera que os dé de beber un vaso de agua en mi nombre, porque sois de Cristo, en verdad os digo que no perderá su recompensa.

[42] Y al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le vale que le pongan al cuello una piedra de molino, de las que mueve un asno, y sea arrojado al mar.

[43] Y si tu mano te escandaliza, córtala: más te vale entrar manco en la Vida que con las dos manos ir al infierno, al fuego inextinguible.

[45] Y si tu pie te escandaliza, córtatelo: más te vale entrar cojo en la Vida que con los dos pies ser arrojado a la gehena del fuego inextinguible.

[47] Y si tu ojo te escandaliza, sácatelo: más te vale entrar tuerto en el Reino de Dios que con los dos ojos ser arrojado al fuego del infierno, [48] donde su gusano no muere y el fuego no se apaga. [49] Porque todos serán salados con fuego. [50] Buena es la sal; pero si la sal se vuelve insípida, ¿con qué la sazonaréis? Tened en vosotros sal y tened paz unos con otros.

HACIA JUDEA Y JERUSALÉN

Capítulo 10

[1] Saliendo de allí llegó a la región de Judea, al otro lado del Jordán; y otra vez se congregó ante él la multitud y, como era su costumbre, de nuevo les enseñaba. [2] Se acercaron entonces unos fariseos que le preguntaban, para tentarle, si es lícito al marido repudiar a su mujer. [3] El les respondió: ¿Qué os mandó Moisés? [4] Ellos dijeron: Moisés permitió darle escrito el libelo de repudio y despedirla. [5] Pero Jesús les dijo: Por la dureza de vuestro corazón os escribió este precepto. [6] Pero en el principio de la creación los hizo Dios varón y hembra: [7] por esto dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, [8] y serán los dos una sola carne; de modo que ya no son dos, sino una sola carne. [9] Por tanto lo que Dios unió, no lo separe el hombre. [10] Una vez en la casa, sus discípulos volvieron a preguntarle sobre esto. [11] Y les dice: Cualquiera que repudie a su mujer y se una con otra, comete adulterio contra aquélla; [12] y si la mujer repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio.

[13] Le presentaban unos niños para que les impusiera las manos; pero los discípulos les reñían. [14] Al verlo Jesús se enfadó y les dijo: Dejad que los niños se acerquen a mí, y no se lo impidáis, porque de éstos es el Reino de Dios. [15] En verdad os digo: quien no reciba el Reino de Dios como un niño, no entrará en él. [16] Y abrazándolos, los bendecía imponiéndoles las manos.

[17] Cuando salía para ponerse en camino, vino uno corriendo y, arrodillado ante él, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué he de hacer para conseguir la vida eterna? [18] Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino uno, Dios. [19] Ya conoces los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no dirás falso testimonio, no defraudarás a nadie, honra a tu padre y a tu madre.

[20] El respondió: Maestro, todo esto lo he guardado desde mi adolescencia. [21] Y Jesús, fijando en él su mirada, se prendó de él y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende cuanto tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en el Cielo; luego ven y sígueme. [22] Pero él, afligido por estas palabras, se marchó triste, pues tenía muchos bienes.

[23] Jesús, mirando a su alrededor, dijo a sus discípulos: ¡Qué difícilmente entrarán en el Reino de Dios los que tienen riquezas! [24] Los discípulos quedaron impresionados por sus palabras. Y hablándoles de nuevo, dijo: Hijos, ¡qué difícil es entrar en el Reino de Dios! [25] Es más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el Reino de Dios. [26] Y ellos se asombraban aún más diciéndose unos a otros: Entonces, ¿quién podrá salvarse? [27] Jesús, fijándose en ellos, dijo: Para los hombres esto es imposible, pero no para Dios; pues para Dios todo es posible.

[28] Comenzó Pedro a decirle: Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido. [29] Jesús respondió: En verdad os digo que no hay nadie que habiendo dejado casa, hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o campos por mí y por el Evangelio, [30] no reciba en esta vida cien veces más en casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y campos, con persecuciones; y, en el siglo venidero, la vida eterna. [31] Porque muchos primeros serán últimos, y muchos últimos serán primeros.

[32] Iban de camino subiendo a Jerusalén. Jesús los precedía y estaban admirados; ellos le seguían con temor. Tomando aparte de nuevo a los doce, comenzó a decirles lo que le iba a suceder: [33] Mirad que subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los príncipes de los sacerdotes y a los escribas, lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles; [34] se burlarán de él, le escupirán, lo azotarán y lo matarán, pero a los tres días resucitará.

[35] Entonces se acercan a él Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, diciéndole: Maestro, queremos que nos concedas lo que te vamos a pedir. [36] El les dijo: ¿Qué queréis que os haga? Y ellos le contestaron: Concédenos sentarnos uno a tu derecha y otro a tu izquierda en tu gloria. [38] Y Jesús les dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo bebo, o recibir el bautismo con que yo soy bautizado? [39] Y ellos le respondieron: Podemos. Jesús les dijo: Beberéis el cáliz que yo bebo, y recibiréis el bautismo con que yo soy bautizado; [40] pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no es cosa mía concederlo, sino que es para quienes está dispuesto.

[41] Al oír esto los diez comenzaron a indignarse contra Santiago y Juan. [42] Entonces Jesús, llamándoles, les dijo: Sabéis que los que figuran como jefes de los pueblos los oprimen, y los poderosos los avasallan. [43] No ha de ser así entre vosotros; por el contrario, quien quiera llegar a ser grande entre vosotros, sea vuestro servidor; [44] y quien entre vosotros quiera ser el primero, sea esclavo de todos: [45] porque el Hijo del Hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en redención por muchos.

[46] Llegan a Jericó. Y al salir él de Jericó con sus discípulos y una gran multitud, el hijo de Timeo, Bartimeo, ciego, estaba sentado junto al camino pidiendo limosna. [47] Y al oír que era Jesús Nazareno, comenzó a gritar y a decir: Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí. [48] Y muchos le reprendían para que se callase. Pero él gritaba mucho más: Hijo de David, ten compasión de mí. [49] Se detuvo Jesús y dijo: Llamadle. Llaman al ciego diciéndole: ¡Animo!, levántate, te llama. [50] El, arrojando su manto, dio un salto y se acercó a Jesús. [51] Jesús, preguntándole, dijo: ¿Qué quieres que te haga? El ciego le respondió: Rabboni, que vea. [52] Entonces Jesús le dijo: Anda, tu fe te ha salvado. Y al instante recobró la vista, y le seguía por el camino.

Capítulo 11

[1] Al acercarse a Jerusalén, a Betfagé y Betania, junto al Monte de los Olivos, envía a dos de sus discípulos [2] y les dice: Id a la aldea que tenéis enfrente, y nada más entrar en ella encontraréis un borriquillo atado, sobre el que todavía no ha montado ningún hombre; desatadlo y traedlo. [3] Y si alguien os dice: ¿Por qué hacéis eso?, responded que el Señor tiene necesidad de él, y que en seguida lo devolverá aquí. [4] Se marcharon y encontraron un borriquillo atado junto a una puerta, fuera, en un cruce de caminos, y lo desataron. [5] Algunos de los que estaban allí les decían: ¿Qué hacéis desatando el borriquillo? [6] Ellos les respondieron como Jesús les había dicho, y les dejaron. [7] Entonces llevaron el borriquillo a Jesús, echaron encima sus mantos, y se montó sobre él. [8] Muchos extendieron sus mantos en el camino, otros las ramas que cortaban en el campo. [9] Y tanto los que iban delante, como los que seguían detrás, gritaban: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! [10] ¡Bendito el Reino que viene, el de David nuestro padre! ¡Hosanna en las alturas!

[11] Y entró en Jerusalén en el Templo; y después de observar todo atentamente, como ya era hora tardía, salió para Betania con los doce.

[12] Al día siguiente, cuando salían de Betania, sintió hambre. [13] Al ver de lejos una higuera que tenía hojas, se acercó por si encontraba algo en ella, y cuando llegó no encontró más que hojas, pues no era tiempo de higos. [14] E increpándola, dijo: Nunca jamás coma nadie fruto de ti. Y sus discípulos lo estaban escuchando.

[15] Llegan a Jerusalén. Y, entrando en el Templo, comenzó a expulsar a los que vendían y a los que compraban en el Templo, y derribó las mesas de los cambistas y los puestos de los que vendían palomas. [16] Y no permitía que nadie transportase cosas por el Templo, [17] y les enseñaba diciendo: ¿No está escrito que mi casa será llamada casa de oración para todas las gentes? Vosotros, en cambio, la habéis convertido en una cueva de ladrones.

[18] Lo oyeron los príncipes de los sacerdotes y los escribas, y buscaban el modo de perderle; pues le temían, ya que toda la muchedumbre estaba admirada de su doctrina. [19] Y al atardecer salieron de la ciudad.

[20] Por la mañana, al pasar, vieron que la higuera se había secado de raíz. [21] Y acordándose Pedro, le dijo: Rabbí, mira, la higuera que maldijiste se ha secado. [22] Jesús les contestó: Tened fe en Dios. [23] En verdad os digo que cualquiera que diga a este monte: Arráncate y échate al mar, sin dudar en su corazón, sino creyendo que se hará lo que dice, le será concedido. [24] Por tanto os digo: todo cuanto pidáis en la oración, creed que ya lo recibisteis y se os concederá. [25] Y cuando os pongáis de pie para orar, perdonad si tenéis algo contra alguno, a fin de que también vuestro Padre que está en los Cielos os perdone vuestros pecados.

[27] Llegan de nuevo a Jerusalén. Y mientras paseaba por el Templo, se le acercan los príncipes de los sacerdotes, los escribas y los ancianos, [28] y le dicen: ¿Con qué potestad haces estas cosas?, o ¿quién te ha dado tal potestad para hacerlas? [29] Jesús les contestó: Yo también os haré una pregunta, respondedme, y os diré con qué potestad hago estas cosas: [30] el bautismo de Juan ¿era del Cielo o de los hombres? Respondedme. [31] Y deliberaban entre sí diciendo: Si decimos que del Cielo, dirá: ¿por qué, pues, no le creísteis? [32] Pero ¿vamos a decir que de los hombres? Temían a la gente; pues todos tenían a Juan como a un verdadero profeta. [33] Y contestaron a Jesús: No lo sabemos. Entonces Jesús les dice: Pues tampoco yo os digo con qué potestad hago estas cosas.

Capítulo 12

[1] Y comenzó a hablarles en parábolas: Un hombre plantó una viña, la rodeó de una cerca, excavó un lagar, edificó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó de allí. [2] A su tiempo envió un siervo a los labradores, para percibir de éstos los frutos de la viña. [3] Pero ellos, agarrándole, lo golpearon y despacharon con las manos vacías. [4] De nuevo les envió otro siervo, y a éste le hirieron en la cabeza y lo ultrajaron. [5] Y envió otro y lo mataron; y a otros muchos, de los cuales a unos los herían y a otros los mataban. [6] Todavía le quedaba uno, su hijo amado; y lo envió por último a ellos, diciéndose: A mi hijo lo respetarán. [7] Pero aquellos labradores se dijeron: Este es el heredero; vamos, matémoslo y será nuestra la heredad. [8] Y agarrándolo, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña. [9] ¿Qué hará, pues, el dueño de la viña? Vendrá, acabará con los labradores y entregará la viña a otros. [10] ¿No habéis leído esta Escritura?: La piedra que rechazaron los constructores, ésta ha llegado a ser piedra angular. [11] Es el Señor quien ha hecho esto, y es admirable a nuestros ojos. [12] Entonces intentaban prenderlo, pero temieron al pueblo: habían comprendido que la parábola iba dirigida a ellos. Y dejándole, se fueron.

[13] Le enviaron algunos de los fariseos y de los herodianos para sorprenderle en alguna palabra. [14] Acercándose, le dicen: Maestro, sabemos que eres veraz y que no te dejas llevar de nadie, pues no haces acepción de personas, sino que enseñas el camino de Dios de verdad. ¿Es lícito dar tributo al César o no? ¿Pagamos o no pagamos? [15] Pero él, advirtiendo su hipocresía, les dijo: ¿Por qué me tentáis? Traedme un denario para que lo vea. [16] Ellos se lo mostraron, y les dice: ¿De quién es esta imagen y esta inscripción? Le respondieron: Del César. [17] Jesús les dijo: Dad, pues, al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios. Y se admiraban de él.

[18] Después se le acercan unos saduceos, que niegan la resurrección, y le preguntaban: [19] Maestro, Moisés nos dejó escrito: Si muere el hermano de alguien y deja mujer sin hijos, que su hermano tome a la mujer para dar descendencia a su hermano. [20] Eran siete hermanos. El primero tomó mujer, muriendo sin dejar descendencia. [21] Entonces el segundo se casó con ella, y murió sin dejar tampoco descendencia. De igual modo el tercero. [22] Y los siete no dejaron descendencia. Después de todos murió también la mujer. [23] En la resurrección, cuando resuciten, ¿de cuál de ellos será mujer?, porque los siete la tuvieron por mujer. [24] Y Jesús les contestó: ¿No habéis caído en error al no entender las Escrituras ni el poder de Dios? [25] Cuando resuciten de entre los muertos, ni los hombres tomarán mujer ni las mujeres marido, sino que serán como los ángeles en el Cielo. [26] Y acerca de que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés, en el pasaje de la zarza, cómo le habló Dios diciendo: Yo soy el Dios de Abrahán, y el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob? [27] Ahora bien, Dios no es Dios de muertos, sino de vivos. Estáis muy equivocados.

[28] Se acercó uno de los escribas, que había oído la discusión y, al ver lo bien que les había respondido, le preguntó: ¿Cuál es el primero de todos los mandamientos? [29] Jesús respondió: El primero es: Escucha, Israel, el Señor Dios nuestro es el único Señor; [30] y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. [31] El segundo es éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos. [32] Y le dijo el escriba: ¡Bien, Maestro!, con verdad has dicho que Dios es uno sólo y no hay otro fuera de El; [33] y amarle con todo el corazón y con toda la inteligencia y con toda la fuerza, y amar al prójimo como a sí mismo, vale más que todos los holocaustos y sacrificios. [34] Viendo Jesús que le había respondido con sensatez, le dijo: No estás lejos del Reino de Dios. Y ninguno se atrevía ya a hacerle preguntas.

[35] Y tomando Jesús la palabra, decía enseñando en el Templo: ¿Cómo dicen los escribas que el Cristo es hijo de David? [36] El mismo David, movido por el Espíritu Santo, ha dicho: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos bajo tus pies.

[37] El mismo David le llama Señor, entonces, ¿de dónde puede ser su hijo? y una inmensa muchedumbre le escuchaba con gusto.

[38] Y enseñándoles, decía: Guardaos de los escribas, que les gusta pasear con vestidos lujosos y que los saluden en las plazas, [39] y ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; [40] que devoran las casas de las viudas mientras fingen largas oraciones. Estos recibirán un juicio más severo.

[41] Sentado Jesús frente al gazofilacio, miraba cómo la gente echaba en él monedas de cobre, y bastantes ricos echaban mucho. [42] Y al llegar una viuda pobre, echó dos monedas, que hacen la cuarta parte del as. [43] Llamando a sus discípulos, les dijo: En verdad os digo que esta viuda pobre ha echado más en el gazofilacio que todos los otros, [44] pues todos han echado algo de lo que les sobraba; ella, en cambio, en su necesidad, ha echado todo lo que tenía, todo su sustento.

DISCURSO ESCATOLÓGICO

Capítulo 13

[1] Al salir del templo le dice uno de sus discípulos: Maestro, mira qué piedras y qué edificios. [2] Jesús le responde: ¿Ves estas grandes construcciones? No quedará aquí piedra sobre piedra que no sea derruida. [3] Y estando sentado Jesús en el Monte de los Olivos, enfrente del Templo, le preguntaron aparte Pedro, Santiago, Juan y Andrés: [4] Dinos: ¿cuándo ocurrirán estas cosas y cuál será la señal de que todo esto está a punto de cumplirse?

[5] Entonces comenzó Jesús a decirles: Mirad que nadie os engañe. [6] Muchos vendrán en mi nombre diciendo: Yo soy; y seducirán a muchos. [7] Cuando oigáis hablar de guerras y de rumores de guerras, no os turbéis; pues es necesario que esto ocurra, pero todavía no es el fin. [8] Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá terremotos en diversos lugares, habrá hambre. Esto es el comienzo de los dolores.

[9] Vosotros estad alerta: os entregarán a los tribunales, y seréis azotados en las sinagogas, y compareceréis por causa mía ante los gobernadores y reyes, para que deis testimonio ante ellos. [10] Pero es necesario que antes sea predicado el Evangelio a todos los pueblos. [11] Y cuando os conduzcan para entregaros, no os preocupéis por lo que habéis de decir, sino decid lo que se os comunique en aquella hora, pues no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu Santo. [12] Entonces el hermano entregará a la muerte al hermano, y el padre al hijo, y se levantarán los hijos contra los padres y los harán morir. [13] Y seréis odiados por todos a causa de mi nombre. Pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará.

[14] Cuando veáis, pues, la abominación de la desolación establecida donde no debe (quien lea entienda), entonces los que estén en Judea, huyan a los montes; [15] quien esté en el terrado no baje ni entre a tomar nada de su casa; [16] y quien esté en el campo no vuelva atrás para tomar su manto. [17] ¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días! [18] Rogad, pues, para que no ocurra en invierno: [19] habrá en aquellos días una tribulación tan grande, como no la hubo tal desde el principio de la creación que hizo Dios hasta ahora, ni la habrá. [20] Y si el Señor no acortase aquellos días, no se salvaría nadie; pero en atención a los elegidos, que él se eligió, abrevió aquellos días.

 [21] Entonces, si alguien os dijese: Aquí está el Cristo, o allí, no le creáis. [22] Porque surgirán falsos mesías y falsos profetas, y harán señales y prodigios para engañar, si fuera posible, a los elegidos. [23] Vosotros estad alerta; todo os lo he predicho.

[24] Pero en aquellos días, después de aquella tribulación, el sol se oscurecerá y la luna no dará su resplandor, [25] y las estrellas caerán del cielo, y las potestades de los cielos se conmoverán.

[26] Entonces verán al Hijo del Hombre que viene sobre las nubes con gran poder y gloria. [27] Y entonces enviará a los ángeles y reunirá a sus elegidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo.

[28] Aprended de la higuera esta parábola: cuando ya sus ramas están tiernas y brotan las hojas, sabéis que el verano está próximo; [29] así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que es inminente, que está a las puertas. [30] En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo esto suceda.

 [31] El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. [32] Sin embargo, acerca de aquel día o de la hora nadie lo sabe, ni los ángeles en el Cielo, ni el Hijo, sino el Padre.

[33] Estad atentos, velad: porque no sabéis cuándo será el momento. [34] Es como un hombre que al marcharse de su tierra, y al dejar su casa y dar atribuciones a sus siervos, a cada uno su trabajo, ordenó también al portero que velase. [35] Velad, pues, porque no sabéis a qué hora volverá el señor de la casa, si por la tarde, o a la medianoche, o al canto del gallo, o de madrugada; [36] no sea que, viniendo de repente, os encuentre dormidos. [37] Lo que a vosotros os digo, a todos lo digo: ¡velad!

PASIÓN, MUERTE Y RESURRECCIÓN DE JESÚS

Capítulo 14

[1] Dos días después era la Pascua y los Azimos; y los sumos sacerdotes y los escribas buscaban cómo apoderarse de él con engaño y darle muerte. [2] Pues decían: No sea en la fiesta, para que no se produzca un alboroto del pueblo.

[3] Y estando en Betania en la casa de Simón el leproso, cuando estaba sentado a la mesa, vino una mujer que llevaba un frasco de alabastro con perfume de nardo puro de mucho precio; y rompiendo el frasco, lo derramó sobre su cabeza. [4] Algunos de los presentes, indignándose en su interior, decían: ¿Para qué se ha hecho este derroche de perfume? [5] Se podía haber vendido este perfume por más de trescientos denarios, y darlo a los pobres. Y se irritaban contra ella.

[6] Pero Jesús dijo: Dejadla, ¿por qué la molestáis? Ha hecho una buena obra conmigo, [7] pues a los pobres los tenéis siempre con vosotros, y podéis hacerles bien cuando queráis; a mí, en cambio, no siempre me tenéis. [8] Ha hecho cuanto estaba en su mano: se ha anticipado a embalsamar mi cuerpo para la sepultura. [9] En verdad os digo: dondequiera que se predique el Evangelio en todo el mundo, se contará también lo que ella ha hecho, para memoria suya.

[10] Entonces Judas Iscariote, uno de los doce, fue a los príncipes de los sacerdotes para entregárselo. [11] Estos, al oírle, se alegraron y prometieron darle dinero. Y él buscaba cómo podría entregarlo en un momento oportuno.

[12] El primer día de los Azimos, cuando sacrificaban el cordero pascual, le dicen sus discípulos: ¿Dónde quieres que vayamos y preparemos para que comas la Pascua? [13] Entonces envía dos de sus discípulos, y les dice: Id a la ciudad y os saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidle; [14] y allí donde entre, decid al dueño de la casa que el Maestro pregunta: ¿Dónde está mi sala, donde coma la Pascua con mis discípulos? [15] Y él os mostrará una habitación en el piso de arriba, grande, ya amueblada; disponed allí para nosotros. [16] Y marcharon los discípulos, llegaron a la ciudad, encontraron como les había dicho, y prepararon la Pascua.

[17] Al anochecer, llega con los doce. [18] Y mientras estaban a la mesa, comiendo, Jesús dijo: En verdad os digo que uno de vosotros me va a traicionar, el que come conmigo. [19] Comenzaron a entristecerse, y a decirle cada uno: ¿Acaso soy yo? [20] El les dijo: Uno de los doce, el que moja conmigo en la fuente. [21] Ciertamente que el Hijo del Hombre se va, según está escrito acerca de él; pero ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado! Más le valiera a aquel hombre no haber nacido.

[22] Mientras cenaban, tomó pan, y después de bendecir lo partió, se lo dio a ellos y dijo: Tomad, esto es mi cuerpo. [23] Y tomando el cáliz, habiendo dado gracias, se lo dio y bebieron de él todos. [24] Y les dijo: Esta es mi sangre de la Nueva Alianza, que será derramada por muchos. [25] En verdad os digo que ya no beberé del fruto de la vid hasta aquel día en que lo beba nuevo en el Reino de Dios.

[26] Y recitado el himno, salieron hacia el Monte de los Olivos. [27] Y les dice Jesús: Todos os escandalizaréis, porque está escrito: Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas.

[28] Pero después de que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea. [29] Entonces Pedro le dijo: Aunque todos se escandalicen, yo no. [30] Jesús le responde: En verdad te digo que tú hoy, en esta misma noche, antes que el gallo cante dos veces, me habrás negado tres. [31] Pero él afirmaba con insistencia: Aunque tenga que morir contigo, jamás te negaré. Lo mismo decían todos.

[32] Llegan a una finca llamada Getsemaní. Y dice a sus discípulos: Sentaos aquí, mientras hago oración. [33] Y llevándose con él a Pedro, a Santiago y a Juan, comenzó a sentir pavor y a angustiarse. [34] Y les dice: Mi alma está triste hasta la muerte; quedaos aquí y velad. [35] Y adelantándose un poco, se postró en tierra y rogaba que, a ser posible, se alejase de él aquella hora. [36] Decía: ¡Abbá, Padre!, todo te es posible, aparta de mí este cáliz; pero que no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú. [37] Vuelve y los encuentra dormidos, y dice a Pedro: Simón, ¿duermes? ¿No has sido capaz de velar una hora? [38] Velad y orad para no caer en tentación; el espíritu está pronto, pero la carne es débil. [39] Apartándose de nuevo, oró diciendo las mismas palabras. [40] Y al volver los encontró dormidos, pues sus ojos estaban pesados; y no sabían qué responderle. [41] Vuelve por tercera vez y les dice: ¿Aún estáis durmiendo y descansando? Basta, llegó la hora: mirad que el Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. [42] Levantaos, vamos; ya llega el que me va a entregar.

[43] Y al instante, cuando todavía estaba hablando, llega Judas, uno de los doce, acompañado de una muchedumbre con espadas y palos, de parte de los príncipes de los sacerdotes, de los escribas y de los ancianos. [44] El que lo entregaba les había dado una señal: Aquel a quien yo bese, ése es; prendedlo y conducidlo con cautela. [45] Y al llegar, acercándose a él en seguida, le dice: Rabbí; y le besó. [46] Entonces le echaron mano y lo prendieron. [47] Pero uno de los que lo rodeaban, sacando la espada, hirió al criado del Sumo Sacerdote y le cortó la oreja. [48] En respuesta Jesús les dijo: ¿Como contra un ladrón habéis salido con espadas y palos a prenderme? [49] Todos los días estaba entre vosotros en el Templo enseñando, y no me prendisteis; pero que se cumplan las Escrituras. [50] Entonces, abandonándole, huyeron todos. [51] Y un joven, envuelto su cuerpo desnudo con una sábana, le seguía, y lo agarraron. [52] Pero él, soltando la sábana, se escapó desnudo.

[53] Condujeron a Jesús al Sumo Sacerdote; y se reunieron todos los príncipes de los sacerdotes, los ancianos y los escribas. [54] Pedro le siguió desde lejos hasta el interior del palacio del Sumo Sacerdote, y estaba sentado con los sirvientes calentándose junto a la lumbre. [55] Los príncipes de los sacerdotes y todo el Sanedrín buscaban contra Jesús un testimonio para darle muerte, y no lo encontraban.

[56] Muchos atestiguaban en falso contra él, pero los testimonios no coincidían. [57] Y levantándose algunos atestiguaban en falso contra él, diciendo: [58] Nosotros le oímos decir: Yo destruiré este Templo, hecho por mano de hombre, y en tres días edificaré otro no hecho por mano de hombre. [59] Y ni aun así coincidía su testimonio. [60] Entonces el Sumo Sacerdote, levantándose en el centro, preguntó a Jesús diciendo: ¿No respondes nada a lo que éstos atestiguan contra ti? [61] Pero él permanecía en silencio y nada respondió. De nuevo el Sumo Sacerdote le preguntaba y le decía: ¿Eres tú el Mesías, el Hijo del Bendito? [62] Jesús respondió: Yo soy, y veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del Poder, y venir sobre las nubes del cielo.

[63] El Sumo Sacerdote, rasgando sus vestiduras, dijo: ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? [64] Habéis escuchado la blasfemia; ¿qué os parece? Todos ellos sentenciaron que era reo de muerte. [65] Y algunos empezaron a escupirle, a taparle la cara, a golpearle y a decirle: Adivina; y los criados le recibieron a bofetadas.

[66] Cuando Pedro estaba abajo en el atrio, llega una de las criadas del Sumo Sacerdote [67] y, al ver a Pedro que se estaba calentando, fijándose en él, le dice: También tú estabas con Jesús, ese Nazareno. [68] Pero él lo negó diciendo: Ni lo conozco, ni sé de qué hablas. Y salió fuera, al vestíbulo de la casa, y cantó un gallo. [69] Y al verlo la criada empezó a decir otra vez a los que estaban alrededor: Este es de los suyos. [70] Pero él lo volvía a negar. Y un poco después, los que estaban allí decían a Pedro: Desde luego eres de ellos, porque también tú eres galileo. [71] Pero él comenzó a decir imprecaciones y a jurar: No conozco a ese hombre del que habláis. [72] Y, al instante, cantó un gallo por segunda vez. Entonces Pedro se acordó de las palabras que le había dicho Jesús: Antes de que el gallo cante dos veces, me habrás negado tres. Y rompió a llorar.

Capítulo 15

 [1] Por la mañana, muy temprano, se reunieron en consejo los príncipes de los sacerdotes con los ancianos y los escribas, todo el Sanedrín, y atando a Jesús lo llevaron y entregaron a Pilato. [2] Y le preguntó Pilato: ¿Eres tú el Rey de los Judíos? El le respondió: Tú lo dices. [3] Y los príncipes de los sacerdotes le acusaban de muchas cosas. [4] Entonces Pilato volvió a preguntarle: ¿No respondes nada? Mira de cuántas cosas te acusan. [5] Pero Jesús ya no respondió nada, de modo que Pilato estaba admirado.

[6] En el día de la fiesta acostumbraba a soltarles uno de los presos, el que pedían. [7] Había uno llamado Barrabás, apresado con otros sediciosos, que en una revuelta habían cometido un homicidio. [8] Subió la turba y comenzó a pedirle lo que les solía conceder. [9] Pilato les respondió diciendo: ¿Queréis que os suelte al Rey de los Judíos? [10] Pues sabía que los príncipes de los sacerdotes lo habían entregado por envidia. [11] Pero los príncipes de los sacerdotes soliviantaron a la turba, para que les soltase más bien a Barrabás. [12] Pilato, respondiendo de nuevo, les decía: ¿Y qué queréis que haga con el Rey de los Judíos? [13] Ellos volvieron a gritar: ¡Crucifícalo! [14] Pilato les decía: Pues ¿qué mal ha hecho? Pero ellos gritaban más fuerte: ¡Crucifícalo! [15] Pilato, queriendo contentar a la muchedumbre, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de haberle hecho azotar, lo entregó para que fuera crucificado.

[16] Los soldados lo condujeron dentro del patio, que es el Pretorio, y convocaron a toda la cohorte. [17] Lo vistieron de púrpura y, trenzando una corona de espinas, se la pusieron. [18] Y comenzaron a saludarle: Salve, Rey de los Judíos. [19] Y golpeaban su cabeza con una caña, le escupían e hincando las rodillas le adoraban. [20] Después de reírse de él, le quitaron la púrpura y le pusieron sus vestidos. Entonces lo sacaron para crucificarlo.

[21] Y a uno que pasaba por allí, que venía del campo, a Simón Cireneo, el padre de Alejandro y de Rufo, le forzaron a que llevara la cruz de Jesús. [22] Y lo llevaron al lugar del Gólgota, que significa lugar de la Calavera. [23] Y le daban a beber vino con mirra, pero él no aceptó.

[24] Y le crucificaron, y repartieron sus vestidos, echando suertes sobre ellos para ver qué se llevaba cada uno. [25] Era la hora tercia cuando lo crucificaron. [26] Y el título de su causa tenía esta inscripción: El Rey de los Judíos. [27] También crucificaron con él a dos ladrones, uno a su derecha y otro a su izquierda.

[29] Los que pasaban le injuriaban, moviendo la cabeza y diciendo: ¡Ea! Tú que destruyes el Templo y lo edificas de nuevo en tres días, [30] sálvate a ti mismo, bajando de la cruz. [31] Del mismo modo, los príncipes de los sacerdotes, burlándose entre ellos con los escribas, decían: Salvó a otros, y a sí mismo no puede salvarse. [32] Que el Cristo, el Rey de Israel, baje ahora de la cruz, para que veamos y creamos. Incluso los que estaban crucificados con él le insultaban.

[33] Y al llegar la hora sexta, toda la tierra se cubrió de tinieblas hasta la hora nona. [34] Y a la hora nona exclamó Jesús con fuerte voz: Eloí, Eloí, ¿lemá sabacthaní?, que significa: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? [35] Y algunos de los que estaban cerca, al oírlo, decían: Mirad, llama a Elías. [36] Uno corrió a empapar una esponja con vinagre y, sujetándola a una caña, le daba de beber mientras decía: Dejad, veamos si viene Elías a bajarlo. [37] Pero Jesús, dando una gran voz, expiró.

[38] Y el velo del Templo se rasgó en dos de arriba a abajo.

[39]  El centurión, que estaba enfrente de él, al ver cómo había expirado, dijo: Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios.

[40] Había también unas mujeres mirando desde lejos, entre las que estaban María Magdalena y María la madre de Santiago el Menor y de José, y Salomé, [41] que le seguían y le servían cuando estaba en Galilea, y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén.

[42] Y llegada ya la tarde, puesto que era la Parasceve, que es el día anterior al sábado, [43] vino José de Arimatea, miembro ilustre del Consejo, que también él esperaba el Reino de Dios y, con audacia, llegó hasta Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. [44] Pilato se sorprendió de que ya hubiera muerto y, llamando al centurión, le preguntó si efectivamente había muerto. [45] Cerciorado por el centurión, entregó el cuerpo a José. [46] Entonces éste, habiendo comprado una sábana, lo bajó y lo envolvió en ella, lo depositó en un sepulcro que estaba excavado en una roca, e hizo arrimar una piedra a la entrada del sepulcro. [47] María Magdalena y María la de José observaban dónde era colocado.

Capítulo 16

 [1] Pasado el sábado, María Magdalena y María la de Santiago y Salomé compraron aromas para ir a embalsamar a Jesús. [2] Y, muy de mañana, al día siguiente del sábado, llegan al sepulcro, salido ya el sol. [3] Y se decían unas a otras: ¿Quién nos quitará la piedra de la entrada del sepulcro? [4] Y al mirar vieron que la piedra estaba apartada; era ciertamente muy grande. [5] Entrando en el sepulcro, vieron a un joven sentado a la derecha, vestido con una túnica blanca, y se quedaron asustadas. [6] El les dice: No tengáis miedo; buscáis a Jesús Nazareno, el crucificado. Ha resucitado, no está aquí; mirad el lugar donde lo colocaron. [7] Pero marchad, decid a sus discípulos y a Pedro que él va delante de vosotros a Galilea; allí lo veréis, como os dijo. [8] Y saliendo, huyeron del sepulcro, pues estaban sobrecogidas de temblor y fuera de sí; y no dijeron nada a nadie, porque estaban atemorizadas.

[9] Habiendo resucitado, al amanecer el primer día de la semana, se apareció en primer lugar a María Magdalena, de la que había expulsado siete demonios. [10] Ella fue a anunciarlo a los que habían estado con él, que se encontraban tristes y llorosos. [11] Pero ellos, al oír que estaba vivo y que ella lo había visto, no lo creyeron.

 [12] Después de esto se apareció, bajo distinta figura, a dos de ellos que iban de camino a una aldea; [13] también ellos regresaron y lo comunicaron a los demás, pero tampoco les creyeron.

[14] Por último, se apareció a los Once cuando estaban a la mesa, y les reprochó su incredulidad y dureza de corazón, porque no creyeron a los que lo habían visto resucitado. [15] Y les dijo: Id al mundo entero y predicad el Evangelio a toda criatura. [16] El que crea y sea bautizado, se salvará; pero el que no crea, se condenará. [17] A los que crean acompañarán estos milagros: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán lenguas nuevas, [18] cogerán serpientes y, si bebieran algún veneno, no les dañará; impondrán las manos sobre los enfermos y quedarán curados.

[19] El Señor, Jesús, después de hablarles, se elevó al Cielo y está sentado a la derecha de Dios.

[20] Y ellos, partiendo de allí, predicaron por todas partes, y el Señor cooperaba y confirmaba la palabra con los milagros que la acompañaban.

 

Evangelio de San Lucas

Cap. I

[1] Ya que muchos han intentado poner en orden la narración de las cosas que se han cumplido entre nosotros, [2] conforme nos las transmitieron quienes desde el principio fueron testigos oculares y ministros de la palabra, [3] me pareció también a mí, después de haberme informado con exactitud de todo desde los comienzos, escribírtelo de forma ordenada, distinguido Teófilo, [4] para que conozcas la indudable certeza de las enseñanzas que has recibido.

INFANCIA DE JUAN BAUTISTA Y DE JESÚS

[5] Hubo en tiempos de Herodes, rey de Judea, un sacerdote llamado Zacarías, de la familia de Abías, cuya mujer, descendiente de Aarón, se llamaba Isabel. [6] Ambos eran justos ante Dios, y caminaban intachables en todos los mandamientos y preceptos del Señor; [7] no tenían hijos, porque Isabel era estéril y los dos de edad avanzada.

[8] Sucedió que, al ejercer él su ministerio sacerdotal delante de Dios, cuando le tocaba el turno, [9] le cayó en suerte, según la costumbre del Sacerdocio, entrar en el Templo del Señor para ofrecer el incienso; [10] y toda la concurrencia del pueblo estaba fuera orando durante el ofrecimiento del incienso. [11] Se le apareció un ángel del Señor, de pie a la derecha del altar del incienso. [12] Y Zacarías se turbó al verlo y le invadió el temor. [13] Pero el ángel le dijo: No temas, Zacarías, porque tu oración ha sido escuchada, así que tu mujer Isabel te dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Juan. [14] Será para ti gozo y alegría; y muchos se alegrarán en su nacimiento, [15] porque será grande ante el Señor; no beberá vino ni licor, será lleno del Espíritu Santo ya desde el vientre de su madre, [16] y convertirá a muchos de los hijos de Israel al Señor su Dios; [17] e irá delante de El con el espíritu y el poder de Elías para convertir los corazones de los padres hacia los hijos, y a los desobedientes a la prudencia de los justos, a fin de preparar al Señor un pueblo perfecto. [18] Entonces Zacarías dijo al ángel: ¿Cómo podré yo estar cierto de esto? pues ya soy viejo y mi mujer de edad avanzada. [19] Y el ángel le respondió: Yo soy Gabriel, que asisto ante el trono de Dios, y he sido enviado para hablarte y darte esta buena nueva. [20] Desde ahora, pues, te quedarás mudo y no podrás hablar hasta el día en que sucedan estas cosas, porque no has creído en mis palabras, que se cumplirán a su tiempo.

[21] El pueblo estaba esperando a Zacarías, y se extrañaba de que se demorase en el Templo. [22] Cuando salió no podía hablarles, y comprendieron que había tenido una visión en el Templo. El intentaba explicarse por señas, y permaneció mudo.

[23] Y sucedió que cuando se cumplieron los días de su ministerio, se marchó a su casa. [24] Después de estos días Isabel, su mujer, concibió y se ocultaba durante cinco meses, diciéndose: [25] Así ha hecho conmigo el Señor, en estos días en los que se ha dignado borrar mi oprobio entre los hombres.

[26] En el sexto mes fue enviado el ángel Gabriel de parte de Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, [27] a una virgen desposada con un varón de nombre José, de la casa de David, y el nombre de la virgen era María. [28] Y habiendo entrado donde ella estaba, le dijo: Dios te salve, llena de gracia, el Señor es contigo. [29] Ella se turbó al oír estas palabras, y consideraba qué significaría esta salutación. [30] Y el ángel le dijo: No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios: [31] concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. [32] Será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, [33] reinará eternamente sobre la casa de Jacob, y su Reino no tendrá fin.

[34] María dijo al ángel: ¿De qué modo se hará esto, pues no conozco varón? [35] Respondió el ángel y le dijo: El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso, el que nacerá Santo, será llamado Hijo de Dios. [36] Y ahí tienes a Isabel, tu pariente, que en su ancianidad ha concebido también un hijo, y la que era llamada estéril, hoy cuenta ya el sexto mes, [37] porque para Dios no hay nada imposible. [38] Dijo entonces María: He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra. Y el ángel se retiró de su presencia.

[39] Por aquellos días, María se levantó, y marchó deprisa a la montaña, a una ciudad de Judá; [40] y entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. [41] Y en cuanto oyó Isabel el saludo de María, el niño saltó de gozo en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo; [42] y exclamando en voz alta, dijo: Bendita tú entre las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre. [43] ¿De dónde a mí tanto bien, que venga la madre de mi Señor a visitarme? [44] Pues en cuanto llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno; [45] y bienaventurada tú que has creído, porque se cumplirán las cosas que se te han dicho de parte del Señor. [46] María exclamó: Glorifica mi alma al Señor, [47] y se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador: [48] porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava; por eso desde ahora me llamarán bienaventurada todas las generaciones. [49] Porque ha hecho en mí cosas grandes el Todopoderoso, cuyo nombre es Santo; [50] su misericordia se derrama de generación en generación sobre aquellos que le temen. [51] Manifestó el poder de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón. [52] Derribó a los poderosos de su trono y ensalzó a los humildes. [53] Colmó de bienes a los hambrientos y a los ricos los despidió vacíos. [54] Acogió a Israel su siervo, recordando su misericordia, [55] según como había prometido a nuestros padres, Abrahán y su descendencia para siempre.

[56] María permaneció con ella unos tres meses, y se volvió a su casa. [57] Entre tanto llegó a Isabel el tiempo del parto, y dio a luz un hijo. [58] Y oyeron sus vecinos y parientes la gran misericordia que el Señor le había mostrado, y se congratulaban con ella. [59] El día octavo fueron a circuncidar al niño, y querían ponerle el nombre de su padre, Zacarías. [60] Pero su madre dijo: De ninguna manera, sino que se ha de llamar Juan. [61] Y le dijeron: No hay nadie en tu familia que se llame con este nombre. [62] Al mismo tiempo preguntaban por señas a su padre cómo quería que se le llamase. [63] Y él, pidiendo una tablilla, escribió: Juan es su nombre. Lo cual llenó a todos de admiración. [64] En aquel momento recobró el habla, se soltó su lengua, y hablaba bendiciendo a Dios. [65] Y se apoderó de todos sus vecinos el temor y se comentaban estos acontecimientos por toda la montaña de Judea; [66] y cuantos los oían los grababan en su corazón, diciendo: ¿Qué pensáis ha de ser este niño? Porque la mano del Señor estaba con él.

[67] Y Zacarías, su padre, quedó lleno del Espíritu Santo y profetizó diciendo: [68] Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo, [69] y ha suscitado para nosotros el poder salvador en la casa de David su siervo, [70] como lo había anunciado desde antiguo por boca de sus santos profetas; [71] para salvarnos de nuestros enemigos y de la mano de cuantos nos odian: [72] ejerciendo su misericordia con nuestros padres, y acordándose de su santa alianza, [73] y del juramento que hizo a Abrahán, nuestro padre, [74] para concedernos que, libres de la mano de los enemigos, le sirvamos sin temor, [75] con santidad y justicia en su presencia todos los días de nuestra vida. [76] Y tú, niño, serás llamado Profeta del Altísimo: porque irás delante del Señor a preparar sus caminos, [77] enseñando a su pueblo la salvación para el perdón de sus pecados; [78] por las entrañas de misericordia de nuestro Dios, el Sol naciente nos visitará desde lo alto, [79] para iluminar a los que yacen en tinieblas y en sombra de muerte, y guiar nuestros pasos por el camino de la paz.

[80] Mientras tanto el niño iba creciendo y se fortalecía en el espíritu, y habitaba en el desierto hasta el tiempo en que debía darse a conocer a Israel.

Cap. II

[1] En aquellos días se promulgó un edicto de César Augusto, para que se empadronase todo el mundo. [2] Este primer empadronamiento fue hecho cuando Quirino era gobernador de Siria. [3] Todos iban a inscribirse, cada uno a su ciudad. [4] José, como era de la casa y familia de David, subió desde Nazaret, ciudad de Galilea, a la ciudad de David llamada Belén, en Judea, [5] para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta. [6] Y sucedió que, estando allí, le llegó la hora del parto, [7] y dio a luz a su hijo primogénito; lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el aposento.

[8] Había unos pastores por aquellos contornos, que dormían al raso y vigilaban por turno su rebaño durante la noche. [9] De improviso un ángel del Señor se les presentó, y la gloria del Señor los rodeó de luz y se llenaron de un gran temor. [10] El ángel les dijo: No temáis, pues vengo a anunciaros una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: [11] hoy os ha nacido, en la ciudad de David, el Salvador, que es el Cristo, el Señor; [12] y esto os servirá de señal: encontraréis a un niño envuelto en pañales y reclinado en un pesebre. [13] De pronto apareció junto al ángel una muchedumbre de la milicia celestial, que alababa a Dios diciendo: [14] Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad. [15] Luego que los ángeles se apartaron de ellos hacia el cielo, los pastores se decían unos a otros: Vayamos hasta Belén, y veamos este hecho que acaba de suceder y que el Señor nos ha manifestado. [16] Y vinieron presurosos, y encontraron a María y a José y al niño reclinado en el pesebre. [17] Al verlo, reconocieron las cosas que les habían sido anunciadas acerca de este niño. [18] Y todos los que escucharon se maravillaron de cuanto los pastores les habían dicho. [19] María guardaba todas estas cosas ponderándolas en su corazón.

[20] Y los pastores regresaron, glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, según les fue dicho.

[21] Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidarle, le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de que fuera concebido en el seno materno.

[22] Y cumplidos los días de su purificación según la Ley de Moisés, lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor, [23] como está mandado en la Ley del Señor: Todo varón primogénito será consagrado al Señor; [24] y para presentar como ofrenda un par de tórtolas o dos pichones, según lo mandado en la Ley del Señor.

[25] Había por entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón. Este hombre, justo y temeroso de Dios, esperaba la consolación de Israel, y el Espíritu Santo estaba en él. [26] Había recibido la revelación del Espíritu Santo de que no moriría antes de ver al Cristo del Señor. [27] Así, vino al Templo movido por el Espíritu. Y al entrar con el niño Jesús sus padres, para cumplir lo que prescribía la Ley sobre él, [28] lo tomó en sus brazos, y bendijo a Dios diciendo: [29] Ahora, Señor, puedes dejar a tu siervo irse en paz, según tu palabra: [30] porque mis ojos han visto a tu Salvador, [31] al que has preparado ante la faz de todos los pueblos: [32] luz que ilumine a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel. [33] Su padre y su madre estaban admirados por las cosas que se decían acerca de él. [34] Simeón los bendijo, y dijo a María, su madre: Mira, éste ha sido puesto para ruina y resurrección de muchos en Israel, y para signo de contradicción [35] `y a tu misma alma la traspasará una espada`, a fin de que se descubran los pensamientos de muchos corazones.

[36] Vivía entonces una profetisa llamada Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era de edad muy avanzada, había vivido con su marido siete años de casada, [37] y había permanecido viuda hasta los ochenta y cuatro años, sin apartarse del Templo, sirviendo con ayunos y oraciones noche y día. [38] Y llegando en aquel mismo momento alababa a Dios, y hablaba de él a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.

[39] Cuando cumplieron todas las cosas mandadas en la Ley del Señor regresaron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. [40] El niño iba creciendo y fortaleciéndose lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba en él.

[41] Sus padres iban todos los años a Jerusalén para la fiesta de la Pascua. [42] Y cuando tuvo doce años, subieron a la fiesta, como era costumbre. [43] Pasados aquellos días, al regresar, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo advirtiesen sus padres. [44] Suponiendo que iba en la caravana, hicieron un día de camino buscándolo entre los parientes y conocidos, [45] y como no lo encontrasen, retornaron a Jerusalén en busca suya. [46] Y ocurrió que, al cabo de tres días, lo encontraron en el Templo, sentado en medio de los doctores, escuchándoles y preguntándoles. [47] Cuantos le oían quedaban admirados de su sabiduría y de sus respuestas. [48] Al verlo se maravillaron, y le dijo su madre: Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira cómo tu padre y yo, angustiados, te buscábamos. [49] Y él les dijo: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que es necesario que yo esté en las cosas de mi Padre? [50] Pero ellos no comprendieron lo que les dijo.

[51] Y bajó con ellos, y vino a Nazaret, y les estaba sujeto. Y su madre guardaba todas estas cosas en su corazón. [52] Y Jesús crecía en sabiduría, en edad y en gracia delante de Dios y de los hombres.

Cap. III

PREPARACIÓN DE LA VIDA PUBLICA

[1] El año decimoquinto del imperio de Tiberio César, siendo Poncio Pilato procurador de Judea, Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Filipo tetrarca de Iturea y de la región de Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene, [2] bajo el Sumo Sacerdote Anás y Caifás, vino la palabra de Dios sobre Juan el hijo de Zacarías, en el desierto. [3] Y recorrió toda la región del Jordán predicando un bautismo de penitencia para remisión de los pecados, [4] tal como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías:

Voz del que clama en el desierto: preparad el camino del Señor, haced rectas sus sendas. [5] Todo valle será rellenado, y todo monte y colina allanados; los caminos torcidos se harán rectos, y los caminos ásperos serán suavizados. [6] Y todo hombre verá la salvación de Dios.

[7] Y decía a las muchedumbres que acudían para que los bautizara: Raza de víboras, ¿quién os enseñó a huir de la ira venidera? [8] Haced, pues, frutos dignos de penitencia, y no empecéis a decir entre vosotros: Tenemos por padre a Abrahán. Pues os digo que Dios puede hacer surgir de estas piedras hijos de Abrahán. [9] Además, ya está el hacha puesta junto a la raíz de los árboles. Por tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado al fuego.

[10] Las muchedumbres le preguntaban: Entonces, ¿qué debemos hacer? [11] El les contestaba: El que tiene dos túnicas, dé al que no tiene; y el que tiene alimentos, haga otro tanto. [12] Llegaron también unos publicanos para bautizarse y le dijeron: Maestro, ¿qué debemos hacer? [13] Y él les contestó: No exijáis más de lo que se os ha señalado. [14] Asimismo le preguntaban los soldados: Y nosotros, ¿qué tenemos que hacer? Y les dijo: No hagáis extorsión a nadie, ni denunciéis con falsedad, y contentaos con vuestras pagas.

[15] Como el pueblo estimase, y todos se preguntaran en su interior, si acaso Juan no sería el Cristo, [16] Juan salió al paso diciendo a todos: Yo os bautizo con agua; pero viene quién es más fuerte que yo, al que no soy digno de desatar la correa de sus sandalias: él os bautizará en Espíritu Santo y en fuego. [17] Tiene el bieldo en su mano, para limpiar su era y recoger el trigo en su granero, y quemará la paja con fuego inextinguible.

[18] Con estas y otras muchas exhortaciones anunciaba al pueblo la buena nueva.

[19] Pero el tetrarca Herodes, al ser reprendido por él a causa de Herodías, la mujer de su hermano, y por todas las maldades que había cometido Herodes, [20] añadió esta otra a las demás: metió a Juan en la cárcel.

[21] Cuando se bautizaba todo el pueblo, y Jesús, habiendo sido bautizado, estaba en oración, sucedió que se abrió el cielo, [22] y bajó el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como una paloma, y se oyó una voz que venía del cielo: Tú eres mi Hijo, el Amado, en ti me he complacido.

[23] Tenía Jesús al comenzar, como unos treinta años, y era, según se pensaba, hijo de José, hijo de Helí, [24] hijo de Matat, hijo de Leví, hijo de Melquí, hijo de Jannaí, hijo de José, [25] hijo de Matatías, hijo de Amós, hijo de Naúm, hijo de Eslí, hijo de Nangaí, [26] hijo de Maaz, hijo de Matatías, hijo de Semeín, hijo de Josec, hijo de Jodá, [27] hijo de Joanán, hijo de Resá, hijo de Zorobabel, hijo de Salatiel, hijo de Neri, [28] hijo de Melquí, hijo de Addí, hijo de Kosán, hijo de Elmadán, hijo de Er, [29] hijo de Jesús, hijo de Eliezer, hijo de Jorín, hijo de Matat, hijo de Leví, [30] hijo de Simeón, hijo de Judá, hijo de José, hijo de Jonán, hijo de Eliakín, [31] hijo de Meleá, hijo de Menná, hijo de Mattatá, hijo de Natán, hijo de David, [32] hijo de Jesé, hijo de Obed, hijo de Booz, hijo de Sala, hijo de Naasón, [33] hijo de Aminadab, hijo de Admín, hijo de Arní, hijo de Esrón, hijo de Farés, hijo de Judá, [34] hijo de Jacob, hijo de Isaac, hijo de Abrahán, hijo de Taré, hijo de Nacor, [35] hijo de Seruc, hijo de Ragau, hijo de Falec, hijo de Eber, hijo de Sala, [36] hijo de Cainán, hijo de Arfaxad, hijo de Sem, hijo de Noé, hijo de Lamec, [37] hijo de Matusalén, hijo de Henoc, hijo de Jaret, hijo de Maleel, hijo de Cainám, [38] hijo de Enós, hijo de Set, hijo de Adán, hijo de Dios.

Cap. IV

[1] Jesús, lleno del Espíritu Santo, regresó del Jordán, y fue conducido por el Espíritu al desierto, [2] donde estuvo cuarenta días y fue tentado por el diablo. No comió nada en estos días y, al cabo de ellos, tuvo hambre. [3] Entonces le dijo el diablo: Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan. [4] Y Jesús le respondió: Escrito está que no sólo de pan vivirá el hombre. [5] Después el diablo lo llevó a un lugar elevado, y le mostró todos los reinos de la superficie de la tierra en un instante. [6] Y le dijo: Te daré todo este poder y su gloria, porque me han sido entregados y los doy a quien quiero. [7] Por tanto, si me adoras, todo será tuyo. [8] Y Jesús le respondió: Escrito está: Adorarás al Señor tu Dios, y a El sólo servirás. [9] Entonces lo llevó a Jerusalén, lo puso sobre el pináculo del Templo, [10] y le dijo: Si eres Hijo de Dios, arrójate de aquí abajo, porque escrito está: Dará órdenes acerca de ti a sus ángeles para que te protejan [11] y te lleven en sus manos, no sea que tropiece tu pie contra alguna piedra.

[12] Y Jesús le respondió: Dicho está: No tentarás al Señor tu Dios. [13] Y terminada toda tentación, el diablo se apartó de él hasta el momento oportuno.

MINISTERIO DE JESÚS EN GALILEA

[14] Entonces, por impulso del Espíritu, volvió Jesús a Galilea, y se extendió su fama por toda la región. [15] Y enseñaba en sus sinagogas, y era honrado por todos.

[16] Llegó a Nazaret, donde se había criado, y según su costumbre entró en la sinagoga el sábado, y se levantó para leer. [17] Entonces le entregaron el libro del profeta Isaías y, abriendo el libro, encontró el lugar donde estaba escrito: [18] El Espíritu del Señor está sobre mí, por lo cual me ha ungido para evangelizar a los pobres, me ha enviado para anunciar la redención a los cautivos y devolver la vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos, [19] y para promulgar el año de gracia del Señor.

[20] Y enrollando el libro se lo devolvió al ministro, y se sentó. Todos en la sinagoga tenían fijos en él los ojos. [21] Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír. [22] Todos daban testimonio en favor de él, y se admiraban de las palabras de gracia que procedían de su boca, y decían: ¿No es éste el hijo de José? [23] Entonces les dijo: Sin duda me aplicaréis aquel proverbio: Médico, cúrate a ti mismo. Cuanto hemos oído que has hecho en Cafarnaún, hazlo también aquí en tu patria. [24] Y añadió: En verdad os digo que ningún profeta es bien recibido en su patria. [25] Os digo de verdad que muchas viudas había en Israel en tiempo de Elías, cuando durante tres años y seis meses se cerró el cielo y hubo gran hambre por toda la tierra; [26] y a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda en Sarepta de Sidón. [27] Muchos leprosos había también en Israel en tiempo del profeta Eliseo, y ninguno de ellos fue curado, sino Naamán el Sirio.

[28] Al oír estas cosas, todos en la sinagoga se llenaron de ira, [29] y se levantaron, le echaron fuera de la ciudad, y lo llevaron hasta la cima del monte sobre el que estaba edificada su ciudad para despeñarle. [30] Pero él, pasando por medio de ellos, seguía su camino.

[31] Bajó a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y los sábados les enseñaba.

[32] Y se quedaban admirados de su doctrina, porque su palabra iba acompañada de potestad.

[33] Había en la sinagoga un hombre que tenía un demonio impuro, y gritó con gran voz: [34] Déjanos, ¿qué hay entre nosotros y tú, Jesús Nazareno? ¿Has venido a perdernos? Sé quién eres tú, el Santo de Dios. [35] Y Jesús le increpó diciendo: Calla y sal de él. Y el demonio, arrojándolo al suelo, allí en medio, salió de él, sin hacerle daño alguno. [36] Quedaron todos atemorizados, y se decían unos a otros: ¿Qué palabra es ésta, que con potestad y fuerza manda a los espíritus impuros y salen? [37] Y se divulgaba su fama por todos los lugares de la región.

[38] Saliendo Jesús de la sinagoga, entró en casa de Simón. La suegra de Simón tenía una fiebre alta, y le rogaron por ella. [39] E inclinándose hacia ella, conminó a la fiebre, y la fiebre desapareció. Y al instante, se levantó y se puso a servirles.

[40] Al ponerse el sol, todos los que tenían enfermos con diversas dolencias, los traían a él. Y él, poniendo las manos sobre cada uno, los curaba. [41] De muchos salían demonios gritando y diciendo: Tú eres el Hijo de Dios. Y él, increpándoles, no les dejaba hablar, porque sabían que él era el Cristo.

[42] Cuando se hizo de día, salió hacia un lugar solitario, y la multitud le buscaba, llegaron hasta él, y lo detenían para que no se apartara de ellos. [43] Pero él les dijo: Es necesario que yo anuncie también a otras ciudades el Evangelio del Reino de Dios, porque para esto he sido enviado. [44] E iba predicando por las sinagogas de Judea.

Cap. V

[1] Sucedió que, estando Jesús junto al lago de Genesaret, la multitud se agolpaba a su alrededor para oír la palabra de Dios. [2] Y vio dos barcas que estaban a la orilla del lago; los pescadores habían bajado de ellas y estaban lavando las redes. [3] Entonces, subiendo en una de las barcas, que era de Simón, le rogó que la apartase un poco de tierra. Y sentado enseñaba desde la barca a la multitud.

[4] Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Guía mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca. [5] Simón le contestó: Maestro, hemos estado fatigándonos durante toda la noche y nada hemos pescado; pero, no obstante, sobre tu palabra echaré las redes. [6] Y habiéndolo hecho recogieron gran cantidad de peces, tantos que las redes se rompían. [7] Entonces hicieron señas a los compañeros que estaban en la otra barca, para que vinieran y les ayudasen. Vinieron, y llenaron las dos barcas, de modo que casi se hundían. [8] Cuando lo vio Simón Pedro, se arrojó a los pies de Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, que soy un hombre pecador. [9] Pues el asombro se había apoderado de él y de cuantos estaban con él, por la gran cantidad de peces que habían capturado. [10] Lo mismo sucedía a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Entonces Jesús dijo a Simón: No temas; desde ahora serán hombres los que has de pescar. [11] Y ellos, sacando las barcas a tierra, dejadas todas las cosas, le siguieron.

[12] Y sucedió que, estando en una de las ciudades, un hombre cubierto de lepra, al ver a Jesús, se postró delante y le suplicó diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme. [13] Y extendiendo Jesús la mano le tocó diciendo: Quiero, queda limpio. Y al instante desapareció de él la lepra. [14] Y él le mandó que no lo dijese a nadie, sino: Anda, preséntate al sacerdote, y lleva la ofrenda por tu curación según prescribió Moisés, para que les sirva de testimonio. [15] Se extendía su fama cada vez más, y concurrían numerosas muchedumbres para oírle y para ser curados de sus enfermedades. [16] Pero él se retiraba a lugares solitarios y hacía oración.

[17] Estaba Jesús un día enseñando. Y estaban sentados algunos fariseos y doctores de la Ley, que habían venido de todas las aldeas de Galilea, de Judea y de Jerusalén. Y la fuerza del Señor le impulsaba a curar. [18] Cuando he aquí que unos hombres, que traían en una camilla a un paralítico, intentaban meterlo dentro y colocarlo delante de él. [19] Y al no encontrar por dónde introducirlo a causa de la multitud, subieron al terrado, y por entre las tejas lo descolgaron con la camilla al medio, delante de Jesús. [20] Viendo Jesús la fe de ellos, dijo: Hombre, tus pecados te son perdonados. [21] Entonces los escribas y los fariseos empezaron a pensar: ¿Quién es éste, que dice blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios? [22] Pero conociendo Jesús sus pensamientos, les dijo: ¿Qué estáis pensando en vuestros corazones? [23] ¿Qué es más fácil, decir: tus pecados te son perdonados, o decir: levántate, y anda? [24] Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados `dijo al paralítico`, yo te digo : levántate, toma tu camilla y vete a tu casa. [25] Y al instante se levantó en presencia de ellos, tomó la camilla en que yacía, y se fue a su casa glorificando a Dios. [26] El asombro se apoderó de todos y glorificaban a Dios. Y llenos de temor, decían: Hoy hemos visto cosas maravillosas.

[27] Después de esto, salió y vio a un publicano de nombre Leví, sentado en el telonio y le dijo: Sígueme. [28] Y dejadas todas las cosas se levantó y le siguió. [29] Y Leví preparó en su casa un gran banquete para él; había un gran número de publicanos y de otros que le acompañaban a la mesa. [30] Y murmuraban los fariseos y sus escribas, y decían a los discípulos de Jesús: ¿Por qué coméis y bebéis con los publicanos y pecadores? [31] Y respondiendo Jesús, les dijo: No tienen necesidad de médico los que están sanos, sino los enfermos. [32] No he venido a llamar a los justos, sino a los pescadores a la penitencia.

[33] Pero ellos le dijeron: ¿Por qué los discípulos de Juan ayunan con frecuencia y hacen oraciones, y asimismo los de los fariseos; en cambio, los tuyos comen y beben? [34] Jesús les dijo: ¿Podéis acaso hacer ayunar a los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos? [35] Días vendrán en que les será arrebatado el esposo; ya ayunarán en aquellos días. [36] Y les decía también una parábola: Nadie pone a un vestido viejo una pieza cortándola de un vestido nuevo, porque entonces, además de romper el nuevo, la pieza del vestido nuevo no le iría bien al viejo. [37] Tampoco echa nadie vino nuevo en odres viejos; pues entonces el vino nuevo reventará los odres, y se derramará, y los odres se perderán. [38] El vino nuevo debe echarse en odres nuevos. [39] Y ninguno acostumbrado a beber vino añejo quiere del nuevo, porque dice: el añejo es mejor.

Cap. VI

[1] Sucedió un sábado que, al atravesar los sembrados, sus discípulos arrancaban espigas y, desgranándolas con las manos, las comían. [2] Algunos fariseos les dijeron: ¿Por qué hacéis lo que no está permitido en sábado? [3] Y Jesús respondiéndoles dijo: ¿No habéis leído lo que hizo David, cuando tuvo hambre él y los que estaban con él; [4] cómo entró en la casa de Dios, y tomó los panes de la proposición y comió, y dio a los que estaban con él, siendo así que sólo está permitido comerlos a los sacerdotes? [5] Y les decía: El Hijo del Hombre es Señor del sábado.

[6] Otro sábado entró en la sinagoga y se puso a enseñar. Y había allí un hombre que tenía seca la mano derecha. [7] Los escribas y los fariseos le observaban a ver si curaba en sábado, para encontrar de qué acusarle. [8] Pero él conocía sus pensamientos, y dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate y ponte en medio. Y levantándose se puso en medio. [9] Entonces Jesús les dijo: Yo os pregunto: ¿Es lícito en sábado hacer el bien o hacer el mal, salvar la vida a un hombre o quitársela? [10] Y mirando a su alrededor a todos ellos, dijo al hombre: Extiende tu mano. Lo hizo, y su mano quedó curada. [11] Ellos se quedaron completamente ofuscados y discutían entre sí qué harían contra Jesús.

[12] Sucedió en aquellos días que salió al monte a orar, y pasó toda la noche en oración a Dios. [13] Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, y eligió a doce entre ellos, a los que denominó Apóstoles: [14] a Simón, a quien puso el sobrenombre de Pedro, y a su hermano Andrés, Santiago y Juan, Felipe y Bartolomé, [15] a Mateo y Tomás, Santiago de Alfeo y a Simón, llamado Zelotes, [16] a Judas de Santiago y Judas Iscariote, que fue el traidor.

[17] Bajando con ellos, se detuvo en un lugar llano; y había una multitud de sus discípulos, y una gran muchedumbre del pueblo procedente de toda Judea y de Jerusalén, y del litoral de Tiro y Sidón, [18] que vinieron a oírle y a ser curados de sus enfermedades. Y los que estaban atormentados por espíritus inmundos quedaban curados. [19] Toda la multitud intentaba tocarle, porque salía de él una fuerza que sanaba a todos.

[20] Y él, alzando los ojos hacia sus discípulos, decía: Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios. [21] Bienaventurados los que ahora padecéis hambre, porque seréis saciados. Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis. [22] Bienaventurados seréis cuando los hombres os odien, cuando os expulsen, os injurien y proscriban vuestro nombre como maldito, por causa del Hijo del Hombre. [23] Alegraos en aquel día y rogocijaos, porque vuestra recompensa es grande en el Cielo; pues de este modo se comportaban sus padres con los profetas. [24] Pero ¡ay de vosotros los ricos, porque ya habéis recibido vuestro consuelo! [25] ¡Ay de vosotros los que ahora estáis hartos, porque tendréis hambre! ¡Ay de vosotros los que ahora reís, porque gemiréis y lloraréis! [26] ¡Ay cuando los hombres hablen bien de vosotros, pues de este modo se comportaban sus padres con los falsos profetas!

[27] Pero a vosotros que me escucháis os digo: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odian; [28] bendecid a los que os maldicen y rogad por los que os calumnian. [29] Al que te hiere en la mejilla preséntale también la otra, y al que te quite el manto no le niegues tampoco la túnica. [30] Da a todo el que te pida, y al que toma lo tuyo no se lo reclames. [31] Haced a los hombres lo mismo que quisierais que ellos os hiciesen a vosotros. [32] Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tendréis?, pues también los pecadores aman a quienes los aman. [33] Y si hacéis bien a quienes os hacen el bien, ¿qué mérito tendréis?, pues también los pecadores hacen lo mismo. [34] Y si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tendréis?, pues también los pecadores prestan a los pecadores para recibir otro tanto.

[35] Por el contrario, amad a vuestros enemigos, haced bien y prestad sin esperar nada por ello; y será grande vuestra recompensa, y seréis hijos del Altísimo, porque El es bueno con los ingratos y con los malos. [36] Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso. [37] No juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados. Perdonad y seréis perdonados; [38] dad y se os dará; echarán en vuestro regazo una buena medida, apretada, colmada, rebosante: porque con la misma medida que midáis seréis medidos.

[39] Les dijo también una parábola: ¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo?

[40] No está el discípulo por encima del maestro; todo aquel que esté bien instruido podrá ser como su maestro.

[41] ¿Por qué miras la paja en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en el tuyo? [42] ¿Cómo puedes decir a tu hermano: hermano, deja que quite la paja que hay en tu ojo, no viendo tú mismo la viga que hay en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás con claridad cómo sacar la paja del ojo de tu hermano.

[43] Porque no hay árbol bueno que dé mal fruto, ni tampoco árbol malo que dé buen fruto. [44] Pues cada árbol se conoce por su fruto; no se recogen higos de los espinos, ni se cosechan uvas del zarzal. [45] El hombre bueno del buen tesoro de su corazón saca cosas buenas, y el malo de su mal saca cosas malas: porque de la abundancia del corazón habla su boca.

[46] ¿Por qué me llamáis Señor, Señor, y no hacéis lo que digo? [47] Todo el que viene a mí y escucha mis palabras y las pone en práctica, os diré a quién es semejante. [48] Es semejante a un hombre que, al edificar una casa, cavó muy hondo, y puso los cimientos sobre la roca. Al venir una inundación, el río irrumpió contra aquella casa, y no pudo derribarla porque estaba bien edificada. [49] El que escucha y no pone en práctica es semejante a un hombre que edificó su casa sobre la tierra sin cimientos; irrumpió contra ella el río y se cayó enseguida, y fue grande la ruina de aquella casa.

Cap. VII

[1] Cuando terminó de decir todas estas palabras al pueblo que le escuchaba, entró en Cafarnaún. [2] Había allí un centurión que tenía un criado enfermo y moribundo a quien estimaba mucho. [3] Habiendo oído hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos para rogarle que viniera a curar a su criado. [4] Ellos, cuando llegaron junto a Jesús, le rogaban encarecidamente diciendo: Merece que hagas esto, [5] pues aprecia a nuestro pueblo y él mismo nos ha construido una sinagoga. [6] Jesús, pues, se puso en camino con ellos. Y no estaba ya lejos de la casa cuando el centurión le envió unos amigos para decirle: Señor, no te tomes esa molestia, porque no soy digno de que entres en mi casa, [7] por eso ni siquiera yo mismo me he considerado digno de venir a ti; pero di una palabra y mi criado quedará sano. [8] Pues también yo soy un hombre sometido a disciplina y tengo soldados bajo mis órdenes: digo a éste: ve, y va; y al otro: ven, y viene; y a mi siervo: haz esto, y lo hace. [9] Al oírlo, Jesús quedó admirado de él, y volviéndose a la multitud que le seguía, dijo: Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe. [10] Y cuando volvieron a casa, los enviados encontraron sano al siervo.

[11] Sucedió, después, que marchó a una ciudad llamada Naín, e iban con él sus discípulos y una gran muchedumbre. [12] Al acercarse a la puerta de la ciudad, he aquí que llevaban a enterrar un difunto, hijo único de su madre, que era viuda, y la acompañaba una gran muchedumbre de la ciudad. [13] Al verla, el Señor se compadeció de ella y le dijo: No llores. [14] Se acercó y tocó el féretro. Los que lo llevaban se detuvieron; y dijo: Muchacho, a ti te digo, levántate. [15] Y el que estaba muerto se incorporó y comenzó a hablar; y se lo entregó a su madre. [16] Y se llenaron todos de temor y glorificaban a Dios diciendo: Un gran profeta ha surgido entre nosotros, y Dios ha visitado a su pueblo. [17] Esta fama acerca de él se divulgó por toda la Judea y por todas las regiones vecinas.

[18] Informaron a Juan sus discípulos de todas estas cosas. [19] Y Juan llamó a dos de ellos, y los envió al Señor a preguntarle: ¿Eres tú el que ha de venir o esperamos a otro? [20] Presentándose aquellos hombres le dijeron: Juan el Bautista nos ha enviado a ti a preguntarte: ¿Eres tú el que ha de venir o esperamos a otro? [21] En aquella misma hora curó a muchos de sus enfermedades, de dolencias y de malos espíritus, y dio la vista a muchos ciegos. [22] Y les respondió diciendo: Id y contad a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y los pobres son evangelizados; [23] y bienaventurado quien no se escandalice de mí.

[24] Después de marcharse los enviados de Juan, comenzó a decir a las muchedumbres acerca de Juan: ¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? [25] ¿Qué salisteis a ver? ¿Un hombre vestido con ropas delicadas? Mirad, los que visten con lujo y viven entre placeres están en palacios de reyes. [26] ¿Qué habéis salido a ver? ¿Un profeta? Sí, os digo, y más que un profeta. [27] Este es de quien está escrito: He aquí que yo envío delante de ti mi mensajero, que vaya preparándote el camino.

[28] Os digo, pues, que entre los nacidos de mujer nadie hay mayor que Juan; aunque el más pequeño en el Reino de Dios es mayor que él. [29] Y todo el pueblo y los publicanos, habiéndole escuchado, reconocieron la justicia de Dios, recibiendo el bautismo de Juan. [30] Pero los fariseos y los doctores de la Ley rechazaron el plan de Dios sobre ellos, no habiendo sido bautizados por él.

[31] Así pues, ¿a quién diré que son semejantes los hombres de esta generación? ¿A quién se parecen? [32] Son semejantes a los niños sentados en la plaza y que se gritan unos a otros aquello que dice: Hemos sonado la flauta y no habéis danzado, hemos cantado lamentaciones y no habéis llorado. [33] Porque llegó Juan el Bautista, que no comía pan ni bebía vino, y decís: Tiene demonio. [34] Llegó el Hijo del Hombre, que come y bebe, y decís: He aquí un hombre comilón y bebedor, amigo de publicanos y de pecadores. [35] Y la sabiduría ha sido justificada por todos sus hijos.

[36] Uno de los fariseos le rogaba que comiera con él; y entrando en casa del fariseo se sentó a la mesa. [37] Y he aquí que había en la ciudad una mujer pecadora que, al enterarse que estaba sentado a la mesa en casa del fariseo, llevó un vaso de alabastro con perfume, [38] se puso detrás a sus pies llorando y comenzó a bañarlos con sus lágrimas, los enjugaba con sus cabellos, los besaba y los ungía con el perfume.

[39] Viendo esto el fariseo que lo había invitado, decía para sí: Si éste fuera profeta, sabría con certeza quién y qué clase de mujer es la que le toca: que es una pecadora. [40] Jesús tomó la palabra y dijo: Simón, tengo que decirte una cosa. Y él contestó: Maestro, di. [41] Un prestamista tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta. [42] No teniendo éstos con qué pagar, se lo perdonó a los dos. ¿Cuál de ellos le amará más? [43] Simón contestó: Estimo que aquel a quien perdonó más. Entonces Jesús le dijo: Has juzgado con rectitud. [44] Y vuelto hacia la mujer, dijo a Simón: ¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para los pies; ella en cambio ha bañado mis pies con sus lágrimas y los ha enjugado con sus cabellos. [45] No me diste el beso; pero ella, desde que entré no ha dejado de besar mis pies. [46] No has ungido mi cabeza con óleo; ella en cambio ha ungido mis pies con perfume. [47] Por eso te digo: le son perdonados sus muchos pecados, porque ha amado mucho. Aquel a quien menos se perdona menos ama. [48] Entonces le dijo a ella: Tus pecados quedan perdonados. [49] Y los convidados comenzaron a decir entre sí: ¿Quién es éste que hasta perdona los pecados? [50] El dijo a la mujer: Tu fe te ha salvado; vete en paz.

Cap. VIII

[1] Sucedió, después, que él recorría ciudades y aldeas predicando y anunciando la buena nueva del Reino de Dios; le acompañaban los doce [2] y algunas mujeres que habían sido libradas de espíritus malignos y de enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios; [3] y Juana, mujer de Cusa, administrador de Herodes; y Susana, y otras muchas que le asistían con sus bienes.

[4] Reuniéndose una gran muchedumbre que de todas las ciudades acudía a él, dijo esta parábola: [5] Salió el sembrador a sembrar su semilla; y al sembrar, parte cayó junto al camino, y fue pisoteada y se la comieron las aves del cielo; [6] parte cayó sobre terreno rocoso y una vez nacida se secó por falta de humedad; [7] parte cayó en medio de las espinas y habiendo crecido con ella las espinas la sofocaron; [8] y parte cayó en la tierra buena, y una vez nacida dio fruto al ciento por uno. Dicho esto, exclamó: El que tenga oídos para oír, oiga.

[9] Entonces sus discípulos le preguntaron qué significaba esta parábola. [10] El les dijo: A vosotros os ha sido dado entender los misterios del Reino de Dios; mientras a los demás, sólo a través de parábolas, de modo que viendo no vean y oyendo no entiendan.

[11] El sentido de la parábola es éste: la semilla es la palabra de Dios. [12] Los que están junto al camino son aquellos que han oído; pero viene luego el diablo y se lleva la palabra de su corazón, no sea que creyendo se salven. [13] Los que cayeron sobre terreno rocoso son aquellos que, cuando oyen, reciben la palabra con alegría, pero no tienen raíces; ellos creen durante algún tiempo, pero a la hora de la tentación se vuelven atrás. [14] La que cayó entre espinas son los que oyeron, pero en su caminar se ahogan a causa de las preocupaciones, riquezas y placeres de la vida y no llegan a dar fruto. [15] Pero la que cayó en tierra buena son los que oyen la palabra con un corazón bueno y generoso, la conservan y dan fruto mediante la paciencia.

[16] Nadie que ha encendido una lámpara, la oculta con una vasija o la pone debajo de la cama, sino que la coloca sobre un candelero para que los que entran vean la luz. [17] Porque nada hay oculto que no haya de manifestarse; ni secreto que no acabe por conocerse y hacerse público. [18] Mirad, pues, cómo oís: porque al que tiene se le dará; y a todo aquel que no tiene, incluso lo que piensa tener se le quitará.

[19] Vinieron a verle su madre y sus hermanos, y no podían acercarse a él a causa de la muchedumbre. [20] Y le avisaron: Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte. [21] El, respondiendo, les dijo: Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen la palabra de Dios y la cumplen.

[22] Y sucedió un día que él subió a una barca con sus discípulos y les dijo: Pasemos a la otra orilla del lago. Y partieron. [23] Mientras ellos navegaban, se durmió. Y se desencadenó una tempestad de viento en el lago, de modo que se anegaban y corrían peligro. [24] Acercándose, lo despertaron diciendo: Maestro, Maestro, que perecemos. Puesto en pie, increpó al viento y a las olas, que cesaron; y se produjo la calma. [25] Entonces les dijo: ¿Dónde está vuestra fe? Ellos, llenos de temor, se asombraron y se decían unos a otros: ¿Quién es éste que manda a los vientos y al agua y le obedecen?

[26] Navegaron hasta la región de los gerasenos, que está al otro lado, enfrente de Galilea. [27] Y cuando saltó a tierra, le salió al encuentro un hombre de la ciudad endemoniado; desde hacía mucho tiempo no llevaba vestido, ni habitaba en casa sino en los sepulcros. [28] Así que vio a Jesús, se postró ante él gritando y, a grandes voces, dijo: ¿Qué tengo yo que ver contigo, Jesús Hijo del Dios Altísimo? Te suplico que no me atormentes. [29] Pues Jesús mandaba al espíritu inmundo que saliera de aquel hombre. Porque muchas veces se apoderaba de él, y aunque le sujetaban con cadenas y le ponían grillos para custodiarle, rotas las ataduras, era impulsado por el demonio al desierto. [30] Jesús le preguntó: ¿Cuál es tu nombre? El dijo: Legión; porque habían entrado en él muchos demonios. [31] Y le suplicaban que no les ordenase ir al abismo.

[32] Había por allí una gran piara de cerdos que estaban paciendo en el monte; y le rogaron que les permitiese entrar en ellos. Y se lo permitió. [33] Salieron los demonios del hombre y entraron en los cerdos; y la piara se lanzó con ímpetu por un precipicio al lago y se ahogó. [34] Al ver los pastores lo sucedido, huyeron y lo contaron en la ciudad y en los campos. [35] Salieron, pues, a ver lo sucedido, llegaron hasta Jesús, y encontraron al hombre del que habían salido los demonios, sentado a los pies de Jesús, vestido y en su sano juicio, y les entró miedo. [36] Y los que lo habían visto, les contaron cómo fue librado el endemoniado. [37] Y toda la gente de la región de los gerasenos le pidió que se alejara de ellos, porque estaban sobrecogidos de temor. El, subiendo en la barca, se volvió. [38] El hombre de quien habían salido los demonios le pedía quedarse con él; pero lo despidió diciendo: [39] Vuelve a tu casa, y cuenta las grandes cosas que Dios ha hecho contigo. Y se marchó publicando por toda la ciudad lo que Jesús había hecho con él.

[40] Al volver Jesús lo recibió la muchedumbre; porque todos estaban esperándole. [41] Entonces llegó un hombre, llamado Jairo, que era jefe de la sinagoga; y se postró a los pies de Jesús suplicándole que entrase en su casa, [42] porque tenía una hija única de unos doce años, que se estaba muriendo. Mientras iba, la multitud lo apretujaba. [43] Y una mujer que tenía un flujo de sangre desde hacía doce años, la cual había gastado toda su hacienda en médicos sin que ninguno hubiese podido curarla, [44] se acercó por detrás, tocó la orla de su manto, y al instante cesó el flujo de sangre. [45] Entonces dijo Jesús: ¿Quién es el que me ha tocado? Al negarlo todos, dijo Pedro: Maestro, la muchedumbre te oprime y te sofoca. [46] Pero Jesús dijo: Alguien me ha tocado, porque yo me he dado cuenta de que una fuerza ha salido de mí. [47] Viendo la mujer que aquello no había quedado oculto, se acercó temblando, se postró ante él, y declaró delante de todo el pueblo la causa por la que le había tocado, y cómo al instante había quedado curada. [48] El le dijo: Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz.

[49] Todavía estaba él hablando, cuando vino uno de la casa del jefe de la sinagoga diciendo: Tu hija ha muerto, no molestes más al Maestro. [50] Al oírlo Jesús, respondió: No temas, basta que creas y vivirá. [51] Cuando llegó a la casa, no permitió entrar a nadie con él, excepto a Pedro, Juan y Santiago, y al padre y a la madre de la niña. [52] Todos lloraban y plañían por ella. Pero él dijo: No lloréis, porque no está muerta, sino que duerme. [53] Y se burlaban de él, sabiendo que estaba muerta. [54] El, tomándola de la mano, dijo en voz alta: Niña, levántate. [55] Volvió a ella su espíritu, y se levantó al instante. Y Jesús mandó que le dieran de comer. [56] Y sus padres quedaron asombrados; pero él les ordenó que no dijeran a nadie lo que había sucedido.

Cap. IX

[1] Habiendo convocado a los doce les dio poder y autoridad sobre todos los demonios, y para curar enfermedades. [2] Los envió a predicar el Reino de Dios y a sanar a los enfermos. [3] Y les dijo: No llevéis nada para el camino, ni bastón, ni alforja, ni pan, ni dinero, ni tengáis dos túnicas. [4] En cualquier casa que entréis, quedaos allí hasta que de allí os vayáis. [5] Y si nadie os recibe, al salir de aquella ciudad, sacudid el polvo de vuestros pies en testimonio contra ellos. [6] Saliendo luego, iban por las aldeas evangelizando y curando por todas partes.

[7] Herodes el tetrarca oyó todo lo que ocurría y dudaba, porque unos decían que Juan había resucitado de entre los muertos, [8] otros que Elías había aparecido, otros que algún profeta de los antiguos había resucitado. [9] Y dijo Herodes: A Juan lo he decapitado yo, ¿quién, pues, es éste del que oigo tales cosas? Y deseaba verlo.

[10] Cuando volvieron los Apóstoles, le contaron todo lo que habían hecho; y, tomándolos consigo, se retiró aparte hacia una ciudad llamada Betsaida. [11] Cuando las muchedumbres se dieron cuenta, le siguieron; y acogiéndolos les hablaba del Reino de Dios, y sanaba a los que tenían necesidad. [12] Empezaba a declinar el día, y acercándose los doce le dijeron: Despide a la muchedumbre, para que se vayan a los pueblos y aldeas de alrededor, a buscar albergue y a proveerse de alimentos; porque aquí estamos en un lugar desierto. [13] El les dijo: Dadles vosotros de comer. Pero ellos dijeron: No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos nosotros y compremos comida para toda esta muchedumbre. [14] Había unos cinco mil hombres. Entonces dijo a sus discípulos: Hacedlos sentar en grupos de cincuenta. [15] Así lo hicieron, y acomodaron a todos. [16] Tomando los cinco panes y los dos peces, miró al cielo y los bendijo, los partió y los dio a sus discípulos, para que los distribuyeran entre la muchedumbre. [17] Comieron y se saciaron todos. Y de lo que sobró recogieron doce cestos de trozos.

[18] Y sucedió que, cuando estaba haciendo oración, se hallaban con él los discípulos y les preguntó: ¿Quién dicen las gentes que soy yo? [19] Ellos respondieron: Juan Bautista; otros que Elías, y otros que ha resucitado un profeta de los antiguos. [20] Pero él les dijo: Y vosotros ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Pedro dijo: El Cristo de Dios. [21] Pero él les amonestó y les ordenó que no dijeran esto a nadie.

[22] Y añadió: Es necesario que el Hijo del Hombre padezca muchas cosas, y sea condenado por los ancianos, los príncipes de los sacerdotes y los escribas, y que sea muerto y resucite al tercer día.

[23] Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. [24] Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; el que, en cambio, pierda su vida por mí, ése la salvará. [25] Porque ¿qué adelanta el hombre si gana todo el mundo, pero se pierde a sí mismo, o sufre algún daño? [26] Porque quien se avergüence de mí y de mis palabras, de él se avergonzará el Hijo del Hombre cuando venga en su gloria y en la del Padre y en la de los santos ángeles. [27] Os aseguro de verdad que hay algunos aquí presentes que no sufrirán la muerte hasta que vean el Reino de Dios.

[28] Sucedió unos ocho días después de estas palabras, que tomó consigo a Pedro, a Juan y a Santiago, y subió a un monte para orar. [29] Mientras él oraba, cambió el aspecto de su rostro y su vestido se volvió blanco, resplandeciente. [30] Y he aquí que dos hombres estaban conversando con él: eran Moisés y Elías [31] que, aparecidos en forma gloriosa, hablaban de la salida de Jesús que había de cumplirse en Jerusalén. [32] Pedro y los que estaban con él se encontraban rendidos por el sueño. Y al despertar, vieron su gloria y a los dos hombres que con él estaban. [33] Cuando éstos se apartaron de él, dijo Pedro a Jesús: Maestro, qué bien estamos aquí, hagamos tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías; no sabiendo lo que decía. [34] Mientras decía esto, se formó una nube y los cubrió con su sombra. Al entrar ellos en la nube, se atemorizaron. [35] Y salió una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo, el elegido, escuchadle. [36] Cuando sonó la voz, se quedó Jesús solo. Ellos guardaron silencio, y a nadie dijeron por entonces nada de lo que habían visto.

[37] Sucedió al día siguiente que, al bajar ellos del monte, le salió al encuentro una gran muchedumbre. [38] Y en medio de ella un hombre clamó diciendo: Maestro, te ruego que veas a mi hijo, porque es el único que tengo: [39] un espíritu se apodera de él, y enseguida grita, le hace retorcerse entre espumarajos y difícilmente se aparta de él, dejándolo maltrecho. [40] Y he rogado a tus discípulos que lo expulsen, pero no han podido. [41] Respondiendo Jesús, dijo: Oh generación incrédula y perversa, ¿hasta cuándo he de estar entre vosotros y soportaros? Trae aquí a tu hijo. [42] Y al acercarse, el demonio lo revolcó por el suelo y le hizo retorcerse. Entonces Jesús increpó al espíritu impuro y curó al niño, devolviéndolo a su padre. [43] Todos quedaron asombrados de la grandeza de Dios. Y estando todos admirados por cuantas cosas hacía, dijo a sus discípulos: [44] Grabad en vuestros oídos estas palabras: el Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres. [45] Pero ellos no entendían este lenguaje, y les resultaba tan oscuro que no lo comprendían; y temían preguntarle acerca de este asunto.

[46] Les vino al pensamiento cuál de ellos sería el mayor. [47] Pero Jesús, conociendo los pensamientos de su corazón, tomó un niño, y lo puso a su lado, [48] y les dijo: Todo aquel que acoge a este niño en mi nombre, me recibe a mí; y todo aquel que me recibe a mí, recibe al que me ha enviado: pues el menor entre todos vosotros, ése es el mayor.

[49] Entonces Juan dijo: Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre, y se lo hemos prohibido, porque no viene con nosotros. [50] Y Jesús le dijo: No se lo prohibáis: pues el que no está contra vosotros, está con vosotros.

SUBIDA A JERUSALÉN

[51] Y cuando estaba para cumplirse el tiempo de su partida, Jesús decidió firmemente marchar hacia Jerusalén. [52] Y envió por delante unos mensajeros, que entraron en una aldea de samaritanos para prepararle hospedaje; [53] y no le acogieron, porque daba la impresión de ir a Jerusalén. [54] Al ver esto, sus discípulos Santiago y Juan dijeron: Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma? [55] Y volviéndose, les reprendió. [56] Y se fueron a otra aldea.

[57] Mientras iban de camino, uno le dijo: Te seguiré adonde quiera que vayas. [58] Jesús le dijo: Las zorras tienen sus guaridas y los pájaros del cielo sus nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde reclinar su cabeza. [59] A otro le dijo: Sígueme. Pero éste contestó: Señor, permíteme ir primero a enterrar a mi padre. [60] Y Jesús le dijo: Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el Reino de Dios. [61] Y otro dijo: Te seguiré, Señor, pero primero permíteme despedirme de los de mi casa. [62] Jesús le dijo: Nadie que pone su mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios.

Cap. X  

[1] Después de esto designó el Señor a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos delante de él a toda ciudad y lugar a donde él había de ir. [2] Y les decía: La mies es mucha, pero los obreros pocos. Rogad, pues, al señor de la mies que envíe obreros a su mies. [3] Id: he aquí que yo os envío como corderos en medio de lobos. [4] No llevéis bolsa ni alforja ni sandalias, y no saludéis a nadie por el camino. [5] En la casa en que entréis decid primero: paz a esta casa. [6] Y si allí hubiera algún hijo de paz, descansará sobre él vuestra paz; de lo contrario, retornará a vosotros. [7] Permaneced en la misma casa comiendo y bebiendo de lo que tengan, pues el que trabaja es merecedor de su salario. No vayáis de casa en casa. [8] Y en aquella ciudad donde entréis y os reciban, comed lo que os pongan; [9] curad a los enfermos que haya en ella, y decidles: el Reino de Dios está cerca de vosotros. [10] Pero en la ciudad donde entréis y no os reciban, saliendo a sus plazas, decid: [11] hasta el polvo de vuestra ciudad que se nos ha pegado a los pies lo sacudimos contra vosotros; pero sabed esto: el Reino de Dios está cerca. [12] Os digo que Sodoma en aquel día será tratada con menos rigor que aquella ciudad.

[13] ¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran realizado los milagros que han sido hechos en vosotras, hace tiempo que habrían hecho penitencia sentados en saco y ceniza. [14] Sin embargo, Tiro y Sidón serán tratadas con menos rigor que vosotras en el juicio.

[15] Y tú, Cafarnaún, ¿acaso serás exaltada hasta el cielo? Hasta el infierno serás abatida.

[16] Quien a vosotros oye, a mí me oye; quien a vosotros desprecia, a mí me desprecia; y quien a mí me desprecia, desprecia al que me ha enviado.

[17] Volvieron los setenta y dos con alegría diciendo: Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre. [18] El les dijo: Veía yo a Satanás caer del cielo como un rayo. [19] Mirad, os he dado potestad para aplastar serpientes y escorpiones y sobre todo poder del enemigo, de manera que nada podrá haceros daño. [20] Pero no os alegréis de que los espíritus se os sometan; alegraos más bien de que vuestros nombres están escritos en el Cielo.

[21] En aquel mismo momento se llenó de gozo en el Espíritu Santo y dijo: Yo te alabo, Padre, Señor del Cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a los sabios y prudentes y las revelaste a los pequeños. Sí, Padre, pues así fue tu beneplácito. [22] Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre, ni quién es el Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quiera revelarlo.

[23] Y volviéndose hacia los discípulos les dijo aparte: Bienaventurados los ojos que ven lo que veis. [24] Pues os aseguro que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis y no lo vieron; y oír lo que vosotros oís y no lo oyeron.

[25] Entonces un doctor de la Ley se levantó y dijo para tentarle: Maestro, ¿qué debo hacer para conseguir la vida eterna? [26] El le contestó: ¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo lees? [27] Y éste le respondió: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con toda tu mente, y a tu prójimo como a ti mismo. [28] Y le dijo: Has respondido bien: haz esto y vivirás. [29] Pero él, queriendo justificarse, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo?

[30] Entonces Jesús, tomando la palabra, dijo: Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos salteadores que, después de haberle despojado, le cubrieron de heridas y se marcharon, dejándolo medio muerto. [31] Bajaba casualmente por el mismo camino un sacerdote; y, viéndole, pasó de largo. [32] Asimismo, un levita, llegando cerca de aquel lugar, lo vio y pasó de largo. [33] Pero un samaritano que iba de camino llegó hasta él, y al verlo se movió a compasión, [34] y acercándose vendó sus heridas echando en ellas aceite y vino; lo hizo subir sobre su propia cabalgadura, lo condujo a la posada y él mismo lo cuidó. [35] Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y le dijo: Cuida de él, y lo que gastes de más te lo daré a mi vuelta. [36] ¿Cuál de estos tres te parece que fue el prójimo de aquel que cayó en manos de los salteadores? [37] El le dijo: El que tuvo misericordia con él. Pues anda, le dijo entonces Jesús, y haz tú lo mismo.

[38] Cuando iban de camino entró en cierta aldea, y una mujer llamada Marta le recibió en su casa. [39] Tenía ésta una hermana llamada María que, sentada también a los pies del Señor, escuchaba su palabra. [40] Pero Marta andaba afanada con los múltiples quehaceres de la casa y poniéndose delante dijo: Señor, ¿nada te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo de la casa? Dile, pues, que me ayude. [41] Pero el Señor le respondió: Marta, Marta, tú te preocupas y te inquietas por muchas cosas. [42] En verdad una sola cosa es necesaria. Así, pues, María ha escogido la mejor parte, que no le será arrebatada.

Cap. XI

[1] Y sucedió que cuando hacía oración en cierto lugar, al terminarla, le dijo uno de sus discípulos: Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos. [2] El les respondió: Cuando oréis, decid:

Padre, santificado sea tu Nombre, venga tu Reino; [3] nuestro pan cotidiano dánosle cada día; [4] y perdónanos nuestros pecados, puesto que también nosotros perdonamos a todo el que nos debe; y no nos dejes caer en la tentación.

[5] Y les dijo: ¿Quién de vosotros que tenga un amigo, y acuda a él a media noche y le diga: Amigo, préstame tres panes, [6] porque un amigo mío me ha llegado de viaje y no tengo qué ofrecerle, [7] le responderá desde dentro: No me molestes, ya está cerrada la puerta; yo y los míos estamos acostados; no puedo levantarme a dártelos? [8] Os digo que, si no se levanta a dárselos por ser su amigo, al menos por su importunidad se levantará para darle cuanto necesite.

[9] Así, pues, yo os digo: Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá; [10] porque todo el que pide, recibe; y el que busca, encuentra; y a quien llama, se le abrirá. [11] Pues, ¿qué padre habrá entre vosotros a quien si el hijo le pide un pez, en lugar de un pez le dé una serpiente? [12] ¿O si le pide un huevo, le dé un escorpión? [13] Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas cosas a vuestros hijos, ¿cuánto más el Padre del Cielo dará el Espíritu Santo a los que le piden?

[14] Estaba expulsando un demonio que era mudo; y sucedió que, cuando salió el demonio, el mudo rompió a hablar y la muchedumbre se quedó admirada; [15] pero algunos de ellos dijeron: Por Beelzebul, príncipe de los demonios, arroja a los demonios. [16] Y otros, para tentarle, le pedían una señal del cielo. [17] Pero él, que conocía sus pensamientos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo quedará desolado y caerá casa contra casa. [18] Si, pues, también Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo quedará en pie su reino, puesto que decís que arrojo los demonios por Beelzebul? [19] Si yo expulso los demonios por Beelzebul, vuestros hijos ¿por quién los arrojan? Por eso ellos mismos serán vuestros jueces. [20] Pero, si yo expulso los demonios por el dedo de Dios, está claro que el Reino de Dios ha llegado a vosotros.

[21] Cuando uno que es fuerte y está bien armado custodia su palacio, sus bienes están seguros; [22] pero si llega otro más fuerte y le vence, le quita sus armas en las que confiaba y reparte su botín.

[23] El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama.

[24] Cuando un espíritu impuro sale de un hombre, vaga por lugares áridos buscando reposo, y al no encontrarlo, dice: Me volveré a mi casa, de donde salí; [25] y al llegar la encuentra barrida y arreglada. [26] Entonces va, toma consigo otros siete espíritus peores que él, entran y fijan allí su morada; y la situación última de aquel hombre viene a ser peor que la primera.

[27] Sucedió que mientras él estaba diciendo todo esto, una mujer de en medio de la multitud, alzando la voz, le dijo: Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron. [28] Pero él replicó: Bienaventurados más bien los que escuchan la palabra de Dios y la guardan.

[29] Habiéndose reunido una gran muchedumbre, comenzó a decir: Esta generación es una generación perversa; busca una señal y no se le dará otra sino la señal de Jonás. [30] Porque, así como Jonás fue señal para los habitantes de Nínive, del mismo modo lo será también el Hijo del Hombre para esta generación. [31] La reina del Mediodía se levantará en el juicio contra los hombres de esta generación y los condenará: porque ella vino de los extremos de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, pero mirad que aquí hay algo más que Salomón. [32] Los hombres de Nínive se levantarán en el juicio contra esta generación y la condenarán: porque ellos hicieron penitencia ante la predicación de Jonás, pero mirad que aquí hay algo más que Jonás.

[33] Nadie enciende una lámpara para ponerla en un sitio oculto ni bajo el celemín, sino sobre el candelero para que los que entran vean la luz. [34] La lámpara del cuerpo es tu ojo. Si tu ojo está sano, también todo tu cuerpo está iluminado; pero si tu ojo está enfermo, también tu cuerpo queda en tinieblas. [35] Mira, pues, no sea que la luz que hay en ti sea tinieblas. [36] Si, pues, todo tu cuerpo está iluminado, sin haber en él parte alguna oscura, todo él estará iluminado como cuando la lámpara te ilumina con su resplandor.

[37] Cuando terminó de hablar, cierto fariseo le rogó que comiera en su casa. Habiendo entrado, se puso a la mesa. [38] El fariseo se quedó extrañado al ver que Jesús no se había lavado antes de la comida. [39] Pero el Señor le dijo: Así que vosotros, los fariseos, purificáis por fuera la copa y el plato, pero vuestro interior está lleno de rapiña y maldad. [40] ¡Insensatos!, ¿acaso quien hizo lo de fuera no ha hecho también lo de dentro? [41] Dad, más bien, limosna de lo que guardáis dentro y así todo quedará purificado para vosotros. [42] Pero, ¡ay de vosotros, fariseos, porque pagáis el diezmo de la menta, de la ruda y de todas las legumbres, pero despreciáis la justicia y el amor de Dios! Esto es lo que hay que hacer sin omitir aquello. [43] ¡Ay de vosotros, fariseos, porque apetecéis los primeros asientos en las sinagogas y los saludos en las plazas! [44] ¡Ay de vosotros, que sois como sepulcros disimulados, sobre los que pasan los hombres sin saberlo!

[45] Entonces, cierto doctor de la Ley, tomando la palabra, le replica: Maestro, diciendo tales cosas, nos ofendes también a nosotros. [46] Pero él dijo: ¡Ay también de vosotros, los doctores de la Ley, porque imponéis a los hombres cargas insoportables, pero vosotros ni con un dedo las tocáis! [47] ¡Ay de vosotros, que edificáis los sepulcros de los profetas, después que vuestros padres los mataron! [48] Así, pues, sois testigos de las obras de vuestros padres y consentís en ellas, porque ellos los mataron, y vosotros edificáis sus sepulcros. [49] Por eso dijo la sabiduría de Dios: Les enviaré profetas y apóstoles, y matarán y perseguirán a una parte de ellos, [50] para que se pida cuentas a esta generación de la sangre de todos los profetas, derramada desde la creación del mundo, [51] desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, asesinado entre el altar y el Templo. Sí, os lo aseguro: se le pedirá cuentas a esta generación. [52] ¡Ay de vosotros, doctores de la Ley, porque os habéis apoderado de la llave de la sabiduría!: vosotros no habéis entrado y a los que estaban para entrar se lo habéis impedido.

[53] Cuando salió de allí, los escribas y fariseos comenzaron a atacarle con vehemencia y a acosarle a preguntas sobre muchas cosas, [54] acechándole para cazarle en alguna palabra.

Cap. XII

[1] En esto, habiéndose reunido una muchedumbre de miles de personas, hasta atropellarse unos a otros, comenzó a decir en primer lugar a sus discípulos: Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía. [2] Nada hay oculto que no sea descubierto, ni secreto que no llegue a saberse. [3] Porque cuanto hayáis dicho en la oscuridad será escuchado a la luz; cuanto hayáis hablado al oído bajo techo será pregonado sobre los terrados.

[4] A vosotros, amigos míos, os digo: no tengáis miedo a los que matan el cuerpo y después de esto no pueden hacer nada más. [5] Os enseñaré a quién habéis de temer: temed al que después de dar muerte tiene poder para arrojar en el infierno. Sí, os digo: temed a éste. [6] ¿No se venden cinco pajarillos por dos ases? Pues bien, ni uno sólo de ellos queda olvidado ante Dios. [7] Aún más, hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis: vosotros valéis más que muchos pajarillos.

[8] Os digo, pues: todo el que me confiese ante los hombres, también el Hijo del Hombre le confesará ante los ángeles de Dios. [9] Pero el que me niegue delante de los hombres, será negado delante de los ángeles de Dios.

[10] Todo el que diga una palabra contra el Hijo del Hombre, será perdonado; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo, no será perdonado.

[11] Cuando os lleven a las sinagogas, y ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis de cómo defenderos, o qué tenéis que decir, [12] porque el Espíritu Santo os enseñará en aquella hora qué es lo que hay que decir.

[13] Uno de entre la multitud le dijo: Maestro, di a mi hermano que reparta la herencia conmigo. [14] Pero él le respondió: Hombre, ¿quién me ha constituido juez o repartidor entre vosotros? [15] Y añadió: Estad alerta y guardaos de toda avaricia, porque si alguien tiene abundancia de bienes, su vida no depende de aquello que posee. [16] Y les propuso una parábola diciendo: Las tierras de cierto hombre rico dieron mucho fruto, [17] y pensaba para sus adentros: ¿qué haré, pues no tengo donde guardar mi cosecha? [18] Y dijo: Esto haré: voy a destruir mis graneros, y construiré otros mayores, y allí guardaré todo mi trigo y mis bienes. [19] Entonces diré a mi alma: alma, ya tienes muchos bienes almacenados para muchos años. Descansa, come, bebe, pásalo bien. [20] Pero Dios le dijo: Insensato, esta misma noche te reclaman el alma; lo que has preparado, ¿para quién será? [21] Así ocurre al que atesora para sí y no es rico ante Dios.

[22] Dijo a sus discípulos: Por eso os digo: no andéis preocupados por vuestra vida: qué vais a comer; o por vuestro cuerpo: con qué os vais a vestir. [23] En efecto, la vida vale más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido. [24] Fijaos en los cuervos: no siembran ni siegan; no tienen despensa ni granero, pero Dios los alimenta. ¡Cuánto más valéis vosotros que las aves! [25] ¿Quién de vosotros, por más que cavile, puede añadir un codo a su edad? [26] Si no podéis ni lo más pequeño, ¿por qué os preocupáis por las demás cosas? [27] Contemplad los lirios, cómo crecen; no se fatigan ni hilan, pero yo os digo que ni Salomón en toda su gloria pudo vestirse como uno de ellos. [28] Y si Dios viste así a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, ¡cuánto más a vosotros, hombres de poca fe! [29] Así, vosotros no andéis buscando qué comer o qué beber, y no estéis inquietos. [30] Por todas esas cosas se afanan los paganos. Bien sabe vuestro Padre que necesitáis de ellas. [31] Buscad más bien el Reino de Dios y su justicia, y esas cosas se os darán por añadidura.

[32] No temáis, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el Reino. [33] Vended vuestros bienes y dad limosna. Haceos bolsas que no envejecen, un tesoro que no se agota en el Cielo, donde el ladrón no llega ni corroe la polilla. [34] Porque donde está vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón.

[35] Tened ceñidas vuestras cinturas y las lámparas encendidas, [36] y estad como quienes aguardan a su amo cuando vuelve de las nupcias, para abrirle al instante en cuanto venga y llame. [37] Dichosos aquellos siervos a los que al volver su amo los encuentre vigilando. En verdad os digo que se ceñirá la cintura, les hará sentar a la mesa y acercándose les servirá. [38] Y si viniese en la segunda vigilia o en la tercera, y los encontrase así, dichosos ellos. [39] Sabed esto: si el dueño de la casa conociera a qué hora va a llegar el ladrón, no permitiría que se horadase su casa. [40] Vosotros, pues, estad preparados, porque a la hora que menos pensáis viene el Hijo del Hombre.

[41] Y le preguntó Pedro: Señor, ¿dices esta parábola por nosotros o por todos? [42] El Señor respondió: ¿Quién piensas que es el administrador fiel y prudente, a quien el amo pondrá al frente de su casa, para dar a tiempo la ración adecuada? [43] Dichoso aquel siervo, al que encuentre obrando así su amo cuando vuelva. [44] En verdad os digo que lo pondrá al frente de todos sus bienes. [45] Pero si aquel siervo dijera en sus adentros: mi amo tarda en venir, y se pusiera a golpear a los criados y criadas, a comer, a beber y a emborracharse, [46] llegará el amo de aquel siervo el día menos pensado, a una hora imprevista, lo castigará duramente y le dará el pago de los que no son fieles. [47] El siervo que, conociendo la voluntad de su amo, no fue previsor ni actuó conforme a la voluntad de aquél, será muy azotado; [48] en cambio, el que sin saberlo hizo algo digno de castigo, será poco azotado. A todo el que se le ha dado mucho, mucho se le exigirá, y al que le encomendaron mucho, mucho le pedirán.

[49] Fuego he venido a traer a la tierra, y ¿qué quiero sino que ya arda? [50] Tengo que ser bautizado con un bautismo, y ¡cómo me siento urgido hasta que se lleve a cabo! [51] ¿Pensáis que he venido a traer paz a la tierra? No, os digo, sino división. [52] Pues desde ahora, habrá cinco en una casa divididos: tres contra dos y dos contra tres, [53] se dividirán el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.

[54] Decía a las multitudes: Cuando veis que sale una nube por el poniente, en seguida decís: va a llover, y así sucede. [55] Y cuando sopla el sur, decís: viene bochorno, y sucede. [56] ¡Hipócritas! Sabéis interpretar el aspecto del cielo y de la tierra: entonces, ¿cómo es que no sabéis interpretar este tiempo? [57] ¿Por qué no sabéis discernir por vosotros mismos lo que es justo?

[58] Cuando vayas con tu adversario al magistrado, procura ponerte de acuerdo con él en el camino, no sea que te obligue a ir al juez, y el juez te entregue al alguacil, y el alguacil te meta en la cárcel. [59] Te aseguro que no saldrás de allí hasta que pagues el último céntimo.

Cap. XIII

[1] Estaban presentes en aquel momento unos que le contaban lo de los galileos, cuya sangre mezcló Pilato con la de sus sacrificios. [2] Y en respuesta les dijo: ¿Pensáis que estos galileos fueron más pecadores que todos los galileos, porque han padecido tales cosas? [3] ¡No!, os lo aseguro; pero si no hacéis penitencia, todos pereceréis igualmente. [4] O aquellos dieciocho sobre los que cayó la torre de Siloé y los mató, ¿pensáis que fueron más culpables que todos los hombres que vivían en Jerusalén? [5] ¡No!, os lo aseguro; pero si no hacéis penitencia, todos pereceréis igualmente.

[6] Les decía esta parábola: Un hombre tenía una higuera plantada en su viña, y vino a buscar en ella fruto y no encontró. [7] Entonces dijo al viñador: Mira que hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera sin encontrarlo; córtala, ¿para qué va a ocupar terreno en balde? [8] Pero él le respondió: Señor, déjala también este año hasta que cave a su alrededor y eche estiércol, [9] por si produce fruto; si no, ya la cortarás.

[10] Un sábado estaba enseñando en una de las sinagogas. [11] Y había allí una mujer poseída por un espíritu, enferma desde hacía dieciocho años, y estaba encorvada sin poder enderezarse de ningún modo. [12] Al verla Jesús, la llamó y le dijo: Mujer, quedas libre de tu enfermedad. [13] Y le impuso las manos, y al instante se enderezó y glorificaba a Dios.

[14] Tomando la palabra el jefe de la sinagoga, indignado porque Jesús curaba en sábado, decía a la muchedumbre: Seis días hay en los que es necesario trabajar; venid, pues, en ellos a ser curados, y no en día de sábado. [15] El Señor le respondió: ¡Hipócritas!, cualquiera de vosotros ¿no suelta del pesebre en sábado su buey o su asno y lo lleva a beber? [16] Y a ésta que es hija de Abrahán, a la que Satanás ató hace ya dieciocho años, ¿no era conveniente soltarla de esta atadura aun en día de sábado? [17] Y cuando decía esto, quedaban avergonzados todos sus adversarios, y toda la gente se alegraba por todas las maravillas que hacía.

[18] Y decía: ¿A qué es semejante el Reino de Dios y con qué lo compararé? [19] Es semejante a un grano de mostaza, que tomó un hombre y lo echó en su huerto, y creció y llegó a ser un árbol, y las aves del cielo anidaron en sus ramas.

[20] Y dijo también: ¿Con qué compararé el Reino de Dios? [21] Es semejante a la levadura que tomó una mujer y mezcló con tres medidas de harina hasta que fermentó todo.

[22] Y recorría ciudades y aldeas enseñando, mientras caminaba hacia Jerusalén. [23] Y uno le dijo: Señor, ¿son pocos los que se salvan? El les contestó: [24] Esforzaos para entrar por la puerta angosta, porque muchos, os digo, intentarán entrar y no podrán. [25] Una vez que el dueño de la casa haya entrado y cerrado la puerta, os quedaréis fuera y empezaréis a golpear la puerta, diciendo: Señor, ábrenos. Y os responderá: No sé de dónde sois. [26] Entonces empezaréis a decir: Hemos comido y hemos bebido contigo, y has enseñado en nuestras plazas. [27] Y os dirá: No sé de dónde sois; apartaos de mí todos los que obráis la iniquidad. [28] Allí será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán y a Isaac y a Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, mientras que vosotros sois arrojados fuera. [29] Y vendrán de Oriente y de Occidente y del Norte y del Sur y se sentarán a la mesa en el Reino de Dios. [30] Pues hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos.

[31] En aquel momento se acercaron algunos fariseos diciéndole: Sal y aléjate de aquí, porque Herodes te quiere matar. [32] Y les dijo: Id a decir a ese zorro: he aquí que expulso demonios y realizo curaciones hoy y mañana, y al tercer día acabo. [33] Pero es necesario que yo siga mi camino hoy y mañana y al día siguiente, porque no cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén.

[34] ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y lapidas a los que te son enviados; cuántas veces he querido reunir a tus hijos como la gallina a sus polluelos bajo las alas, y no quisiste! [35] He aquí que vuestra casa se os va a quedar desierta. Os aseguro que no me veréis hasta que llegue el día en que digáis: Bendito el que viene en nombre del Señor.

Cap. XIV

[1] Y sucedió que al entrar él un sábado a comer en casa de uno de los principales fariseos, ellos le estaban observando. [2] Y he aquí que se encontraba delante de él un hombre hidrópico. [3] Y tomando la palabra, dijo Jesús a los doctores de la Ley y a los fariseos: ¿Es lícito curar en sábado o no? [4] Pero ellos callaron. Y tomándolo, lo curó y lo despidió. [5] Y les dijo: ¿Quién de vosotros, si se le cae al pozo un hijo o un buey, no lo saca enseguida en día de sábado? [6] Y no pudieron responderle a esto.

[7] Proponía a los invitados una parábola, al notar cómo iban eligiendo los primeros puestos, diciéndoles: [8] Cuando seas invitado por alguien a una boda, no te sientes en el primer puesto, no sea que otro más distinguido que tú haya sido invitado por él, [9] y al llegar el que os invitó a ti y al otro, te diga: cede el sitio a éste; y entonces empieces a buscar, lleno de vergüenza, el último lugar. [10] Al contrario, cuando seas invitado, ve a sentarte en el último lugar, para que cuando llegue el que te invitó te diga: amigo, sube más arriba. Entonces quedarás muy honrado ante todos los comensales. [11] Porque todo el que se ensalza será humillado; y el que se humilla será ensalzado.

[12] Decía también al que le había invitado: Cuando des una comida o cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a vecinos ricos, no sea que también ellos te devuelvan la invitación y te sirva de recompensa. [13] Al contrario, cuando des un banquete, llama a pobres, a tullidos, a cojos, y a ciegos; [14] y serás bienaventurado, porque no tienen para corresponderte; se te recompensará en la resurrección de los justos.

[15] Cuando oyó esto uno de los comensales, le dijo: Bienaventurado el que coma el pan en el Reino de Dios. [16] Pero él le dijo: Un hombre daba una gran cena, e invitó a muchos. [17] Y envió a su criado a la hora de la cena para decir a los invitados: Venid, pues ya está todo preparado. [18] Y todos a una comenzaron a excusarse. El primero le dijo: He comprado un campo y tengo necesidad de ir a verlo; te ruego que me des por excusado. [19] Y otro dijo: Compré cinco yuntas de bueyes, y voy a probarlas; te ruego que me des por excusado. [20] Otro dijo: Acabo de casarme, y por eso no puedo ir. [21] Regresó el criado y contó esto a su señor. Entonces, irritado el dueño de la casa, dijo a su criado: Sal ahora mismo a las plazas y calles de la ciudad y trae aquí a los pobres, a los tullidos, a los ciegos y a los cojos. [22] Y el criado dijo: Señor, se ha hecho lo que mandaste, y todavía hay sitio. [23] Entonces dijo el señor a su criado: Sal a los caminos y a los cercados y obliga a entrar, para que se llene mi casa. [24] Os aseguro, pues, que ninguno de aquellos hombres invitados gustará mi cena.

[25] Iba con él mucha gente, y volviéndose les dijo: [26] Si alguno viene a mí y no odia a su padre y a su madre y a la esposa y a los hijos y a los hermanos y a las hermanas, hasta su propia vida, no puede ser mi discípulo. [27] Y el que no toma su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo.

[28] Porque, ¿quién de vosotros, al querer edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos a ver si tiene para acabarla?, [29] no sea que, después de poner los cimientos y no poder acabar, todos los que lo vean empiecen a burlarse de él, [30] diciendo: este hombre comenzó a edificar, y no pudo terminar. [31] O ¿qué rey, que sale a luchar contra otro rey, no se sienta antes a deliberar si puede enfrentarse con diez mil hombres al que viene contra él con veinte mil? [32] Y si no, cuando todavía está lejos, envía una embajada para pedir condiciones de paz. [33] Así pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todos sus bienes, no puede ser mi discípulo.

[34] La sal es buena; pero si hasta la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? [35] No es útil ni para la tierra ni para el estercolero; la tiran fuera. Quien tenga oídos para oír, que oiga.

Cap. XV

PARÁBOLAS DE LA MISERICORDIA

[1] Se le acercaban todos los publicanos y pecadores para oírle. [2] Pero los fariseos y los escribas murmuraban diciendo: Este recibe a los pecadores y come con ellos. [3] Entonces les propuso esta parábola: [4] ¿Quién de vosotros, si tiene cien ovejas y pierde una, no deja las noventa y nueve en el campo y va en busca de la que se perdió hasta encontrarla? [5] Y, cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso, [6] y, al llegar a casa, convoca a los amigos y vecinos y les dice: Alegraos conmigo, porque he encontrado la oveja que se me perdió. [7] Os digo que, del mismo modo, habrá en el Cielo mayor alegría por un pecador que hace penitencia que por noventa y nueve justos que no la necesitan.

[8] O ¿qué mujer, si tiene diez dracmas y pierde una, no enciende una luz y barre la casa y busca cuidadosamente hasta encontrarla? [9] Y cuando la encuentra, reúne a las amigas y vecinas diciéndoles: Alegraos conmigo, porque he encontrado la dracma que se me perdió. [10] Así, os digo, hay alegría entre los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente.

[11] Dijo también: Un hombre tenía dos hijos. [12] El más joven de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de hacienda que me corresponde. Y les repartió los bienes. [13] No muchos días después, el hijo más joven, reuniéndolo todo, se fue a un país lejano y malgastó allí su fortuna viviendo lujuriosamente. [14] Después de gastar todo, hubo una gran hambre en aquella región y él empezó a pasar necesidad. [15] Fue y se puso a servir a un hombre de aquella región, el cual lo mandó a sus tierras a guardar cerdos; [16] le entraban ganas de saciarse con las algarrobas que comían los cerdos; y nadie se las daba. [17] Recapacitando, se dijo: ¡cuántos jornaleros de mi padre tienen pan abundante mientras yo aquí me muero de hambre! [18] Me levantaré e iré a mi padre y le diré: padre, he pecado contra el Cielo y contra ti; [19] ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo; trátame como a uno de tus jornaleros. [20] Y levantándose se puso en camino hacia la casa de su padre. Cuando aún estaba lejos, lo vio su padre y se compadeció; y corriendo a su encuentro, se le echó al cuello y lo cubrió de besos. [21] Comenzó a decirle el hijo: Padre, he pecado contra el Cielo y contra ti; ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo. [22] Pero el padre dijo a sus criados: Pronto, sacad el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; [23] traed el ternero cebado y matadlo, y vamos a celebrarlo con un banquete; [24] porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado. Y se pusieron a celebrarlo.

[25] El hijo mayor estaba en el campo; al volver y acercarse a casa oyó la música y los cantos [26] y, llamando a uno de los criados, le preguntó qué pasaba. [27] Este le dijo: Ha llegado tu hermano, y tu padre ha matado el ternero cebado por haberle recobrado sano. [28] Se indignó y no quería entrar, pero su padre salió a convencerlo. [29] El replicó a su padre: Mira cuántos años hace que te sirvo sin desobedecer ninguna orden tuya, y nunca me has dado ni un cabrito para divertirme con mis amigos. [30] Pero en cuanto ha venido ese hijo tuyo que devoró tu fortuna con meretrices, has hecho matar para él el ternero cebado. [31] Pero él le respondió: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo; [32] pero había que celebrarlo y alegrarse, porque ese hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado.

Cap. XVI

[1] Decía también a los discípulos: Había un hombre rico que tenía un administrador, al que acusaron ante el amo de malversar la hacienda. [2] Le llamó y le dijo: ¿Qué es esto que oigo de ti? Dame cuentas de tu administración, porque ya no podrás seguir administrando. [3] Y dijo para sí el administrador: ¿Qué haré, puesto que mi señor me quita la administración? Cavar, no puedo; mendigar, me avergüenza. [4] Sé lo que haré para que me reciban en sus casas cuando sea retirado de la administración. [5] Y, convocando uno a uno a los deudores de su amo, dijo al primero: ¿Cuánto debes a mi señor? [6] El respondió: Cien medidas de aceite. Y le dijo: Toma tu recibo; aprisa, siéntate y escribe cincuenta. [7] Después dijo a otro: ¿Tú, cuánto debes? El respondió: Cien cargas de trigo. Y le dijo: Toma tu recibo y escribe ochenta. [8] El dueño alabó al administrador infiel por haber actuado sagazmente; porque los hijos de este mundo son más sagaces en lo suyo que los hijos de la luz.

[9] Y yo os digo: haceos amigos con las riquezas injustas, para que, cuando falten, os reciban en las moradas eternas.

[10] Quien es fiel en lo poco también es fiel en lo mucho; y quien es injusto en lo poco también es injusto en lo mucho.

[11] Por tanto, si no fuisteis fieles en la riqueza injusta, ¿quién os confiará la verdadera? [12] Y si en lo ajeno no fuisteis fieles, ¿quién os dará lo vuestro?

[13] Ningún criado puede servir a dos señores, pues odiará a uno y amará al otro, o preferirá a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al dinero.

[14] Oían todas estas cosas los fariseos, que eran amantes del dinero, y se burlaban de él. [15] Y les dijo: Vosotros os hacéis pasar por justos delante de los hombres; pero Dios conoce vuestros corazones; porque lo que parece ser excelso ante los hombres, es abominable delante de Dios.

[16] La Ley y los Profetas llegan hasta Juan; desde entonces se evangeliza el Reino de Dios y cada uno se esfuerza por él.

[17] Es más fácil que pasen el cielo y la tierra que caiga un solo ápice de la Ley.

[18] Todo el que repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio; y el que se casa con la repudiada por su marido, comete adulterio.

[19] Había un hombre rico que vestía de púrpura y lino finísimo, y cada día celebraba espléndidos banquetes. [20] Un pobre, en cambio, llamado Lázaro, yacía sentado a su puerta, cubierto de llagas, [21] deseando saciarse de lo que caía de la mesa del rico. Y hasta los perros acercándose le lamían sus llagas. [22] Sucedió, pues, que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán; murió también el rico y fue sepultado. [23] Estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantando sus ojos vio a lo lejos a Abrahán y a Lázaro en su seno; [24] y gritando, dijo: Padre Abrahán, ten piedad de mí y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en estas llamas. [25] Contestó Abrahán: Hijo, acuérdate de que tú recibiste bienes durante tu vida y Lázaro, en cambio, males; ahora, pues, aquí él es consolado y tú atormentado. [26] Además de todo esto, entre vosotros y nosotros hay interpuesto un gran abismo, de modo que los que quieren atravesar de aquí a vosotros, no pueden; ni pueden pasar de ahí a nosotros. [27] Y dijo: Te ruego entonces, padre, que le envíes a casa de mi padre, [28] pues tengo cinco hermanos, para que les advierta y no vengan también a este lugar de tormentos. [29] Pero replicó Abrahán: Tienen a Moisés y a los Profetas. ¡Que los oigan! [30] El dijo: No, padre Abrahán; pero si alguno de entre los muertos va a ellos, se convertirán. [31] Y le dijo: Si no escuchan a Moisés y a los Profetas, tampoco se convencerán aunque uno de los muertos resucite.

Cap. XVII

[1] Dijo a sus discípulos: Es imposible que no vengan los escándalos; pero, ay de aquel por quien vienen. [2] Más le valdría ajustarle al cuello una piedra de molino y arrojarle al mar, que escandalizar a uno de esos pequeños: [3] andaos con cuidado. Si tu hermano peca, repréndele; y, si se arrepiente, perdónale. [4] Y si peca siete veces al día contra ti, y siete veces vuelve a ti, diciendo: Me arrepiento, le perdonarás.

[5] Los Apóstoles dijeron al Señor: Auméntanos la fe. [6] Respondió el Señor: Si tuvierais fe como un grano de mostaza, diríais a este moral: arráncate y plántate en el mar, y os obedecería.

[7] Si uno de vosotros tiene un siervo en la labranza o con el ganado y regresa del campo, ¿acaso le dice: entra en seguida y siéntate a la mesa? [8] ¿No le dirá, al contrario: prepárame la cena y disponte a servirme mientras como y bebo, que después comerás y beberás tú? [9] ¿Es que tiene que agradecerle al siervo el que haya hecho lo que se le había mandado? [10] Pues igual vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que se os ha mandado, decid: somos unos siervos inútiles; no hemos hecho más que lo que teníamos que hacer.

[11] Y sucedió que, yendo de camino a Jerusalén, atravesaba los confines de Samaría y Galilea; [12] y, cuando iba a entrar en un pueblo, le salieron al paso diez leprosos, que se detuvieron a distancia [13] y le dijeron gritando: Jesús, Maestro, ten piedad de nosotros. [14] Al verlos, les dijo: Id y presentaos a los sacerdotes. Y sucedió que mientras iban, quedaron limpios. [15] Uno de ellos, al verse curado, se volvió glorificando a Dios a gritos, [16] y fue a postrarse a sus pies dándole gracias. Y éste era samaritano. [17] Ante lo cual dijo Jesús: ¿No son diez los que han quedado limpios? Los otros nueve ¿dónde están? [18] ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino sólo este extranjero? [19] Y le dijo: Levántate y vete; tu fe te ha salvado.

[20] Interrogado por los fariseos sobre cuándo llegaría el Reino de Dios, él les respondió: El Reino de Dios no viene con espectáculo; [21] ni se podrá decir: vedlo aquí o allí; porque, mirad, el Reino de Dios está ya en medio de vosotros.

[22] Y dijo a los discípulos: Vendrá un tiempo en que desearéis ver uno solo de los días del Hijo del Hombre, y no lo veréis. [23] Entonces os dirán: vedlo aquí, o vedlo allí. No vayáis ni corráis detrás. [24] Pues, como el relámpago fulgurante brilla de un extremo a otro del cielo, así será en su día el Hijo del Hombre. [25] Pero es necesario que antes padezca mucho y sea reprobado por esta generación. [26] Y como ocurrió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del Hombre. [27] Comían y bebían, tomaban mujer o marido, hasta el día en que Noé entró en el arca, y vino el diluvio e hizo perecer a todos. [28] Lo mismo sucedió en los días de Lot: comían y bebían, compraban y vendían, plantaban y edificaban; [29] pero el día en que salió Lot de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre e hizo perecer a todos. [30] Del mismo modo sucederá el día en que se manifieste el Hijo del Hombre. [31] En aquel día, quien esté en el terrado y tenga sus cosas en la casa, no baje por ellas; y lo mismo, quien esté en el campo, que no vuelva atrás. [32] Acordaos de la mujer de Lot. [33] Quien pretenda guardar su vida, la perderá; y quien la pierda, la conservará viva. [34] Yo os digo: aquella noche estarán dos en el mismo lecho: uno será tomado y el otro dejado. [35] Habrá dos moliendo juntas: una será tomada y la otra dejada.

[37] Y a esto le dijeron: ¿Dónde, Señor? El les respondió: Dondequiera que esté el cuerpo, allí se reunirán las águilas.

Cap. XVIII

[1] Les proponía una parábola sobre la necesidad de orar siempre y no desfallecer, [2] diciendo: En cierta ciudad había un juez que no temía a Dios ni respetaba a los hombres. [3] También había en aquella ciudad una viuda, que acudía a él diciendo: Hazme justicia ante mi adversario. [4] Y durante mucho tiempo no quería. Sin embargo al final se dijo a sí mismo: aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, [5] ya que esta viuda está molestándome, le haré justicia, para que no siga viniendo a importunarme. [6] Concluyó el Señor: Prestad atención a lo que dice el juez injusto. [7] ¿Acaso Dios no hará justicia a sus elegidos que claman a El día y noche, y les hará esperar? [8] Os aseguro que les hará justicia sin tardanza. ¿Pero cuando venga el Hijo del Hombre, acaso encontrará fe sobre la tierra?

[9] Dijo también esta parábola a algunos que confiaban en sí mismos teniéndose por justos y despreciaban a los demás: [10] Dos hombres subieron al Templo para orar: uno era fariseo, y el otro publicano. [11] El fariseo, quedándose de pie, oraba para sus adentros: Oh Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni como ese publicano. [12] Ayuno dos veces por semana, pago el diezmo de todo lo que poseo. [13] Pero el publicano, quedándose lejos, ni siquiera se atrevía a levantar sus ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: Oh Dios, ten compasión de mí que soy un pecador. [14] Os digo que éste bajó justificado a su casa, y aquél no. Porque todo el que se ensalza será humillado, y todo el que se humilla será ensalzado.

[15] Le llevaban también niños, para que los tocara. Al verlo los discípulos les reñían. [16] Pero Jesús llamó a los niños y dijo: Dejad que los niños vengan a mí y no se lo impidáis, porque de los que son como ellos es el Reino de Dios. [17] En verdad os digo que quien no reciba el Reino de Dios como un niño no entrará en él.

[18] Cierto personaje distinguido le preguntó: Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna? [19] Le respondió Jesús: ¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino uno solo, Dios. [20] Sabes los mandamientos: no cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no dirás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre. [21] El respondió: Todo esto lo he guardado desde la adolescencia. [22] Después de oírlo le dijo Jesús: Aún te falta una cosa: vende todo lo que tienes y dalo a los pobres, y tendrás un tesoro en los Cielos. Luego, ven y sígueme. [23] Pero al oír estas cosas se puso triste, porque era muy rico. [24] Viéndole entristecerse, dijo Jesús: ¡Qué difícil es que los que tienen riquezas entren en el Reino de Dios! [25] Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de Dios. [26] Los que escuchaban dijeron: ¿Entonces quién puede salvarse? [27] El respondió: Lo que es imposible para los hombres es posible para Dios.

[28] Entonces dijo Pedro: Pues nosotros hemos dejado nuestras cosas y te hemos seguido. [29] Y Jesús les respondió: Os aseguro que no hay nadie que haya dejado casa, o mujer, o hermanos, o padres, o hijos por causa del Reino de Dios, [30] que no reciba mucho más en este mundo y, en el venidero, la vida eterna.

[31] Tomando consigo a los doce, les dijo: Mirad, subimos a Jerusalén, y se cumplirán todas las cosas que han sido escritas por medio de los Profetas acerca del Hijo del Hombre: [32] será entregado a los gentiles y se burlarán de él, será insultado y escupido, [33] y, después de azotarlo, lo matarán, y al tercer día resucitará. [34] Pero ellos no comprendieron nada de esto: era éste un lenguaje que les resultaba incomprensible, y no entendían las cosas que decía.

[35] Ocurrió que al llegar a Jericó había un ciego sentado junto al camino mendigando. [36] Y al oír que pasaba mucha gente, preguntó qué era aquello. [37] Le contestaron: Es Jesús Nazareno que pasa. [38] Y gritó diciendo: Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí. [39] Y los que iban delante le reprendían para que se callara. Pero él gritaba mucho más: Hijo de David, ten piedad de mí. [40] Jesús, parándose, mandó que lo trajeran ante él. Y cuando se acercó, le preguntó: [41] ¿Qué quieres que te haga? El dijo: Señor, que vea. [42] Y Jesús le dijo: Ve, tu fe te ha salvado. [43] Y al instante vio, y le seguía glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al presenciarlo, alabó a Dios.

Cap. XIX

[1] Entró en Jericó y atravesaba la ciudad. [2] Había un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de publicanos y rico. [3] Intentaba ver a Jesús para conocerle, pero no podía a causa de la muchedumbre, porque era pequeño de estatura. [4] Y, adelantándose corriendo, subió a un sicómoro para verle, porque iba a pasar por allí. [5] Cuando Jesús llegó al lugar, levantando la vista, le dijo: Zaqueo, baja pronto, porque conviene que hoy me quede en tu casa. [6] Bajo rápido y lo recibió con gozo. [7] Al ver esto, todos murmuraban diciendo que había entrado a hospedarse en casa de un pecador. [8] Pero Zaqueo, de pie, dijo al Señor: Señor, doy la mitad de mis bienes a los pobres y si he defraudado en algo a alguien le devuelvo cuatro veces más. [9] Jesús le dijo: Hoy ha llegado la salvación a esta casa, pues también éste es hijo de Abrahán; [10] porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido.

[11] Cuando la gente estaba oyendo estas cosas añadió una parábola, porque él estaba cerca de Jerusalén y ellos pensaban que el Reino de Dios se manifestaría en seguida. [12] Dijo pues: Un hombre noble marchó a una tierra lejana a recibir la investidura real y volverse. [13] Llamó a diez siervos suyos, les dio diez minas y les dijo: Negociad hasta mi vuelta. [14] Sus ciudadanos le odiaban y enviaron una embajada tras él para decir: No queremos que éste reine sobre nosotros. [15] Al volver, recibida ya la investidura real, mandó llamar ante sí a aquellos siervos a quienes había dado el dinero, para saber cuánto habían negociado. [16] Vino el primero y dijo: Señor, tu mina ha producido diez. [17] Y le dijo: Bien, siervo bueno, porque has sido fiel en lo poco ten potestad sobre diez ciudades. [18] Vino el segundo y dijo: Señor, tu mina ha producido cinco. [19] Le dijo a éste: Tú ten también el mando de cinco ciudades. [20] Vino el otro y dijo: Señor, aquí está tu mina, que he tenido guardada en un pañuelo; [21] pues tuve miedo de ti porque eres hombre severo, tomas lo que no depositaste y siegas lo que no sembraste. [22] Le dice: Por tus palabras te juzgo, mal siervo; ¿sabías que yo soy hombre severo, que tomo lo que no he depositado y siego lo que no he sembrado? [23] ¿Por qué no pusiste mi dinero en el banco? Así, al volver yo lo hubiera retirado con intereses. [24] Y dijo a los presentes: Quitadle la mina y dádsela al que tiene diez. [25] Entonces le dijeron: Señor, ya tiene diez minas. [26] Os digo que a todo el que tiene se le dará, pero al que no tiene hasta lo que tiene se le quitará. [27] En cuanto a esos enemigos míos que no han querido que yo reinara sobre ellos, traedlos aquí y matadlos en mi presencia.

MINISTERIO EN JERUSALÉN

[28] Dicho esto, caminaba delante de ellos subiendo a Jerusalén.

[29] Y cuando llegó cerca de Betfagé y Betania, que están junto al monte llamado de los Olivos, envió a dos discípulos [30] diciendo: Id a la aldea que está enfrente; al entrar encontraréis un borrico atado, en el que todavía no ha montado nadie; desatadlo y traedlo. [31] Y si alguno os pregunta por qué lo desatáis le diréis así: porque el Señor lo necesita. [32] Los enviados fueron y lo encontraron tal como les había dicho. [33] Al desatar el borrico sus dueños les dijeron: ¿Por qué desatáis el borrico? [34] Ellos contestaron: Porque el Señor lo necesita. [35] Se lo llevaron a Jesús. Y echando sus mantos sobre el borrico hicieron montar a Jesús. [36] Según él avanzaba extendían sus mantos en el camino. [37] Al acercarse, ya en la bajada del monte de los Olivos, toda la multitud de los discípulos, llena de alegría, comenzó a alabar a Dios en alta voz por todos los prodigios que habían visto, [38] diciendo: ¡Bendito el Rey que viene en nombre del Señor! ¡Paz en el Cielo y gloria en las alturas!

[39] Algunos fariseos de entre la multitud le dijeron: Maestro, reprende a tus discípulos. [40] El les respondió: Os digo que si éstos callan gritarán las piedras.

[41] Y cuando se acercó, al ver la ciudad, lloró sobre ella, [42] diciendo: ¡Si conocieras también tú en este día lo que te lleva a la paz!; sin embargo, ahora está oculto a tus ojos. [43] Porque vendrán días sobre ti en que no sólo te rodearán tus enemigos con vallas, y te cercarán y te estrecharán por todas partes, [44] sino que te aplastarán contra el suelo a ti y a tus hijos que están dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no has conocido el tiempo de la visita que se te ha hecho.

[45] Entró en el Templo y comenzó a expulsar a los que vendían, [46] diciéndoles: Está escrito: Mi casa será casa de oración, pero vosotros habéis hecho de ella una cueva de ladrones. [47] Y enseñaba todos los días en el Templo. Pero los príncipes de los sacerdotes y los escribas intentaban acabar con él, lo mismo que los jefes del pueblo, [48] pero no encontraban cómo hacerlo, pues todo el pueblo estaba pendiente escuchándole.

Cap. XX

[1] Un día, mientras enseñaba y evangelizaba al pueblo en el Templo, se acercaron los sumos sacerdotes y los escribas con los ancianos [2] y le dijeron: Dinos: ¿con qué potestad haces estas cosas?; ¿quién es el que te ha dado tal potestad? [3] Les respondió: También yo os preguntaré una cosa. Decidme: [4] ¿el bautismo de Juan era del Cielo o de los hombres? [5] Ellos razonaban entre sí: Si decimos del Cielo dirá: ¿por qué no le creísteis?; [6] pero si decimos de los hombres, todo el pueblo nos apedreará, porque está convencido de que Juan es un profeta. [7] Y respondieron que no sabían de dónde era. [8] Entonces les dijo Jesús: Tampoco yo os digo con qué potestad hago esto.

[9] Comenzó a exponer al pueblo la siguiente parábola: Un hombre plantó una viña, la arrendó a unos viñadores, y se ausentó por mucho tiempo. [10] A su tiempo envió un siervo a los viñadores, para que le dieran del fruto de la viña. Pero los viñadores después de golpearlo lo despacharon con las manos vacías. [11] Y volvió a enviarles otro siervo. Pero ellos lo azotaron y lo ultrajaron, y lo despacharon con las manos vacías. [12] Y volvió a enviarles un tercero, pero ellos lo hirieron y lo echaron. [13] Dijo entonces el dueño de la viña: ¿Qué haré? Enviaré a mi hijo amado; tal vez a él le respetarán. [14] Pero los viñadores al verlo comentaron entre ellos: Este es el heredero; matémosle, para que su herencia pase a nosotros. [15] Y, sacándolo fuera de la viña, lo mataron. ¿Qué hará, pues, con ellos el dueño de la viña? [16] Vendrá y exterminará a esos viñadores, y dará la viña a otros. Al oírlo dijeron: De ningún modo. [17] Pero él, fijando en ellos su mirada, dijo: Entonces, ¿qué significa lo que está escrito: La piedra que rechazaron los arquitectos, ésta ha llegado a ser la piedra angular?

[18] Todo el que caiga sobre aquella piedra se estrellará, y aquel sobre quien ella cayese, quedará aplastado. [19] Los escribas y los príncipes de los sacerdotes intentaban ponerle las manos encima en aquel mismo momento, pero tuvieron miedo al pueblo; pues se dieron cuenta de que por ellos había dicho aquella parábola.

[20] Y ellos, estando al acecho, enviaron espías que simulaban ser justos, para cogerle en alguna palabra, y así entregarlo al poder y autoridad del Procurador. [21] Le preguntaron: Maestro, sabemos que hablas y enseñas rectamente, y no haces acepción de personas, sino que enseñas el camino de Dios según la verdad. [22] ¿Nos es lícito dar tributo al César, o no? [23] Mas él, percatándose de su malicia, les dijo: [24] Mostradme un denario. ¿De quién es la imagen e inscripción que tiene? Ellos contestaron: Del César. [25] El les dijo: Pues bien, dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. [26] Y no pudieron cogerle en ninguna palabra ante el pueblo, y admirados de su respuesta se callaron.

[27] Se le acercaron algunos de los saduceos, los cuales niegan la resurrección, y le preguntaron: [28] Maestro, Moisés nos dejó escrito que si el hermano de uno muere dejando mujer, y éste no tiene hijos, su hermano la tomará por mujer y dará descendencia a su hermano. [29] Pues bien, eran siete hermanos; el primero tomó mujer y murió sin hijos, [30] y lo mismo el siguiente; [31] también el tercero la tomó por mujer; los siete, de igual manera, murieron y no dejaron hijos. [32] Finalmente murió la mujer. [33] Ahora bien: en la resurrección, la mujer ¿de quién será esposa? Porque los siete la tuvieron como esposa. [34] Jesús les dijo: Los hijos de este mundo toman mujer o marido; [35] sin embargo los que sean dignos de alcanzar el otro mundo y la resurrección de los muertos, no tomarán ni mujer ni marido. [36] Porque ya no podrán morir otra vez, pues son iguales a los ángeles e hijos de Dios, siendo hijos de la resurrección. [37] Que los muertos resucitarán lo mostró Moisés en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor Dios de Abrahán y Dios de Isaac y Dios de Jacob. [38] Pues no es Dios de muertos, sino de vivos; todos viven para El. [39] Tomando la palabra, algunos escribas dijeron: Maestro, has hablado bien. [40] Y ya no se atrevían a preguntarle más.

[41] Les preguntó: ¿Como dicen que el Cristo es Hijo de David? [42] Pues el mismo David dice en el libro de los Salmos: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, [43] hasta que ponga a tus enemigos como escabel de tus pies. [44] Pues si David le llama Señor, ¿cómo puede ser hijo suyo?

[45] Oyéndolo todo el pueblo, dijo a sus discípulos: [46] Guardaos de los escribas, que gustan pasear vestidos con largas túnicas, y anhelan los saludos en las plazas, los primeros asientos en las sinagogas, los primeros puestos en los banquetes, [47] que devoran las casas de las viudas y fingen largas oraciones: éstos recibirán una condena más severa.

Cap. XXI

[1] Al levantar la vista, vio a unos ricos que echaban sus ofrendas en el gazofilacio. [2] Vio también a una viuda pobre que echaba allí dos pequeñas monedas, [3] y dijo: En verdad os digo que esta viuda pobre ha echado más que todos; [4] pues todos éstos han entregado como ofrenda parte de lo que les sobra, ésta en cambio ha dado de lo que necesita, todo lo que tenía para vivir.

[5] Como algunos le hablaban del Templo, que estaba adornado con bellas piedras y ofrendas votivas, dijo: [6] Vendrán días en los que de esto que veis no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida. [7] Le preguntaron: Maestro, ¿cuándo acontecerá esto, y cuál será la señal de que comienza a suceder? [8] El dijo: Mirad, no os dejéis engañar; pues muchos vendrán en mi nombre diciendo: Yo soy, y el momento está próximo. No les sigáis. [9] Cuando oigáis rumores de guerras y revoluciones, no os aterréis; porque es necesario que sucedan primero estas cosas, pero el fin no es inmediato.

[10] Entonces les decía: Se levantará pueblo contra pueblo y reino contra reino; [11] habrá grandes terremotos y hambre y peste en diversos lugares; habrá cosas aterradoras y grandes señales en el cielo. [12] Pero antes de todas estas cosas os echarán mano y os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a las cárceles, llevándoos ante reyes y gobernadores por causa de mi nombre: [13] esto os sucederá para dar testimonio. [14] Determinad, pues, en vuestros corazones no tener preparado cómo habéis de responder; [15] porque yo os daré palabras y sabiduría que no podrán resistir ni contradecir todos vuestros adversarios. [16] Seréis entregados incluso por padres y hermanos, parientes y amigos, y matarán a algunos de vosotros, [17] y seréis odiados por todos a causa de mi nombre. [18] Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá. [19] Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.

[20] Cuando veáis a Jerusalén cercada por ejércitos, sabed entonces que se acerca su desolación. [21] En aquella hora, quienes estén en Judea que huyan a los montes, y quienes estén dentro de la ciudad que se marchen, y quienes estén en los campos que no entren en ella: [22] éstos son días de castigo para que se cumpla todo lo escrito. [23] ¡Ay de las que estén encintas y de las que estén criando en aquellos días! Porque habrá una gran calamidad sobre la tierra e ira sobre este pueblo. [24] Caerán al filo de la espada y serán llevados cautivos a todas las naciones; y Jerusalén será pisoteada por los gentiles, hasta que se cumpla el tiempo de los gentiles.

[25] Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y sobre la tierra angustia de las gentes, consternadas por el estruendo del mar y de las olas, [26] perdiendo el aliento los hombres a causa del terror y de la ansiedad que sobrevendrán a toda la tierra. Porque las potestades de los Cielos se conmoverán. [27] Y entonces verán al Hijo del Hombre venir sobre una nube con gran poder y gloria.

[28] Cuando comiencen a suceder estas cosas, levantaos, y alzad vuestras cabezas porque se aproxima vuestra redención.

[29] Y les dijo una parábola: Observad la higuera y todos los árboles. [30] Cuando ya echan brotes, al verlos, conocéis por ellos que ya está cerca el verano. [31] Así también vosotros cuando veáis que sucede todo esto, sabed que está cerca el Reino de Dios. [32] En verdad os digo que no pasará esta generación hasta que se cumpla todo esto. [33] El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

[34] Vigilad sobre vosotros mismos, para que vuestros corazones no estén ofuscados por la crápula, la embriaguez y los afanes de esta vida, y no sobrevenga aquel día de improviso sobre vosotros, [35] pues caerá como un lazo sobre todos aquellos que habitan en la faz de toda la tierra. [36] Vigilad orando en todo tiempo, a fin de que podáis evitar todos estos males que van a suceder, y estar en pie delante del Hijo del Hombre.

[37] Durante el día enseñaba en el Templo, y salía a pasar la noche en el monte llamado de los Olivos. [38] Y todo el pueblo acudía a él muy de madrugada al Templo para oírle.

Cap. XXII

PASIÓN Y MUERTE DE JESÚS

[1] Se acercaba la fiesta de los Azimos, que se llama Pascua, [2] y los príncipes de los sacerdotes y los escribas buscaban cómo acabar con él, pero temían al pueblo. [3] Entro Satanás en Judas, llamado Iscariote, uno de los doce. [4] Fue y habló con los príncipes de los sacerdotes y los magistrados sobre el modo de entregárselo. [5] Ellos se alegraron y convinieron en darle dinero. [6] El quedó comprometido, y buscaba la ocasión propicia para entregárselo sin tumulto.

[7] Llegó el día de los Azimos, en el cual había que sacrificar la Pascua. [8] Envió a Pedro y a Juan, diciéndoles: Id y preparadnos la Pascua para comerla. [9] Ellos le dijeron: ¿Dónde quieres que la preparemos? [10] Y les respondió: Mirad, cuando entréis en la ciudad, os saldrá al encuentro un hombre llevando un cántaro de agua; seguidle hasta la casa en que entre, [11] y decid al dueño de la casa: el Maestro te dice: ¿dónde está la estancia en que he de comer la Pascua con mis discípulos? [12] El os mostrará una habitación superior, grande, aderezada. Preparadla allí. [13] Marcharon y encontraron todo como les había dicho, y prepararon la Pascua.

[14] Cuando llegó la hora, se puso a la mesa y los Apóstoles con él. [15] Y les dijo: Ardientemente he deseado comer esta Pascua con vosotros, antes de padecer, [16] porque os digo que no la volveré a comer hasta que tenga su cumplimiento en el Reino de Dios. [17] Y tomando el cáliz, dio gracias y dijo: Tomadlo y distribuidlo entre vosotros; [18] pues os digo que a partir de ahora no beberé del fruto de la vid hasta que venga el Reino de Dios. [19] Y tomando pan, dio gracias, lo partió y se lo dio diciendo: Esto es mi cuerpo, que es entregado por vosotros. Haced esto en memoria mía. [20] Y del mismo modo el cáliz después de haber cenado, diciendo: Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre, que es derramada por vosotros.

[21] Pero he aquí que la mano del que me entrega está conmigo a la mesa. [22] Porque el Hijo del Hombre se va, según está decretado; pero ¡ay de aquel hombre por quien es entregado! [23] Y empezaron a preguntarse entre sí quién de ellos sería el que iba a hacer tal cosa.

[24] Entonces se suscitó entre ellos una disputa sobre quién sería tenido como el mayor. [25] Pero él les dijo: Los reyes de las naciones las dominan y los que tienen potestad sobre ellas son llamados bienhechores; [26] no seáis así vosotros, sino que el mayor entre vosotros hágase como el menor, y el que manda como el que sirve. [27] Porque ¿quién es mayor: el que está a la mesa o el que sirve? ¿No es el que está a la mesa? Sin embargo, yo estoy en medio de vosotros como quien sirve.

[28] Vosotros sois los que habéis permanecido junto a mí en mis tribulaciones. [29] Por eso yo os preparo un Reino como mi Padre me lo preparó a mí, [30] para que comáis y bebáis a mi mesa en mi Reino, y os sentéis sobre tronos para juzgar a las doce tribus de Israel.

[31] Simón, Simón, he aquí que Satanás os ha reclamado para cribaros como el trigo. [32] Pero yo he rogado por ti para que no desfallezca tu fe; y tú, cuando te conviertas, confirma a tus hermanos. [33] El le dijo: Señor, estoy dispuesto a ir contigo hasta la cárcel y hasta la muerte. [34] Pero Jesús le respondió: Te aseguro, Pedro, que no cantará hoy el gallo sin que hayas negado tres veces haberme conocido.

[35] Y les dijo: Cuando os envié sin bolsa ni alforjas ni calzado, ¿acaso os faltó algo? Nada, le respondieron. [36] Entonces les dijo: Ahora en cambio, el que tenga bolsa, que la lleve; y del mismo modo alforja; y el que no tenga, que venda su túnica y compre una espada. [37] Pues os aseguro que debe cumplirse en mí lo que está escrito: Y fue contado entre los malhechores. Porque lo que se refiere a mí llega a su fin. [38] Ellos dijeron: Señor, he aquí dos espadas. Y él les dijo: Ya basta.

[39] Salió y fue como de costumbre al monte de los Olivos; le siguieron también los discípulos. [40] Llegado al lugar, les dijo: Orad para no caer en tentación. [41] Y se apartó de ellos como a un tiro de piedra y, puesto de rodillas, oraba [42] diciendo: Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. [43] Se le apareció un ángel del Cielo que le confortaba. Y entrando en agonía oraba con más intensidad. [44] Y le vino un sudor como de gotas de sangre que caían hasta el suelo. [45] Cuando se levantó de la oración y llegó hasta los discípulos, los encontró adormilados por la tristeza. [46] Y les dijo: ¿Por qué dormís? Levantaos y orad para no caer en tentación.

[47] Todavía estaba hablando, cuando llegó un tropel de gente, y el llamado Judas, uno de los doce, los precedía y se acercó a Jesús para besarle. [48] Jesús le dijo: Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del Hombre? [49] Al ver los que estaban a su alrededor lo que iba a suceder, dijeron: Señor, ¿herimos con la espada? [50] Y uno de ellos hirió al criado del Sumo Sacerdote y le cortó la oreja derecha. [51] Pero Jesús respondiendo dijo: Dejad, basta ya; y tocándole la oreja, lo curó. [52] Dijo después Jesús a los que habían venido contra él, sumos sacerdotes, oficiales del Templo y ancianos: ¿Como contra un ladrón habéis salido con espadas y garrotes? [53] Mientras estaba con vosotros todos los días en el Templo, no alzasteis las manos contra mí. Pero ésta es vuestra hora y el poder de las tinieblas.

[54] Entonces le prendieron, se lo llevaron y lo metieron en casa del Sumo Sacerdote. Pedro le seguía de lejos. [55] Habían encendido fuego en medio del atrio y estaban sentados alrededor. Pedro estaba sentado en medio de ellos. [56] Una criada, al verlo sentado a la lumbre, fijándose en él dijo: [57] También éste estaba con él. Pero él lo negó, y dijo: [58] No lo conozco, mujer. Al poco tiempo viéndolo otro dijo: Tú también eres de ellos. Pero Pedro replicó: Hombre, no lo soy. [59] Y pasada como una hora, otro aseguró: Cierto, éste estaba con él, pues también es galileo. [60] Y dijo Pedro: No sé, hombre, lo que dices. Y al instante, estando todavía hablando, cantó un gallo. [61] El Señor se volvió y miró a Pedro. Y recordó Pedro las palabras que el Señor le había dicho: Antes que el gallo cante hoy, me habrás negado tres veces. [62] Salió fuera y lloró amargamente.

[63] Los hombres que custodiaban a Jesús se mofaban de él y le golpeaban. [64] Entonces, tapándole la cara, le preguntaban: Profetiza, ¿quién es el que te ha pegado? [65] Y decían contra él otras muchas injurias.

[66] Al hacerse de día se reunieron los ancianos del pueblo, los príncipes de los sacerdotes y los escribas, y le condujeron al Sanedrín, [67] diciéndole: Si tú eres el Cristo, dínoslo. Y les contestó: Si os lo digo, no creeréis; [68] y si hago una pregunta, no me responderéis. [69] No obstante, desde ahora estará el Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios. [70] Entonces dijeron todos: Luego ¿tú eres el Hijo de Dios? Les respondió: Vosotros lo decís: yo soy. [71] Pero ellos dijeron: ¡Qué necesidad tenemos ya de testimonio! Nosotros mismo lo hemos oído de su boca.

Cap. XXIII

[1] Se levantó toda la multitud y llevaron a Jesús ante Pilato. [2] Entonces empezaron a acusarle diciendo: Hemos encontrado a éste soliviantando a nuestra gente y prohibiendo dar tributo al César; y dice que él es Cristo Rey. [3] Pilato le preguntó: ¿Tú eres el Rey de los Judíos? El le respondió: Tú lo dices. [4] Dijo Pilato a los sumos sacerdotes y a la muchedumbre: No encuentro ningún delito en este hombre. [5] Pero ellos insistían diciendo: Subleva al pueblo, enseñando por toda Judea, comenzando desde Galilea, hasta aquí.

[6] Pilato al oírlo preguntó si aquel hombre era galileo. [7] Y al saber que era de la jurisdicción de Herodes, lo remitió a Herodes, que estaba también aquellos días en Jerusalén. [8] Herodes, al ver a Jesús, se alegró mucho, pues deseaba verlo hacía mucho tiempo, porque había oído muchas cosas acerca de él y esperaba verle hacer algún milagro. [9] Le preguntó con mucha locuacidad, pero él no le respondió nada. [10] También estaban allí los príncipes de los sacerdotes y los escribas, acusándole con vehemencia. [11] Herodes, junto con sus soldados, le despreció, se burló de él poniéndole un vestido blanco, y le envió a Pilato. [12] Herodes y Pilato se hicieron amigos aquel día, pues antes eran enemigos entre sí.

[13] Pilato convocó a los príncipes de los sacerdotes, a los magistrados y al pueblo, [14] y les dijo: Me habéis presentado a este hombre como alborotador del pueblo. Y he aquí que yo le he interrogado delante de vosotros, y no he hallado en este hombre delito alguno de los que le acusáis; [15] ni tampoco Herodes, pues nos lo ha devuelto; por tanto, nada ha hecho que merezca la muerte. [16] Así que, después de castigarle, lo soltaré.

[18] Pero toda la multitud clamó diciendo: Quita de en medio a ése y suéltanos a Barrabás. [19] Este había sido encarcelado por cierta sedición ocurrida en la ciudad y por un homicidio.

[20] De nuevo Pilato les habló, queriendo poner en libertad a Jesús. [21] Pero ellos continuaban gritando: Crucifícalo, crucifícalo. [22] No obstante, por tercera vez, él les dijo: ¿Pues, qué mal ha hecho éste? No encuentro en él ningún delito de muerte; por tanto, después de castigarle, lo soltaré. [23] Pero ellos insistían a grandes voces pidiendo que fuera crucificado, y sus gritos eran cada vez más fuertes. [24] Pilato entonces decidió que se cumpliera su petición; [25] soltó, pues, al que pedían, el cual había sido encarcelado por sedición y homicidio; y a Jesús lo entregó al arbitrio de ellos.

[26] Cuando le llevaban echaron mano de un tal Simón de Cirene, que venía del campo, y le cargaron la cruz para que la llevara detrás de Jesús.

[27] Le seguía una gran multitud del pueblo y de mujeres, que lloraban y se lamentaban por él. [28] Jesús, volviéndose a ellas, les dijo: Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad más bien por vosotras mismas y por vuestros hijos, [29] porque he aquí que vienen días en que se dirá: dichosas las estériles y los vientres que no engendraron y los pechos que no amamantaron.

[30] Entonces comenzarán a decir a los montes: caed sobre nosotras; y a los collados: sepultadnos; [31] porque si en el leño verde hacen esto, ¿que se hará en el seco?

[32] Llevaban también con él a dos malhechores para matarlos.

[33] Cuando llegaron al lugar llamado Calvario, le crucificaron allí a él y a los ladrones, uno a la derecha y otro a la izquierda. [34] Y Jesús decía: Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen. Y se repartieron sus vestidos echando suertes.

[35] El pueblo estaba mirando, y los jefes se burlaban de él y decían: Ha salvado a otros, que se salve a sí mismo, si él es el Cristo de Dios, el elegido. [36] Los soldados se burlaban también de él; se acercaban y ofreciéndole vinagre [37] decían: Si tú eres el Rey de los judíos, sálvate a ti mismo. [38] Había una inscripción sobre él: «Este es el Rey de los judíos».

[39] Uno de los ladrones crucificados le injuriaba diciendo: ¿No eres tú el Cristo? Sálvate a ti mismo y a nosotros. [40] Pero el otro le reprendía: ¿Ni siquiera tú que estás en el mismo suplicio temes a Dios? [41] Nosotros, en verdad, estamos merecidamente, pues recibimos lo debido por lo que hemos hecho; pero éste no hizo mal alguno. [42] Y decía: Jesús, acuérdate de mí, cuando llegues a tu Reino. [43] Y le respondió: En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el Paraíso.

[44] Era ya alrededor de la hora sexta, y las tinieblas cubrieron toda la tierra hasta la hora nona. [45] Se oscureció el sol, y el velo del Templo se rasgó por medio. [46] Y Jesús, clamando con una gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y diciendo esto expiró.

[47] El centurión, al ver lo que había sucedido, glorificó a Dios diciendo: Verdaderamente este hombre era justo. [48] Y toda la multitud que se había reunido ante este espectáculo, al contemplar lo ocurrido, regresaba golpeándose el pecho. [49] Pero todos los conocidos de Jesús y las mujeres que le habían seguido desde Galilea estaban contemplando a lo lejos estas cosas.

[50] Había un hombre llamado José, varón bueno y justo, miembro del Sanedrín, [51] el cual no había consentido a su decisión y a sus acciones; era procedente de Arimetea, ciudad de Judea, y esperaba el Reino de Dios. [52] Este se presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. [53] Y habiéndolo descolgado lo envolvió en una sábana, y lo puso en un sepulcro excavado en la roca, donde nadie había sido colocado todavía. [54] Era el día de la Preparación y clareaba el sábado. [55] Las mujeres, que habían venido con él desde Galilea, fueron detrás y vieron el sepulcro y cómo fue colocado su cuerpo. [56] Regresaron y prepararon aromas y ungüentos. El sábado descansaron según el precepto.

Cap. XXIV

RESURRECCIÓN Y ASCENSIÓN DEL SEÑOR JESÚS

[1] Al día siguiente del sábado, muy de mañana, llegaron al sepulcro trayendo los aromas que habían preparado; [2] y encontraron que la piedra estaba removida del sepulcro. [3] Pero al entrar, no encontraron el cuerpo del Señor Jesús. [4] Y sucedió que, estando desconcertadas por este motivo, he aquí que se les presentaron dos varones con vestidura refulgente. [5] Como estuviesen llenas de temor y con los rostros inclinados hacia tierra, ellos les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? [6] No está aquí, sino que ha resucitado; recordad cómo os habló cuando aún estaba en Galilea [7] diciendo que convenía que el Hijo del Hombre fuera entregado en manos de hombres pecadores, y fuera crucificado y resucitase al tercer día. [8] Entonces ellas se acordaron de sus palabras. [9] Y al regresar del sepulcro anunciaron todo esto a los Once y a todos los demás. [10] Eran María Magdalena, Juana y María la de Santiago; también las otras que estaban con ellas contaban estas cosas a los Apóstoles. [11] Y les pareció como un desvarío lo que habían contado, y no les creían. [12] Pedro, no obstante, levantándose corrió hacia el sepulcro; y al inclinarse vio sólo el sudario. Entonces se volvió a casa admirado de lo ocurrido.

[13] El mismo día, dos de ellos iban a una aldea llamada Emaús, que distaba de Jerusalén sesenta estadios. [14] Y conversaban entre sí de todo lo que había acontecido. [15] Y sucedió que, mientras comentaban y discutían, Jesús