Antecedentes 

El papa Inocencio II llama a la 1ª Cruzada

 

En febrero del año 1095, el Papa Urbano II recibió la petición de ayuda del emperador de Oriente Alejo. No esta claro que Bizancio se encontrase en verdadero peligro, otras teorías sugieren que el verdadero fin de la petición  fuese el querer aprovecharse de las divisiones entre los selyucidas para sacar partido a favor de Bizancio.

La idea entusiasmo a Urbano II desde el primer momento, por lo que convoco el concilio de Clermont para el mes de noviembre de ese mismo año. Al término de este, Urbano II pronunció un inspirado discurso exhortando a toda la cristiandad a sumarse a la expedición que tenia como objetivo arrebatar Jerusalén a los musulmanes, y para ello tenían que pasar por Bizancio y ayudar al Emperador Alejo. Todos aquellos que quisieran ir tenían que jurar un voto de peregrinaje que les comprometiese a seguir a Dios hasta el final o bien hasta la muerte. En compensación, la iglesia asumía el control de sus tierras y garantizaba el perdón de sus pecados.

La fecha de partida se puso el 15 de agosto del 1096, desde las proximidades de Constantinopla. La llamada papal desencadeno una euforia generalizada: la multitud bramaba “¡Dios lo quiere!”.

El apoyo que esta recibió  fue sobrecogedor. No se sabe con exactitud cuantas personas acudieron a la Cruzada, pero se estima que fueron unas cien mil venidas de toda Europa. Si bien entre perdidas y deserciones se calcula que en junio del año 1097 pudieron reunirse en Nicea, cerca de Constantinopla, unos sesenta mil, siete mil de ellos caballeros. Sin embargo, la aventura no había hecho mas que empezar, pues aun quedaba la parte mas dura de todas: poner en marcha a toda la multitud y lo que es aun mas difícil, marchar hasta Jerusalén.

La organización de semejante despliegue de personas y animales era inmensa: un caballo necesitaba unos 11 kilos de pienso al día y no puede avanzar de manera interrumpida con menos de esa cantidad sin arriesgar con ello su salud. De igual manera, una persona necesitaba un mínimo de 900 gramos de pan al día, lo que significa que una montura (los carros solo pueden circular por buenos caminos) solo podían cargar la ración diaria de 150 hombres.

Es posible que nuestra mentalidad actual  de mostrarnos escépticos ante las motivaciones religiosas y espirituales nos impida entender con claridad las Cruzadas. Y es que la idea de guerra santa estaba plenamente  asumida por aquel entonces, pero por lo general la gran mayoría de la gente la interpretaba como un modo de alcanzar la salvación a costa de la vida de los enemigos de la fe. A pesar de todo, el Papa Urbano II dejo muy claro que la ambición personal no debía convertirse en el objetivo de las cruzadas.

 

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