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El estudio del segundo concilio ecuménico lo hemos dividido en :
el concilio;
temas doctrinales; los
Padres de la Iglesia;
los grandes Padres de la
Iglesia y bibliografía.
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El
Concilio
El Primer Concilio de
Constantinopla se celebró entre mayo y julio de 381, está
considerado el II Concilio Ecuménico por la Iglesia Católica.
Continuaban surgiendo
ideas no conformes con la doctrina católica que daban lugar a
disputas. Esta situación era la que se encontró Teodosio I cuando,
en 379, cuando fue coronado emperador. Teodosio decidió entonces
convocar el primero de los concilios que se celebrarían en
Constantinopla para solucionar las herejías que amenazaban la
unidad de la Iglesia.
El concilio se inició
bajo la dirección del Patriarca Melecio de Antioquia y con la
asistencia de 150 obispos de las diócesis orientales, ya que el
papa Dámaso I no envió ninguno, y entre sus principales
participantes destacaron los llamados “Padres Capadocios”; Basilio
el Grande, Gregorio Niseno y Gregorio Nacianzeno. Este último fue
designado por el propio concilio como obispo de Constantinopla y,
tras la muerte de Melecio, pasó a presidir el mismo que dimitió y
fue sustituido por Nectario. |

San Gregorio
Niseno |
La gran medida adoptada por
el Primer Concilio de Constantinopla fue la reafirmación del Credo
niceno introduciendo en el mismo la consustancialidad del Espíritu
Santo con el espíritu santo.
El carácter ecuménico de este
Concilio, en el que no participó ningún representante de la Iglesia
occidental, fue confirmado por el Concilio de Calcedonia en 451.
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Temas doctrinales
La herejía arriana
mantenía que Jesús no era Dios sino solamente el hijo de Dios,
pero sin ser Dios. Tras la celebración del Concilio de Nicea en el
325, se condenó el arrianismo, pero éste volvió con fuerza en la
propia Constantinopla gracias al apoyo de su obispo, Eusebio de
Nicomedia, quien consiguió convencer a los sucesores del emperador
Constantino para que apoyaran el arrianismo y rechazaran la
religión ortodoxa aprobada en Nicea y sustituyeran a los obispos
nicenos por obispos arrianos en las sedes episcopales de Oriente.
Una de las consecuencias
del arrianismo era el negar la igualdad entre las tres Personas de
la Santísima Trinidad. Así surgió una nueva herejía defendida por
Macedonio de Constantinopla que decía que el Padre es superior al
Hijo y éste al Espíritu Santo. Esta doctrina fue llamada
Macedonianismo, en atención al nombre de su principal
representante, y sus seguidores se denominaron macedonianos o «pneumatómacos»,
adversarios del Espíritu. |
Se trataba de una
consecuencia "lógica" derivada del arrianismo, ya que quienes negaban
la consustancialidad del Verbo con el Padre y lo consideraban sólo
como la primera de las criaturas, con mayor razón aún debían negar si
eran consecuentes con su doctrina subordinacionista, la divinidad del
Espíritu Santo, que sería criatura del Hijo, el creador de todos los
demás seres. Se afirmaba que el Espíritu Santo era tan sólo una
criatura, superior en dignidad a todos los Ángeles y especial
dispensador de las gracias.
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Representación de la
Trinidad |
La doctrina macedoniana
fue inmediatamente rechazada por San Atanasio, en un concilio
alejandrino del año 362, que profesó expresamente la divinidad de
la tercera Persona de la Trinidad. Pero la solución del problema
en el plano doctrinal fue mérito, sobre todo, de los dos Gregorios,
de Nacianzo y de Nisa, quienes construyeron la Teología del
Espíritu Santo, enseñaron la homoousia, la
consustancialidad del Espíritu con el Padre y el Hijo, y
prepararon la definitiva formulación doctrinal por el concilio
ecuménico de Constantinopla del año 381. El concilio sancionó el
triunfo final de la ortodoxia en la larga lucha contra el
Arrianismo, al renovar la profesión de fe de Nicea, completada
ahora con la confesión de la divinidad del Espíritu Santo:
«Creemos en el
Espíritu Santo, Señor y vivificante, que procede del Padre, que
con el Padre y el Hijo es igualmente adorado y glorificado, que
habló por los Profetas». |
Así completa, la
profesión de fe ha recibido el nombre de Símbolo
niceno-constantinopolitano.
Al final del concilio, el
emperador Teodosio emitió un decreto imperial , declarando que las
iglesias debían restaurar a aquellos obispos que habían confesado la
igualdad en la divinidad del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
La doctrina acerca de la
Santísima Trinidad, verdad angular de la fe cristiana, quedó así
dogmáticamente formulada por la Iglesia antes de finalizar el siglo IV.
El Símbolo de Nicea-Constantinopla fue recibido como regla de fe,
tanto en Oriente como en Occidente. La cuestión trinitaria parecía ya
destinada a quedar en el futuro al margen de las disputas teológicas.
Tras el Primer Concilio de Constantinopla, las disputas sobre la
divinidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, fueron sustituidas
por las disputas sobre Cristo acerca de cómo se integraban en Él su
naturaleza humana y divina, y que darán lugar al
nestorianismo
y el
monofisismo.
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Los Padres de la Iglesia
A mediados del siglo IV
comienzan a aparecer los Padres de la Iglesia que son un grupo de
pastores y escritores eclesiásticos, obispos en su mayoría, de los
primeros siglos del cristianismo, cuyo conjunto doctrinal es
considerado fundamento de la fe y de la ortodoxia en la Iglesia.
Sus obras explican de forma clara y profunda los misterios
cristianos. Los padres de la Iglesia se dividen en orientales o
griegos y occidentales o latinos, según de la parte del imperio
romano de la que procedieran.
Sus enseñanzas tuvieron
gran peso en el desarrollo del pensamiento y la teología cristiana
según su interpretación de la Biblia o las Sagradas Escrituras, la
incorporación de la Tradición y la consolidación de la Liturgia.
Los Padres de la Iglesia a menudo tuvieron que dar respuesta a
cuestiones y dificultades morales y teológicas en medio de un
ambiente difícil debido a las persecuciones externas y conflictos
internos producidos por herejías y cismas de la Iglesia post
apostólica. |

San Gregorio
Nacianceno |
El título de «Padres» para
este grupo aparece desde el siglo IV, tal como puede observarse en las
palabras de san Basilio:
«Lo que nosotros
enseñamos no es el resultado de nuestras reflexiones personales, sino
lo que hemos aprendido de los Padres».
Al estudio y análisis de la
obra de estos importantísimos escritores de los primeros tiempos de la
Iglesia se le llama Patrística. Al estudio de la vida y persona
de los Padres se le llama Patrología. Estas dos ciencias han
establecido una clasificación por generaciones y procedencias
culturales para facilitar una comprensión más exacta del desarrollo de
la teología cristiana.
Los grandes Padres de la
Iglesia
En principio, la denominación
de Padres de la Iglesia se guardó para cuatro grandes personalidades
de la Iglesia oriental, a los que se agregaron otros cuatro de la
occidental:
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Los cuatro grandes Padres griegos son:
- San Atanasio, el Grande
- San Basilio de Cesárea
- San Gregorio Nacianceno
- San Juan Crisóstomo |
Y los cuatro latinos:
- San Ambrosio de Milán
- San Agustín de Hipona
- San Jerónimo de
Estridón
- San Gregorio Magno |
Pero
habitualmente se conoce como Padres de la Iglesia a una serie más
amplia de escritores cristianos, que va desde el siglo III hasta el
siglo VIII, y que se caracterizan por la ortodoxia de su doctrina,
santidad de sus vidas y el reconocimiento de la Iglesia. Su edad de
oro fueron los siglos IV y V y florecieron tanto en Occidente, donde
escribieron en latín, como en Oriente, donde lo hicieron en griego e
incluso en siríaco, copto, armenio, georgiano y árabe. En sus obras se
sirven de la cultura griega y latina para explicar con gran
profundidad y claridad los misterios cristianos.
Padres Orientales:
También conocidos como Padres Griegos, aunque no todos ellos
escribieran en esa lengua. El más antiguo de ellos es san Atanasio
(295-373), obispo de Alejandría, que tuvo un papel relevante en el
primer Concilio de Nicea. Luego destacan los «grandes capadocios»,
título común de los hermanos Basilio de Cesárea (329-389) y Gregorio
de Nisa (335-394), así como Gregorio de Nacianzo (†389), quienes
escribieron abundantemente contra la herejía arriana.
En
la parte oriental del Imperio romano se desarrollan posteriormente dos
escuelas teológicas muy importantes alrededor de los patriarcados de
Antioquia –cuyo principal representante es san Juan Crisóstomo
(344-407), patriarca de Constantinopla, célebre por sus homilías– y
Alejandría –con san Cirilo (380-444), defensor de la maternidad divina
de María en el Concilio de Éfeso–.
El
ciclo de los Padres orientales lo cierra san Juan Damasceno (675-749),
teólogo que, además de luchar contra el maniqueísmo y la superstición,
anuncia casi cinco siglos antes la incorporación del Aristotelismo a
la filosofía cristiana.
Padres Occidentales:
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San
Agustín |
También conocidos como Padres Latinos o
Padres de la Iglesia de Rito Latino. El primero de los grandes
Padres occidentales fue san Ambrosio de Milán (333-397), persona
muy influyente, bautizó al que sería el mayor padre de la Iglesia,
San Agustín. San Agustín es la figura cumbre de los padres de la
Iglesia, escribió entre otros, Las Confesiones que es un
relato autobiográfico y De gratia et natura. Lo sigue san
Jerónimo (342-420), insigne cultivador de la historia y de la
Sagrada Escritura, nos dejó su célebre Vulgata, la Biblia
traducida directamente del hebreo y del griego al latín.
La Iglesia de Occidente cuenta también
entre sus Padres a dos Papas, a los que se les atribuye el
apelativo de Magno, León I (†461) y Gregorio I (540-604) y al
padre del monacato occidental san Benito de Nursia. Además varios
obispos de las Galias, como Cesáreo de Arlés (470-543), formulador
del Dogma de la Gracia, Gregorio de Tours o Hilario de Poitiers;
el gran grupo de los Padres hispánicos, en el que destacan Osio de
Córdoba, Martín de Braga y los hermanos Leandro (†600) e Isidoro
de Sevilla (560-636), autor de la primera enciclopedia cristiana,
las Etimologías; y, cerrando el ciclo, el inglés Beda el Venerable
(673-735. |
Listado de Padres de la Iglesia
Aunque una primera lista oficial de los Padres de la Iglesia fue hecha
por el papa Gelasio I, a la hora de realizar un elenco de los Padres
de la Iglesia, no hemos encontrado dos listas en la que coincidan
todos los autores consultados. Sin embargo, la que presentamos es la
que más similitudes tiene.
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Padres Griegos |
Padres Latinos |
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San Andrés de
Creta (†740) |
San Ambrosio de
Milán (†397) |
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Afraates (siglo
IV) |
Arnobio (†330) |
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San Arquelao
(†282) |
San Agustín de
Hipona (†430) |
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San Atanasio el
Grande (†373) |
San Benito de
Nursia (†550) |
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San Atanasio
sinaíta (†700) |
San Cesáreo de
Arlés (†542) |
|
Atenágoras
(siglo II) |
San Juan Casiano
(†435) |
|
San Basilio
Magno (†379) |
San Celestino I
(†432) |
|
San Cesáreo de
Nacianzo (†369) |
San Cornelio
(†253) |
|
San Clemente de
Alejandría (†215) |
San Cipriano de
Cartago (†258) |
|
San Clemente
Romano (†97) |
San Dámaso
(†384) |
|
San Cirilo de
Alejandría (†444) |
San Dionisio
(†268) |
|
San Cirilo de
Jerusalén (†386) |
San Enodio
(†521) |
|
Dídimo el Ciego
(†398) |
San Eucherio de
Lyon (†450) |
|
Diodoro de Tarso
(†392) |
San Fulgencio
(†533) |
|
San Dionisio el
Grande (†264) |
San Gregorio de
Elvira (†392) |
|
San Epifanio
(†403) |
San Gregorio
Magno (†604) |
|
Eusebio de
Cessarea (†340) |
San Hilario de
Poitiers (†367) |
|
San Eustacio de
Antioquía (†siglo IV) |
San Inocencio de
Roma (†417) |
|
San Firmiliano
(†268) |
San Ireneo de
Lyon (†202) |
|
Genadio I de
Constantinopla (siglo V) |
San Isidoro de
Sevilla (†636) |
|
San Germano
(†732) |
San Jerónimo
(†420) |
|
San Gregorio de
Nacianzo (†390) |
Lactancio (†323) |
|
San Gregorio de
Nisa (†395) |
San Leandro de
Sevilla (†600) |
|
San Gregorio
Taumaturgo (†268) |
San León Magno
(†461) |
|
Hermas (siglo II) |
Mario Mercátor
(†451) |
|
San Hipólito
(†236) |
Mario Victorino
(siglo IV) |
|
San Ignacio de
Antioquía (†107) |
San Martín de
Braga (†579) |
|
San Isidoro de
Pelusio (†450) |
Minucio Félix
(siglo II) |
|
San Juan
Crisóstomo (†407) |
Novaciano (†257) |
|
San Juan Climaco
(†649) |
San Optato
(siglo IV) |
|
San Juan
Damasceno (†749). |
Osio de Córdoba
(†357) |
|
San Julio I
(†352) |
San Paciano
(†390) |
|
San Justino
(†165) |
San Pánfilo
(†309) |
|
San Leoncio de
Bizancio (siglo VI) |
San Paulino de
Nola (†431) |
|
San Macario
(†390) |
San Pedro
Crisólogo (†450) |
|
San Máximo el
Confesor (†662) |
San Febadio
(†siglo IV) |
|
San Melitón
(†180) |
Rufino de
Aquileya (†410) |
|
San Metodio de
Olimpo (†311) |
Salviano (siglo
V) |
|
San Nilo el
Viejo (†430) |
San Siricio
(†399) |
|
Orígenes (†254) |
Tertuliano
(†222) |
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San Policarpo
(†155) |
San Vicente de
Lerins (†450) |
|
San Proclo
(†446) |
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Pseudo Dionisio
Areopagita (siglo VI) |
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|
San Serapión
(†370) |
|
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San Sofronio
(†638) |
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Taciano (siglo
II) |
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Teodoro de
Mopsuestia (†428) |
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Teodoreto de
Ciro (†458) |
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San Teófilo de
Antioquía (siglo II) |
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Bibliografía
- Voz Concilio I de
Constantinopla en wikipedia.org.
- Orlandis, José;
Historia de la Iglesia. La Iglesia Antigua y Medieval.
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