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Lo que dice la Iglesia del evolucionismo |
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A. MARTÍN-ARAGÓN La Humana Generis condena su lectura materialista La Iglesia Católica no defiende ni respalda ninguna teoría concreta sobre el origen del hombre. Su posición ante esta cuestión quedó aclarada y explicitada en la encíclica Humani Generis (12 de agosto de 1950), debido a la pluma de Pío XII. En su proposición 29, escribe este Pontífice: “El Magisterio de la Iglesia no prohíbe que –según el estad actual de las ciencias y de la teología- en las investigaciones y disputas entre los hombres más competentes en ambos campos sea objeto de estudio la doctrina del evolucionismo, en cuanto busca el origen del cuerpo humano en una materia viva preexistente, pero la fe católica manda defender que las almas son creadas por dios”. La Iglesia de Roma no condena, por tanto, la teoría evolucionista, sino sus versiones reduccionistas y materialistas, esto es, aquellas que consideran al hombre –que es alma y cuerpo- el producto de una larga secuencia de mutaciones aleatorias. El Magisterio de la Iglesia tampoco se opone a la creencia de que el cuerpo humano no haya sido creado directamente por Dios. Lo que no acepta es que no se tenga por verdadera la doctrina del monogenismo, desgranada en la proposición número 30 de la Humana Generis: "Los fieles cristianos no pueden abrazar la teoría de que después de Adán hubo en la tierra verdaderos hombres no procedentes del mismo protoparente por natural generación, o bien de que Adán signifique el conjunto de muchos primeros padres, pues no se vería claro cómo tal sentencia podría compaginarse con cuanto las fuentes de la verdad revelada y los documentos del Magisterio de la Iglesia enseñan sobre el pecado original, que procede de un pecado en verdad cometido por un solo Adán". Por otra parte, Juan Pablo II dijo en una ocasión: "Más que de la teoría de la evolución, conviene hablar de las teorías de la evolución. De este modo existen lecturas reduccionistas y espirituales". |