Dpto. Religión

4º ESO

Curso 2006/07

AÑO 381  /   CONCILIO I DE CONSTANTINOPLA - COMIENZA LA ÉPOCA DE LOS PADRES DE LA IGLESIA

Sergio González

Gorka Gaztelumendi

                                                                                                                

El estudio del segundo concilio ecuménico lo hemos dividido en :  el concilio; temas doctrinales; los Padres de la Iglesia; los grandes Padres de la Iglesia y bibliografía.

El Concilio

El Primer Concilio de Constantinopla se celebró entre mayo y julio de 381, está considerado el II Concilio Ecuménico por la Iglesia Católica.

Continuaban surgiendo ideas no conformes con la doctrina católica que daban lugar a disputas. Esta situación era la que se encontró Teodosio I cuando, en 379, cuando fue coronado emperador. Teodosio decidió entonces convocar el primero de los concilios que se celebrarían en Constantinopla para solucionar las herejías que amenazaban la unidad de la Iglesia.

El concilio se inició bajo la dirección del Patriarca Melecio de Antioquia y con la asistencia de 150 obispos de las diócesis orientales, ya que el papa Dámaso I no envió ninguno, y entre sus principales participantes destacaron los llamados “Padres Capadocios”; Basilio el Grande, Gregorio Niseno y Gregorio Nacianzeno. Este último fue designado por el propio concilio como obispo de Constantinopla y, tras la muerte de Melecio, pasó a presidir el mismo que dimitió y fue sustituido por Nectario.

San Gregorio Niseno

La gran medida adoptada por el Primer Concilio de Constantinopla fue la reafirmación del Credo niceno introduciendo en el mismo la consustancialidad del Espíritu Santo con el espíritu santo.

El carácter ecuménico de este Concilio, en el que no participó ningún representante de la Iglesia occidental, fue confirmado por el Concilio de Calcedonia en 451.

Temas doctrinales

La herejía arriana mantenía que Jesús no era Dios sino solamente el hijo de Dios, pero sin ser Dios. Tras la celebración del Concilio de Nicea en el 325, se condenó el arrianismo, pero éste volvió con fuerza en la propia Constantinopla gracias al apoyo de su obispo, Eusebio de Nicomedia, quien consiguió convencer a los sucesores del emperador Constantino para que apoyaran el arrianismo y rechazaran la religión ortodoxa aprobada en Nicea y sustituyeran a los obispos nicenos por obispos arrianos en las sedes episcopales de Oriente.

Una de las consecuencias del arrianismo era el negar la igualdad entre las tres Personas de la Santísima Trinidad. Así surgió una nueva herejía defendida por Macedonio de Constantinopla que decía que el Padre es superior al Hijo y éste al Espíritu Santo. Esta doctrina fue llamada Macedonianismo, en atención al nombre de su principal representante, y sus seguidores se denominaron macedonianos o «pneumatómacos», adversarios del Espíritu.

Se trataba de una consecuencia "lógica" derivada del arrianismo, ya que quienes negaban la consustancialidad del Verbo con el Padre y lo consideraban sólo como la primera de las criaturas, con mayor razón aún debían negar si eran consecuentes con su doctrina subordinacionista, la divinidad del Espíritu Santo, que sería criatura del Hijo, el creador de todos los demás seres. Se afirmaba que el Espíritu Santo era tan sólo una criatura, superior en dignidad a todos los Ángeles y especial dispensador de las gracias.

Representación de la Trinidad

La doctrina macedoniana fue inmediatamente rechazada por San Atanasio, en un concilio alejandrino del año 362, que profesó expresamente la divinidad de la tercera Persona de la Trinidad. Pero la solución del problema en el plano doctrinal fue mérito, sobre todo, de los dos Gregorios, de Nacianzo y de Nisa, quienes construyeron la Teología del Espíritu Santo, enseñaron la homoousia, la consustancialidad del Espíritu con el Padre y el Hijo, y prepararon la definitiva formulación doctrinal por el concilio ecuménico de Constantinopla del año 381. El concilio sancionó el triunfo final de la ortodoxia en la larga lucha contra el Arrianismo, al renovar la profesión de fe de Nicea, completada ahora con la confesión de la divinidad del Espíritu Santo:

 «Creemos en el Espíritu Santo, Señor y vivificante, que procede del Padre, que con el Padre y el Hijo es igualmente adorado y glorificado, que habló por los Profetas».

 Así completa, la profesión de fe ha recibido el nombre de Símbolo niceno-constantinopolitano.

Al final del concilio, el emperador Teodosio emitió un decreto imperial , declarando que las iglesias debían restaurar a aquellos obispos que habían confesado la igualdad en la divinidad del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

La doctrina acerca de la Santísima Trinidad, verdad angular de la fe cristiana, quedó así dogmáticamente formulada por la Iglesia antes de finalizar el siglo IV. El Símbolo de Nicea-Constantinopla fue recibido como regla de fe, tanto en Oriente como en Occidente. La cuestión trinitaria parecía ya destinada a quedar en el futuro al margen de las disputas teológicas.

Tras el Primer Concilio de Constantinopla, las disputas sobre la divinidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, fueron sustituidas por las disputas sobre Cristo acerca de cómo se integraban en Él su naturaleza humana y divina, y que darán lugar al nestorianismo y el monofisismo.

 

Los Padres de la Iglesia

A mediados del siglo  IV comienzan a aparecer los Padres de la Iglesia que son un grupo de pastores y escritores eclesiásticos, obispos en su mayoría, de los primeros siglos del cristianismo, cuyo conjunto doctrinal es considerado fundamento de la fe y de la ortodoxia en la Iglesia. Sus obras explican de forma clara y profunda los misterios cristianos. Los padres de la Iglesia se dividen en orientales o griegos y occidentales o latinos, según de la parte del imperio romano de la que procedieran.

Sus enseñanzas tuvieron gran peso en el desarrollo del pensamiento y la teología cristiana según su interpretación de la Biblia o las Sagradas Escrituras, la incorporación de la Tradición y la consolidación de la Liturgia. Los Padres de la Iglesia a menudo tuvieron que dar respuesta a cuestiones y dificultades morales y teológicas en medio de un ambiente difícil debido a las persecuciones externas y conflictos internos producidos por herejías y cismas de la Iglesia post apostólica.

San Gregorio Nacianceno

El título de «Padres» para este grupo aparece desde el siglo IV, tal como puede observarse en las palabras de san Basilio:

 «Lo que nosotros enseñamos no es el resultado de nuestras reflexiones personales, sino lo que hemos aprendido de los Padres».

Al estudio y análisis de la obra de estos importantísimos escritores de los primeros tiempos de la Iglesia se le llama Patrística. Al estudio de la vida y persona de los Padres se le llama Patrología. Estas dos ciencias han establecido una clasificación por generaciones y procedencias culturales para facilitar una comprensión más exacta del desarrollo de la teología cristiana.

Los grandes Padres de la Iglesia

En principio, la denominación de Padres de la Iglesia se guardó para cuatro grandes personalidades de la Iglesia oriental, a los que se agregaron otros cuatro de la occidental:

Los cuatro grandes Padres griegos son:

- San Atanasio, el Grande

- San Basilio de Cesárea

- San Gregorio Nacianceno

- San Juan Crisóstomo

Y los cuatro latinos:

- San Ambrosio de Milán

- San Agustín de Hipona

- San Jerónimo de Estridón

- San Gregorio Magno

 Pero habitualmente se conoce como Padres de la Iglesia a una serie más amplia de escritores cristianos, que va desde el siglo III hasta el siglo VIII, y que se caracterizan por la ortodoxia de su doctrina, santidad de sus vidas y el reconocimiento de la Iglesia. Su edad de oro fueron los siglos IV y V y florecieron tanto en Occidente, donde escribieron en latín, como en Oriente, donde lo hicieron en griego e incluso en siríaco, copto, armenio, georgiano y árabe. En sus obras se sirven de la cultura griega y latina para explicar con gran profundidad y claridad los misterios cristianos.

 Padres Orientales:

También conocidos como Padres Griegos, aunque no todos ellos escribieran en esa lengua. El más antiguo de ellos es san Atanasio (295-373), obispo de Alejandría, que tuvo un papel relevante en el primer Concilio de Nicea. Luego destacan los «grandes capadocios», título común de los hermanos Basilio de Cesárea (329-389) y Gregorio de Nisa (335-394), así como Gregorio de Nacianzo (†389), quienes escribieron abundantemente contra la herejía arriana.

En la parte oriental del Imperio romano se desarrollan posteriormente dos escuelas teológicas muy importantes alrededor de los patriarcados de Antioquia –cuyo principal representante es san Juan Crisóstomo (344-407), patriarca de Constantinopla, célebre por sus homilías– y Alejandría –con san Cirilo (380-444), defensor de la maternidad divina de María en el Concilio de Éfeso–.

El ciclo de los Padres orientales lo cierra san Juan Damasceno (675-749), teólogo que, además de luchar contra el maniqueísmo y la superstición, anuncia casi cinco siglos antes la incorporación del Aristotelismo a la filosofía cristiana.

 Padres Occidentales:

San Agustín

También conocidos como Padres Latinos o Padres de la Iglesia de Rito Latino. El primero de los grandes Padres occidentales fue san Ambrosio de Milán (333-397), persona muy influyente, bautizó al que sería el mayor padre de la Iglesia, San Agustín. San Agustín es la figura cumbre de los padres de la Iglesia, escribió entre otros, Las Confesiones que es un relato autobiográfico y De gratia et natura. Lo sigue san Jerónimo (342-420), insigne  cultivador de la historia y de la Sagrada Escritura, nos dejó su célebre Vulgata, la Biblia traducida directamente del hebreo y del griego al latín.

La Iglesia de Occidente cuenta también entre sus Padres a dos Papas, a los que se les atribuye el apelativo de Magno, León I (†461) y Gregorio I (540-604) y al padre del monacato occidental san Benito de Nursia. Además varios obispos de las Galias, como Cesáreo de Arlés (470-543), formulador del Dogma de la Gracia, Gregorio de Tours o Hilario de Poitiers; el gran grupo de los Padres hispánicos, en el que destacan Osio de Córdoba, Martín de Braga y los hermanos Leandro (†600) e Isidoro de Sevilla (560-636), autor de la primera enciclopedia cristiana, las Etimologías; y, cerrando el ciclo, el inglés Beda el Venerable (673-735.

Listado de Padres de la Iglesia

Aunque una primera lista oficial de los Padres de la Iglesia fue hecha por el papa Gelasio I, a la hora de realizar un elenco de los Padres de la Iglesia, no hemos encontrado dos listas en la que coincidan todos los autores consultados. Sin embargo, la que presentamos es la que más similitudes tiene.

Padres Griegos

Padres Latinos

San Andrés de Creta (†740)

San Ambrosio de Milán (†397)

Afraates (siglo IV)

Arnobio (†330)

San Arquelao (†282)

San Agustín de Hipona (†430)

San Atanasio el Grande (†373)

San Benito de Nursia (†550)

San Atanasio sinaíta (†700)

San Cesáreo de Arlés (†542)

Atenágoras (siglo II)

San Juan Casiano (†435)

San Basilio Magno (†379)

San Celestino I (†432)

San Cesáreo de Nacianzo (†369)

San Cornelio (†253)

San Clemente de Alejandría (†215)

San Cipriano de Cartago (†258)

San Clemente Romano (†97)

San Dámaso (†384)

San Cirilo de Alejandría (†444)

San Dionisio (†268)

San Cirilo de Jerusalén (†386)

San Enodio (†521)

Dídimo el Ciego (†398)

San Eucherio de Lyon (†450)

Diodoro de Tarso (†392)

San Fulgencio (†533)

San Dionisio el Grande (†264)

San Gregorio de Elvira (†392)

San Epifanio (†403)

San Gregorio Magno (†604)

Eusebio de Cessarea (†340)

San Hilario de Poitiers (†367)

San Eustacio de Antioquía (†siglo IV)

San Inocencio de Roma (†417)

San Firmiliano (†268)

San Ireneo de Lyon (†202)

Genadio I de Constantinopla (siglo V)

San Isidoro de Sevilla (†636)

San Germano (†732)

San Jerónimo (†420)

San Gregorio de Nacianzo (†390)

Lactancio (†323)

San Gregorio de Nisa (†395)

San Leandro de Sevilla (†600)

San Gregorio Taumaturgo (†268)

San León Magno (†461)

Hermas (siglo II)

Mario Mercátor (†451)

San Hipólito (†236)

Mario Victorino (siglo IV)

San Ignacio de Antioquía (†107)

San Martín de Braga (†579)

San Isidoro de Pelusio (†450)

Minucio Félix (siglo II)

San Juan Crisóstomo (†407)

Novaciano (†257)

San Juan Climaco (†649)

San Optato (siglo IV)

San Juan Damasceno (†749).

Osio de Córdoba (†357)

San Julio I (†352)

San Paciano (†390)

San Justino (†165)

San Pánfilo (†309)

San Leoncio de Bizancio (siglo VI)

San Paulino de Nola (†431)

San Macario (†390)

San Pedro Crisólogo (†450)

San Máximo el Confesor (†662)

San Febadio (†siglo IV)

San Melitón (†180)

Rufino de Aquileya (†410)

San Metodio de Olimpo (†311)

Salviano (siglo V)

San Nilo el Viejo (†430)

San Siricio (†399)

Orígenes (†254)

Tertuliano (†222)

San Policarpo (†155)

San Vicente de Lerins (†450)

San Proclo (†446)

 

Pseudo Dionisio Areopagita (siglo VI)

 

San Serapión (†370)

 

San Sofronio (†638)

 

Taciano (siglo II)

 

Teodoro de Mopsuestia (†428)

 

Teodoreto de Ciro (†458)

 

San Teófilo de Antioquía (siglo II)

 

 

Bibliografía

- Voz Concilio I de Constantinopla en wikipedia.org.

- Orlandis, José; Historia de la Iglesia. La Iglesia Antigua y Medieval.