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Según
el relato de los Evangelios, el cadáver de Cristo fue envuelto en una
sábana y depositado en el sepulcro de José de Arimatea, al atardecer de
un viernes. La losa fue sellada y el lugar custodiado por soldados
romanos a petición de las autoridades religiosas judías (Sanhedrin).
El domingo, muy temprano, algunas mujeres
provistas de ungüentos y aromas, fueron al lugar a realizar la sepultura
definitiva de acuerdo con los ritos de la época. Entonces encontraron la
losa corrida y el sepulcro vacío, y dijeron oír que una voz les decía:
-¿por qué buscáis entre los muertos al que vive?…
Acudieron inmediatamente a contar lo sucedido al
grupo de Apóstoles. Luego Pedro y Juan corrieron a ver lo que
creían imposible. Y al hallar los lienzos sobre el suelo, Juan “vio
y creyó” (Jn.20,8).
El primer acto explícito de fe en la
resurrección se debió entonces al apóstol Juan, al contemplar
precisamente la sábana que envolvía el cuerpo y el sudario que había
cubierto el rostro de Jesús.
Este es el
objeto de nuestro trabajo: averiguar qué es la Sabana Santa.
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